Los bares de Ponzano llenan sus terrazas, sobre todo, los fines de semana, lo que ha despertado las quejas vecinales por el ruido que generan
Los bares de Ponzano llenan sus terrazas, sobre todo, los fines de semana, lo que ha despertado las quejas vecinales por el ruido que generan - GUILLERMO NAVARRO

La batalla de Ponzano: la milla gastronómica contra el hartazgo vecinal

Los residentes en esta calle de moda se quejan de los ruidos y problemas de circulación que generan los restaurantes

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La calle de Ponzano, en el distrito de Chamberí, representa las dos caras de una misma moneda. Está considerada como una de las zonas gastronómicas de moda en la capital, pero al mismo tiempo da vida a un conflicto permanente entre el medio centenar de restaurantes que alberga y quienes viven en el barrio, hartos de los ruidos y problemas de circulación que genera la actividad de estos locales. Dos realidades contrapuestas que, pese a los esfuerzos desde ambos frentes, no termina de encontrar un equilibrio.

Desde la asociación El Organillo se muestran «preocupados» por lo que consideran un «despropósito sin control». Pilar Rodríguez, de la junta directiva de esta organización vecinal, explica que el problema se ha agravado en los últimos dos años y afecta, fundamentalmente, al tramo comprendido entre Ríos Rosas y Santa Engracia. «El crecimiento es brutal, todos los locales pasan a ser bares sin ningún control, en los últimos dos años y medio se han abierto treinta nuevos bares; el barrio está muy cabreado», detalla Rodríguez. No obstante, reitera que «están contentos» con la vida que genera, pero sin llegar a estos extremos. «Los vecinos lo disfrutamos y lo sufrimos», dice con resignación.

Este periodo en el que nadie quiere perderse lo que se cuece en Ponzano, tanto en la hora del aperitivo como en la comida, las copas y la cena, coincide con el nacimiento de la asociación de Hosteleros y Comerciantes de Ponzano, constituida precisamente para encontrar un punto intermedio entre el ocio y las demandas vecinales. Su presidente, Pepe Moreno, reconoce la concentración de locales, pero asegura que la implicación de los restaurantes para aliviar esta situación es total: «Se ha mejorado mucho, nosotros somos los primeros que queremos una calle Ponzano para el disfrute de todos». Además, añade Moreno, los empresarios sufragan diferentes eventos y actividades durante todo el año, como las Fiestas del Carmen (mediados de julio) o la iluminación en Navidad.

Las dos entidades implicadas sostienen que existe «buena sintonía» entre ambos, si bien saben que «tiene mal arreglo». La queja principal de los vecinos es el ruido sistemático, sobre todo de jueves a domingo, hasta altas horas de la madrugada. «Aquí no hay quien duerma hasta las dos o las tres de la mañana, y así todos los fines de semana», relata un afectado. El problema, argumentan en la asociación vecinal, no es tanto la música de los garitos o el goteo de quienes salen a fumar, sino los grupos que se mueven de bar en bar. «Los locales es verdad que están bien insonorizados, pero al salir es normal que la gente hable y que suba la voz, y eso en mitad de la noche se nota mucho», dice Pilar.

Esta tesitura es de sobra conocida por la agrupación de hosteleros, que ha puesto en marcha una figura inédita en la actualidad: el «sereno» de Ponzano. Esta apenas tiene que ver con su referencia histórica; se trata de una pareja de agentes de seguridad privada que recorren la calle para evitar que haya exceso de aforo en los locales, que los clientes salgan con vasos a la calle o que monten escándalo. «Funciona bastante bien, puede ser que haya algo de bronca, pero es puntual», declara Pepe Moreno.

Zona de Protección Acústica

La situación ha generado que los implicados hayan pedido la intervención del Ayuntamiento de la capital para regularizar diversas cuestiones. La primera es la del ruido, para lo que El Organillo ha solicitado que se declare la calle de Ponzano Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE), una etiqueta con la que ya cuentan otros barrios del distrito, como Gaztambide.

Fuentes de la concejalía de Medio Ambiente, que dirige Inés Sabanés, explicaron que se ha puesto en marcha un estudio sobre la situación acústica del entorno, con el fin de estimar la contribución de la actividad de ocio en los niveles sonoros ambientales. «El resultado permitirá determinar si el ruido de los locales es un problema generalizado en la zona, lo que podría conllevar la declaración de ZPAE, si se comprobase la superación de los objetivos de calidad acústica», apuntan en el área.

Pero si se certifica que esta problemática no se debe únicamente a los bares y restaurantes, entonces se trabajará en el resto de comportamientos que quebrantan la paz vecinal. Así, según datos del Consistorio, el Servicio de Inspección de la Dirección General de Sostenibilidad y Control Ambiental ha girado 73 visitas de inspección a actividades recreativas en los dos últimos años, que, junto a las actas de inspección de la Policía Municipal, han dado lugar a 24 expedientes de corrección de deficiencias y otros ocho expedientes sancionadores por contaminación acústica.

El ruido, sin embargo, no es la única reclamación de los residentes. La afluencia masiva de público lleva asociados unos problemas notables de circulación, que se reflejan en la imposibilidad para aparcar o en una enorme columna de coches en doble fila. «Ya no puedes ni entrar a tu propio garaje», relata otro afectado.

Doble fila de coches

Moreno explica que los problemas de Movilidad fueron trasladados al Ayuntamiento, pero aún no ha habido respuesta. Su propuesta se sustenta en dos pilares: una zona de carga y descarga hasta las 12.30 horas, después liberada para todos los conductores, y convertir las dos filas de aparcamiento en línea por una sola en batería, a uno de los lados de la calle. «Lo primero se dijo que se iba a hacer en diciembre y todavía no se ha hecho», lamenta el presidente de la asociación.