Sucesos

Alerta entre los taxistas de Madrid por los «sinpa» de «la coja», la «funcionaria» y el padre

La Gremial alerta al sector para que no caiga en las redes de estos clientes que no pagan la carrera

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Por su oficio están expuestos a situaciones complicadas y peligrosas, entre ellas ser víctimas de delitos, sobre todo, atracos, pero también son el blanco de clientes avispados. Se trata de quienes utilizan sus servicios sin pagar un solo euro. Hay algunos habituales por lo reincidente que llevan más de un año actuando y que, incluso, se han profesionalizado y cambian de zona.

La Asociación Gremial del Taxi ha alertado a los 15.736 taxistas de la región para que no caigan en sus redes. Recorridos largos hasta Chinchón o Guadarrama o trayectos cortos por la capital son las prácticas de estos timadores.

«No se trata ya de la pérdida económica de la carrera, sino de los destrozos o daños que causan al vehículo e, incluso, al conductor (a alguno le han llegado a agredir) y los trastornos posteriores, con la consiguiente indignación por la impunidad de la que gozan», explica Ángel Julio Mejía, vicepresidente de la Gremial. Se queja de que esta cuestión se la han comunicado varias veces a la Oficina Municipal del Taxi del Ayuntamiento de Madrid sin que les hayan dado una respuesta.

Mejía relata que uno de los casos más llamativos es el de «la falsa coja» que va en silla de ruedas y debe vivir por Carabanchel. «Parece que le falta una pierna. Está tan acostumbrada a desplazarse por la cara que aprovecha los semáforos para abrir la puerta y sentarse en el sitio del copiloto», indica.

Orines en el asiento

«Si le llaman la atención, dice que no la quieren llevar, aunque sea mentira. Hay que guardarle el vehículo adaptado en el maletero. Debe tener algún problema hormonal porque huele fatal. Cuando llega al destino, en general, Sol, Gran Vía o Callao y le entregan la silla, les suelta que no tiene dinero y se va. O, si le preguntan antes porque su aspecto no les da buena espina», explica el vicepresidente de la Gremial.

Para colmo, cuando el taxista le dice a la «timadora» que se marche, esta empieza a lloriquear. «No me quiere devolver mi silla», comienza a decir para dar pena a la gente, agrega Mejía. Siempre se la entregan y se marchan para evitar perder el tiempo. Uno de los taxistas a los que hizo un «sinpa» la vio poco después de pie fumando un cigarro. Lo peor del asunto es que la chica se hace pis. «Hay que dejar de trabajar y limpiarlo. Un compañero tuvo que cambiar hasta la butaca porque el olor no se iba», asevera Mejía.

Otra de las clientas aprovechadas es una mujer con aspecto de funcionaria que suele coger el servicio en Moncloa o Las Rozas. Su destino es Guadarrama y su propósito:no pagar con la excusa de que ha perdido el tren o el autobús. Ante lo lejano del recorrido, si le preguntan si lleva dinero o tarjeta, dice que no pero que les deja el carné mientras va al cajero, agrega el vicepresidente de la Gremial. «Yo con el DNI no le pago al carnicero ni doy de comer a mis hijos», le dijo un profesional del volante a la clienta, visiblemente molesto. «¿Quiere que vaya andando?», le espetó ella muy digna. Al final, se tuvo que buscar la vida.

Pocas denuncias

Peor parado resultó ser un taxista sexagenario que cogió a un timador que merodea por Conde de Casal, de donde salen los autobuses interurbanos hacia Chinchón. «Era la 1.30. Siempre va solo, pero ese día iba con una niña de cuatro años. Al llegar al lugar señalado le dijo que iba a buscar el dinero a su casa. El conductor le dijo que le acompañaba; no se fiaba. El otro echó a correr con la cría, parecía que volaba. Al ver que le seguía, le dio una paliza tremenda, aunque vio en que casa se metía. Fue este verano. Está a la espera de juicio», explica Mejía.

Reconoce que la mayoría de los casos no se denuncian porque es mayor la pérdida económica y el trastorno que acarrean por dejar de trabajar que la cuantía del timo, que no supera los 100 euros. «Nosotros compramos nuestro puesto de trabajo, pagamos muchos impuestos y estamos muy expuestos. Exigimos que el Ayuntamiento tome cartas en el asunto y nos deje usar coches más seguros».