Gente haciendo cola para entrar en una oficina de empleo en Madrid
Gente haciendo cola para entrar en una oficina de empleo en Madrid - EFE

Bajan las solicitudes para la renta mínima en Madrid por primera vez tras la crisis económica

La Comunidad invierte este año 160 millones en esta prestación, que reciben cerca de 30.000 familias en la región

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Por primera vez desde que comenzó la crisis, en 2008, el número de solicitantes de la Renta Mínima de Inserción ha descendido en Madrid. Una caída muy baja, del 2,4 por ciento, pero que ha llamado la atención de los responsables de la consejería de Asuntos Sociales y Familia, que dirige Carlos Izquierdo. La creación de empleo podría estar detrás de este fenómeno.

La Renta Mínima de Inserción es una prestación social que se entrega a familias con bajos niveles de ingreso. Consta de una cantidad de 400 euros para el solicitante, al que se añade un complemento variable, de 112,67 euros, por la segunda persona de la familia; 75,11 por la tercera y siguientes, hasta un máximo de 707,70 euros este año.

En este momento, se benefician de ella en torno a 30.000 familias –eran 30.117 el pasado junio– y para pagarla se han invertido en el primer semestre de este año un total de 83,6 millones de euros. El presupuesto total para este ejercicio es de 160,4 millones de euros, que subirán hasta 168,9 millones en el próximo presupuesto.

Según los datos oficiales, el incremento de la partida destinada a esta actividad ha crecido significativamente a lo largo de la legislatura:de los 121,4 millones de euros de 2015, el primero de Cifuentes en el Gobierno regional, a los 168,9 millones previstos para 2018. Un crecimiento del 32 por ciento con más perceptores de renta mínima que nunca: las familias perceptoras han pasado de 8.600 en el año 2008 a las más de 30.000 actuales.

Cambio de tendencia

La tendencia de los últimos nueve años ha sido de subida progresiva de las solicitudes. Algo lógico, dado el escenario de fuerte crisis económica y alto desempleo que se ha vivido. Pero el director general de Servicios Sociales e Integración Social, Pablo Gómez Tavira, explica que en el último semestre estudiado, el primero de 2017, se ha observado un cambio de tendencia: las solicitudes recibidas para nuevas prestaciones entre enero y junio han sido de 7,890, lo que supone un descenso de la demanda frente al mismo periodo del pasado año de un 2,47 por ciento.

Hay fluctuaciones de mes a mes y es frecuente que algunos acumulen más peticiones que otros. Por ejemplo, en el pasado semestre, en enero sólo se presentaron 607 solicitudes, mientras que en junio alcanzaron las 1.795. «Los picos son normales; se dan desde hace muchos años y se repiten cíclicamente», comenta Gómez Tavira. Lo que no es tan habitual, y de hecho no se daba desde antes de la crisis, es la bajada en las solicitudes: «Es un ligero decremento que interpretamos por la mejora económica y la recuperación de empleo». En este sentido, los últimos datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social señalaban que en noviembre pasado se registraron 39.080 desempleados menos en la región con respecto a los del mismo mes de 2016, lo que supone un descenso interanual del 9,38 por ciento.

Conciliar con el trabajo

Los beneficiarios de la Renta Mínima de Inserción, explica Gómez Tavira, pueden trabajar, aunque en este caso decrece la cantidad que reciben. «Queremos que sea conciliable el cobro de esta prestación con la incorporación al mercado de trabajo, sobre todo porque en ocasiones se trata de empleos temporales o esporádicos», indica el responsable de Integración Social.

Del análisis de los datos del último informe sobre la Renta Mínima se concluye que se va incrementando el número de mujeres perceptoras de la misma: son ya un 61 por ciento. Es también, pese a la creencia popular, una prestación que reciben mayoritariamente ciudadanos españoles –un 71 por ciento–, frente a un 29 por ciento de extranjeros beneficiarios.

Es preocupante el dato de la cronificación de estas situaciones: del total de quienes perciben esta renta, un 16,14 por ciento la reciben durante menos de un año y luego consiguen un empleo y normalizar su vida. Un 21,46 por ciento permanece como beneficiario durante al menos dos años. Y el porcentaje va disminuyendo progresivamente, hasta que se dispara de forma brusca al llegar al grupo de los que llevan más tiempo recibiéndola. Son un 34,50 por ciento los que la cobran desde hace más de cinco años.

«Hay personas que son perceptores desde hace quince años», reconoce Gómez Tavira: «Son los que, independientemente del ciclo económico, no se emplean». La experiencia le indica que quienes llevan menos tiempo fuera del mercado laboral se incorporan más fácilmente al mismo. «De hecho, este último año se ha incrementado el número de los que llevaban cobrando la renta desde hace menos tiempo y han encontrado un empleo».

A medida que se alarga la situación que les llevó a recibir la Renta Mínima, «pierden actitud hacia el trabajo» y también las habilidades básicas. De ahí que, junto con la ayuda económica, se reciba también un programa individual de inserción laboral, «obligatorio», en el que están controlados por los servicios sociales municipales. «Se les hace participar en cursos y apuntarse como demandante de empleo, se les da formación prelaboral, se les enseña a hacer un currículum», explica el responsable regional de Integración.

Más en la zona sur

Con los datos en la mano, la distribución territorial de los beneficiarios de esta renta mínima no es homogénea a lo largo de la región. La capital aglutina el 56,4 por ciento de los perceptores, mientras que en el sur del área metropolitana se concentran casi uno de cada cinco: un 22,64 por ciento.

El perfil es el de una mujer –61 por ciento–, menor de 45 años –la edad media es de 43,6–, con menores a su cargo, parada, que vive en un piso de alquiler o en una vivienda cedida, sin instrucción –el 79 por ciento se quedó en el Graduado Escolar, y un 6,5 ni lee ni escribe–. Hay un 29 por ciento que viven solos y un 16 son personas sin hogar. El plazo de resolución desde que se solicita la renta hasta que se recibe ha pasado de casi 9 meses, en 2015, a unos tres meses, en la actualidad.