Madrid

Los bares de Gaztambide amenazan con imponer su particular «ley seca»

Los empresarios de ocio nocturno no están de acuerdo con que el Ayuntamiento les haya impuesto restricciones horarias tras proteger este barrio de Madrid contra el ruido

Los bajos de Arguelles, en una imagen de ayer
Los bajos de Arguelles, en una imagen de ayer - INMA FLORES

El conflicto entre los empresarios de locales de ocio nocturno y los vecinos en el barrio de Gaztambide, donde se encuentran los conocidos bajos de Argüelles, no remite pese a la creación de la Mesa del Ocio, el instrumento con el que el Ayuntamiento pretendía encontrar una solución para el problema suscitado en el lugar por el ruido que, especialmente, se agrava los fines de semana. Como la Mesa no avanza y las posturas no se acercan, los empresarios están dispuestos a dar un golpe en la mesa, que podría traducirse en una o varias jornadas de cierre de sus locales después de que el Ayuntamiento aprobara una norma que limita sus horarios para evitar molestias a los residentes.

La Plataforma de Asociaciones por el Ocio, la Cultura, el Turismo y la Hostelería de Madrid, culpa al Gobierno de señalarles a ellos como los culpables de la situación al considerar al barrio de Gaztambide como una Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE). De esta forma, el barrio queda dividido en tres zonas según el nivel de contaminación acústica y, en la de mayor saturación se reduce el horario de las discotecas en una hora.

«Los bares de copas van a desaparecer porque no tienen margen», lamentan desde la Plataforma, que también critica que el Consistorio ponga el foco en los empresarios cuando, a su juicio, la culpa no es suya: «El problema es el botellón, facilitado por las tiendas de conveniencia (o 24 horas). De hecho es algo que nos perjudica económicamente y también daña mucho nuestra imagen».

Los vecinos, por su parte, lo tienen igual de claro: «La culpa es de los bares y el botellón». Emma Ferrer, vicepresidenta de la Asociación de Vecinos de Argüelles, así lo manifiesta y no duda en censurar la dejadez del Gobierno municipal a la hora de poner medios sobre el terreno para evitar que las noches de fin de semana se conviertan en un suplicio para todos aquellos que quieran dormir en los hogares de las zonas con mayor contaminación acústica. «Esto es una zona protegida de ruidos y se lo pasan por el forro de la chaqueta. Aquí no viene nadie de la Policía y el Ayuntamiento no cumple con lo suyo», denuncia la vecina, que carga contra los establecimientos nocturnos del lugar: «Si no estamos pendientes, los bares no controlan el nivel de la música, tampoco los horarios. Además, el trasiego de personas entrando y saliendo de los locales también produce mucho ruido».

Los empresarios aún tienen que volver reunirse para determinar el camino que van a tomar, pero desde la Plataforma no descartan que el cierre de los locales —que evidentemente no servirían alcohol durante ese tiempo— se prolongue un fin de semana o incluso vaya acompañado por una manifestación.

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