Dos clientes, ayer en Madrid, en el interior de un centro comercial
Dos clientes, ayer en Madrid, en el interior de un centro comercial - INMA FLORES

La ola de calor dispara la venta ventiladores: «Los clientes nos llegan asfixiados»

Las altas temperaturas agotan los aparatos climáticos, aires acondicionados, botellas de agua y helados en las tiendas

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La vida no es fácil bajo el sol abrasador de la primera ola de calor del año. «Ni al sol ni a la sombra», replica Coral, una vecina del barrio de Salamanca, mientras mueve su abanico de manera apresurada. «Si no lo llevo, no salgo a la calle», continúa. Las altas temperaturas que desde el jueves se han dejado sentir en toda España, y más especialmente en Madrid, donde el viernes se alcanzó el récord de temperatura más alta registrada en un mes de junio, con una máxima que alcanzó los 39,5 grados a las 16:20 horas.

Con tal panorama, pocos se sorprenden de la espectacular fiebre de consumo desatada: mientras que las ventas de ventiladores, climatizadores y aparatos de aire acondicionado alcanzan niveles muy superiores a las de ejercicios anteriores; el consumo de bebidas frías, helados y granizados ha reventado todas las previsiones de los comerciantes. «Es una locura, en 15 días hemos cubierto lo que habíamos calculado para todo el mes», explica el dueño de un quiosco, consciente, eso sí, de que son días atípicos.

En las grandes superficies, los aparatos que no requieren de instalación, como los aires acondicionados de tipo «pingüino» y los ventiladores tradicionales, son los productos estrella. Pese a que la estrategia de venta es clara –colocar este tipo de productos en los lugares más visibles del espacio–, los comerciantes reconocen que hasta la fecha no les habría hecho falta. «Ni aunque los escondiéramos...», relata una dependienta, sin apenas tiempo entre cliente y cliente.

En ese sentido, el secretario general de la Asociación Española de Fabricantes de Pequeños Electrodomésticos (FAPE), Jesús Sevil, aseguró ayer que «probablemente» las ventas a estas alturas se han duplicado respecto a las registradas el año pasado. Una declaración que, visto lo visto, no parece ir desencaminada.

Según pudo comprobar este periódico, la creciente demanda ha provocado que algunos establecimientos se hayan visto obligados a contratar un servicio especial de abastecimiento. «Llevamos una semana infernal. La gente llega desesperada y se lleva los aparatos casi de tres en tres», relata un trabajador de otra gran cadena. No obstante, la última gran ola de calor en 2015 sirvió de ejemplo para evitar el fin del suministro. «Estamos continuamente reponiendo. Puede que falte algo en un momento puntual, pero en cuestión de horas vuelve a estar disponible», prosigue.

Helados y bebidas frías

Al otro lado del mostrador, Julia carga sonriente un ventilador de torre. «En el salón tenemos aire acondicionado, pero en la habitación no», cuenta, convencida de que a partir de ahora podrá dormir «un poquito mejor».

En la calle, no obstante, son otras las prioridades. Desde que empezó la ola de calor, Joaquín sirve más de 300 helados diarios. «O 400 diría yo, si es fin de semana», incide. Luis, en su tienda de alimentación, dispensa 20 refrescos cada hora. Y en una gasolinera de Centro, las bolsas de hielo son las más cotizadas. Es la otra cara de las elevadas temperaturas. Un negocio que hace de la necesidad virtud.