Paco Roca, en el parque que será bautizado como los Jardines de los Combatientes de la Nueve
Paco Roca, en el parque que será bautizado como los Jardines de los Combatientes de la Nueve - BELÉN DÍAZ
Cultura

El batallón de «La Nueve», entre la viñeta y el callejero

Los españoles que liberaron París del nazismo, retradados en el cómic de Paco Roca, tendrán un jardín en Ciudad Lineal

MADRIDActualizado:

El futuro Jardín de los Combatientes de La Nueve, en Ciudad Lineal, es un punto de encuentro imprevisto entre el mundo del cómic y la Historia. El homenaje que este espacio brindará a los españoles que liberaron París del nazismo coincide con la narración de la novela gráfica «Los surcos del azar», del ilustrador Paco Roca, que esta semana visitará la capital por la celebración en Ifema (3 y 4 de diciembre) de Expocómic. «Fue un hecho heroico y merece todo nuestro reconocimiento», reflexiona el dibujante para ABC, ante la relación de su obra con la próxima nomenclatura del callejero.

Si bien la primera edición del cómic fue en 2013, mucho antes de que el Ayuntamiento de Madrid decidiera recordar a la 9ª Compañía de la División Leclerc –su nombre oficial–, ambos obedecen a la misma tendencia: rescatar del olvido este episodio de la Historia y desnudarlo de prejuicios ideológicos. La capital, todavía sin una fecha concreta, hará lo que ya hizo París en junio de 2015 con estos soldados republicanos. Entonces, con la presencia de los Reyes, Don Felipe y Doña Letizia, se inauguró el también llamado Jardín de los Combatientes de la Nueve. El acto se ajustó a la perfección al espíritu de la novela de Roca: «Recuperar la memoria, reivindicar a quienes pelearon por la democracia».

La crónica sobre estos hombres se hizo casi por casualidad. Paco Roca, que se encontraba de viaje en la ciudad francesa, recuerda que quedó atrapado casi al instante. «Coincidí con dos supervivientes en el Instituto Cervantes y me embarqué en esta historia increíble; no solo por la liberación en sí, sino por todo lo que significa». Manuel Fernández y Luis Royo, dos de los rostros de aquella punta de lanza que penetró en París, inspiraron al artista en un relato que, más allá del rigor histórico que lo define, es la reivindicación de un «símbolo».

La singular novela, que ha vendido más de 30.000 ejemplares en todo el mundo, no será el atractivo principal del autor en Expocómic, pero sin duda contará con un lugar preferencial en esta edición, el mismo año en el que se ultima su conversión en una serie televisiva y se comienza a editar en Estados Unidos, después de hacerlo en Alemania, Reino Unido o Francia, donde el prólogo está firmado por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.

Paco Roca recibe con agrado la decisión del Consistorio de sumarse a los reconocimientos a La Nueve. «Me gustaría pensar que la historia de este batallón por fin tendrá el impulso definitivo para ocupar el espacio que merece; en otros países ya se habría hecho de todo». El jardín madrileño, ubicado en la calle de los Hermanos García Noblejas y sin nombre hasta la fecha, será inaugurado a lo largo de 2017 y, si se cumplen los deseos del Gobierno de Manuela Carmena, contará con la presencia de Hidalgo.

La alcaldesa parisina, así como la escritora Evelyn Mesquida, autora de «La Nueve», y el historiador francés Robert Coale, son parte importante de la obra de Roca. De hecho, él mismo reconoce que lo que hizo fue sumarse a su trabajo. «La ayuda de Coale fue increíble, él empezó a investigar a La Nueve en 1996 y su participación me permitió que el cómic fuera mucho más documentado», destaca.

«Los surcos del azar» gira en torno a varios elementos, que tienen que ver tanto con el valor histórico como con el sentimental. Una de las premisas de Roca era desligar la historia de La Nueve del mito. «Quise colocarlo en su justa medida, en muchos casos se pasa directamente de la ignorancia a la leyenda y no es necesario». La labor de Coale, explica, impregnó el cómic de un rigor histórico más propio de otros registros, acaso más académicos. No obstante, la obra posee toques ficticios que la acercan al plano emocional. Se puede decir que los apuntes documentales trazaron la hoja de ruta principal; mientras que el lápiz y la imaginación hicieron el resto.

La figura de Machado

El personaje de Miguel Campos, por ejemplo, es inventado, pero está basado en Rafael Gómez, otro de los supervivientes que nunca quiso hablar de lo vivido. «Utilizo esta reserva para recordar a todos aquellos que no han querido resucitar esa angustia, ya sea en este caso como en otros», relata el dibujante. Roca pone nombre y apellidos a una realidad que se oculta tras los literarios nombres de los carros de combate –«Belchite», «Don Quijote», «Madrid»– y los halagos de quienes combatieron junto a los españoles; «eran los primeros, los más valientes».

Campos, sin embargo, no es el recurso principal. Lo es Antonio Machado, como indica el propio nombre de la novela. «¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar?», dejó escrito el autor sevillano. Paco Roca entendió que esos surcos llevaron a muchos republicanos a un exilio «casi perpetuo». «Era difícil meter la figura de Machado, pero a la vez muy necesaria». El escritor representa el «desarraigo» de aquellos españoles que liberaron París. «Machado representa la tristeza del exilio, es un símbolo de lo que sintieron aquellos españoles».