Ángel Antonio Herrera

Cartas a la alcaldesa: La estatua perdida de Felipe II

Se esfumó el monarca, de la noche a la mañana, en medio de la barahúnda de unas reformas de la zona, cuando la ciudad sucumbía a los ingenios de Ana Botella

Ángel Antonio Herrera
MADRIDActualizado:

Llevo años paseando el Madrid de los Austrias, porque soy peatón del barrio, y me agrada a veces la monumentalidad de la zona, y me desconcierta la monumentalidad que a veces no hay, alcaldesa. Y me explico. Resulta que hubo, entre la Plaza de la Armería y el Palacio de la Almudena, una estatua de Felipe II, muy puesto él de victorioso general romano, según el género de la época, pero la estatua lleva años desaparecida. Bastantes años, alcaldesa. Igual tropiezo fechas, pero yo arriesgaría que lo mismo se han cumplido cuatro años desde que el sitio se quedara huérfano de rey, un rey de piedra que aparejó el artista Coullaut-Valera.

Se esfumó el monarca, de la noche a la mañana, en medio de la barahúnda de unas reformas de la zona, cuando la ciudad sucumbía a los ingenios de Ana Botella. Pero la reforma de la zona se cumplió, y todo volvió a su sitio más o menos remozado, menos aquel Felipe II, que no sé yo si vive ahora, como una momia ilustrísima en un parque inexistente de estatuas olvidadas, o quizá en el almacén monumental municipal, que sí existe. El caso es que Felipe II dejó el vecindario, eso es seguro, y no ha vuelto a saberse. Me cuentan, alcaldesa, que se probó a situarlo en la mismísima Plaza de la Villa, en el lugar de la escultura de Alvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, obra de Mariano Benlliure, pero los residentes no estaban por el trueque.

Yo quiero sospechar que, al menos, esta estatua de Felipe II está recogida como corresponde, en algún sitio de solvencia, a la espera de regresar a una buena peana, entre el peatonaje, una peana principal y visible que debiera ser la misma que tuvo, porque no veo yo la estatua en una rotonda de Leganés. Y no lo digo tanto por la mayor o menor cotización artística de la pieza, que alguna cotización tiene, obviamente, sino porque Felipe II fue el rey que declaró la capitalidad de Madrid, y no es exceso que conste en algún parque o plaza, como antes. Ya sé que los motivos regios la emocionan poco o nada, alcaldesa, pero póngase, mujer, pida razón al respecto, sáquenos al rey del desván.

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