Uno de los muretes destrozados, en plena plaza del Dos de Mayo
Uno de los muretes destrozados, en plena plaza del Dos de Mayo - FOTOS: GUSTAVO MORALES

Alerta en Malasaña: crecen el botellón, los destrozos y los pisos turísticos ilegales

La reforma de la plaza del Dos de Mayo ha sido suspendida y ya hay 600 bares, el 20% irregulares. Los vecinos claman: «Es un descontrol. Dan ganas de irse»

MADRIDActualizado:

La plaza del Dos de Mayo y sus aledaños vuelven a parecer un campo de batalla. No es la invasión napoleónica; sino la de la dejadez política, el incivismo y los negocios ilegales, que tienen sumida esta zona del centro de la capital en un sinvivir para sus vecinos: «Muchas veces, dan ganas de irse de Malasaña. Esto está descontrolado. La juerga y la fiesta están por encima del resto de cosas y parece que hay un consenso social sobre ello». Imposible hacer un resumen más claro de la situación.

La última problemática son las malas condiciones en las que se encuentra la plaza. Las efigies de Daoíz y Velarde, los héroes de la batalla de 1808, objetivos de los vándalos. Pero también todo el conjunto del Dos de Mayo, con losetas levantadas, bancos de piedra arrancados y los muretes, literalmente, hechos polvo y llenos de grafitis. Y lo peor es que los restos de pizarra, adoquines y ladrillos siguen esparcidos por el suelo, sin que nadie se preocupe ni siquiera en retirarlos.

Diego es uno de los residentes a los que les toca sufrir este día a día: «El estado del pavimento es lamentable. Las raíces de los árboles, la falta de conservación y la constante presencia de los camiones de reparto de cervezas, con un peso tremendo, hacen que el suelo esté en muchas zonas intransitable, lo que produce constantes caídas».

El último capítulo se dio ayer mismo, a la hora de comer. Una mujer tropezó con un trozo de calle levantada y se dio de boca contra el suelo. Se hirió la cara y acudió el Samur; sin embargo, la ambulancia no consiguió llegar hasta el mismo punto donde habían sentado a la señora porque las terrazas de los bares lo impedían, tanto en el acceso por la calle de Ruiz como por el de Daoíz. Los médicos tuvieron que aparcar en una esquina e ir andando hasta donde se encontraba la víctima, para atenderla. Es el segundo caso que se registra en lo que llevamos de semana.

Jordi Gordon, de la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad, lo tiene claro: «Nuestro problema es que tenemos varios problemas: bares y apartamentos turísticos ilegales, botellón, terrazas que incumplen la normativa, pisos con Erasmus y demás estudiantes que hacen fiestas continuamente...», añade.

Sobre el mal estado en que se encuentra la plaza del Dos de Mayo, el Ayuntamiento afirma que había un plan de reforma este 2017, pero que ha quedado suspendido al menos hasta el año que viene por los recortes tras la intervención de las cuentas por parte del Estado.

Siete literas en 25 metros

La problemática es poliédrica: destrozo del mobiliario urbano, suciedad, pintadas. «No podemos ejercer nuestros derechos ciudadanos. En una ciudad así no se puede vivir», se quejan los vecinos. Sin embargo, hay un fenómeno que preocupa (y destaca) sobre el resto: uno de cada siete pisos de Malasaña tiene uso turístico, explican en Acibu. Si en 2015 había 600, ahora son más de 2.000. Hay una cantidad ingente en situación ilegal: «No pagan impuestos y meten en 25 metros cuadrados siete literas. En algunas buhardillas hay doce personas dentro. Tanto el Ayuntamiento como la Comunidad nos dicen que es un problema que hay que abordar». Y con los bares ocurre lo mismo: suman 600 en Malasaña, de los que el 20% (120) son ilegales.

En cuanto al consumo de alcohol en la calle, los vecinos coinciden en que «es una actividad fuera de lugar, desmadrada, incluso ahora que ha entrado el frío». «Los fines de semana se amontona la gente bebiendo en la plaza, sin ningún control. A determinada hora, llega la Policía Municipal y sale la gente del foso, y se queda bebiendo arriba», insiste Diego. A Malasaña llega gente de todo Madrid a beber cerveza, fumar porros y campan a sus anchas los «lateros» (vendedores ilegales de bebidas). La plaza del Dos de Mayo, como la de San Ildefonso, la del Rastrillo, la Corredera Baja de San Pablo, la cercana Barceló... son una bacanal casi toda la semana, especialmente desde las noches de los jueves a las de los domingos.

Desde la Junta del Distrito de Centro se ha informado de que en este 2017 se han interpuesto unas 1.100 multas (930 por consumo de alcohol en la calle y más de 160 por drogas), «pero la cosa va a peor, quizá porque la mayoría de las sanciones no se pagan», se quejan los residentes.

Este desparrame general tiene un nuevo foco, la calle de Velarde. De un tiempo a esta parte, cada noche se convierte en un botellón en el que tampoco faltan grupillos de jóvenes cantando con guitarras. Hace cosa de un mes, sobre las cuatro de la madrugada, unas vecinas de esa vía se hartaron de que no las dejaran dormir y les lanzaron agua desde sus balcones; los alborotadores respondieron lanzándoles latas, hasta el punto de que reventaron la vidriera de un balcón. El hecho está denunciado en la comisaría de Centro, en la calle de Leganitos, explica Isabel Rodríguez, otra residente de Malasaña. Por aquellos días, también se metieron en un portal, abrieron el extintor y lo vaciaron allí mismo.

Sobre el consumo de drogas, no es del tipo de la época dura de los años 80, con el «caballo» llevándose por delante cientos de vidas; «pero cada vez se ve a más gente fumando hachís, está mucho más extendido», explican en la plaza del Dos de Mayo.