Madrid

Alarma por las tortugas caníbales en el jardín tropical de Atocha

Adif se ve superado ante el abandono masivo de reptiles en el recinto de la estación; el 80% de los 300 ejemplares son ilegales (exóticos) y muy agresivos

Ciudadanos y viajeros se acercan al estanque de la estación para contemplar las tortugas, apelotonadas en las planchas de pizarra
Ciudadanos y viajeros se acercan al estanque de la estación para contemplar las tortugas, apelotonadas en las planchas de pizarra - ISABEL PERMUY

Los datos que maneja el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) tras el último recuento de tortugas en el jardín tropical de la estación de Atocha habla de 300 ejemplares. Un 80% de las mismas son especies prohibidas incluidas en el catálogo español de especies exóticas invasoras. Entre ellas se encuentra la tortuga de Florida o galápago americano (Trachemys scripta), la que más predomina en el estanque. Este tipo de quelonio es territorial, agresivo y se ha vuelto predador en un escenario darwinista: no hay comida para todas. Desde la Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal de la Comunidad de Madrid (Fapam) informan del problema existente.

«Hay ejemplares con mutaciones, que se comen los unos a los otros. Están estresadas», señala Sergio García, uno de los portavoces de la federación. El origen de esta situación, explica, se debe a la superpoblación de tortugas que hay en este espacio artificial debido al abandono masivo por parte de sus dueños. Creían que se trataría de un hábitat ideal. Nada más lejos de la realidad.

Antonio Mañas es uno de los fundadores de la plataforma «Atocha se muere». «Se produce la práctica del canibalismo entre ellas porque las especies exóticas como las tortugas de Florida son territoriales y, además, pasan hambre. En teoría les echan de comer, pero no es el alimento adecuado», manifiesta.

Este almeriense animalista se percató del problema tras su regreso de un viaje. «Vi una tortuga muerta flotando en el estanque. Me acerqué otro día y había otra. Pedí responsabilidades a Adif porque no la retiraban y podían contaminar el estanque», detalla. Después consiguió apoyos para poner varias hojas de reclamaciones y más tarde montó la asociación. Ha conseguido reunirse con responsables de la entidad pública para buscar entre todos una solución. «Queremos evitar que las tortugas ilegales sean eutasianadas. Nos da igual dónde estén, pero que no las maten. En la última cita que mantuvimos hace varios meses con Adif nos dijeron que lo que veían más apropiado era cerrar el estanque. No era una decisión segura, pero pretendemos evitar que se cierre sin más», apunta el joven. Las protectoras de los animales prefieren que se impida el acceso al púbico para evitar el abandono de tortugas y peces.

Cinco muertes al mes

Tortugas hacinadas, unas encima de otras, en el estanque de Atocha
Tortugas hacinadas, unas encima de otras, en el estanque de Atocha- ISABEL PERMUY

Revelan desde la plataforma de las tortugas que Adif les ha dado traslado de un censo de cadáveres de los reptiles: cinco muertes al mes, unas 60 tortugas fallecidas al año. Desde la compañía ferroviaria estatal niegan tal extremo, pero reconocen que tienen «un problema» con el abandono de tortugas en su territorio. El verano pasado colocaron dos carteles disuasorios: «Cuidemos las instalaciones. Prohibido abandonar animales. El abandono es delito». Ni por esas. El número de tortugas se mantiene estable pese a las que perecen porque la gente sigue soltando estas mascotas que dejan de gustar cuando crecen.

«Es cierto que hay un problema en el estanque, sobre todo cuando echan especies invasoras. Disponemos de un mantenimiento de higiene, limpieza y un veterinario que hace un seguimiento permanente de las aguas. Se limpia una o dos veces al año a fondo. Se encarga de vigilar la alimentación y la cantidad de tortugas que hay en el estanque. El filtrado de agua es permanente y se ha aprobado adquirir un sistema novedoso de aclaración de agua», informan desde Adif.

Una labor voluntaria

Adif inauguró su jardín tropical en 1992, coincidiendo con la inauguración del AVE Madrid-Sevilla. «La función original del estanque era puramente ornamental hasta que a un particular se le ocurrió abandonar allí su tortuga. Asumimos cuidarlas, incorporar un veterinario, alimentarlas. Hemos puesto todo de nuestra parte, pero somos conscientes de que no es un lugar idóneo para las tortugas», detalla la compañía.

Un icono imprevisto

Sin quererlo, las tortugas se han convertido en un icono de la estación. Centenares de personas las contemplan cada semana. Algunas, aunque no lo sepan, flotan sin vida. Adif subraya que existe un diálogo permanente con «amigos de los animales para establecer un protocolo de actuación». «Nos hemos puesto en contacto con la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento para encontrar una solución definitiva a esta problemática. Al gobierno regional se les ha planteado que reubiquen a las tortugas invasoras en lugares adecuados», sentencian.

Desde «Atocha se muere» ya han pactado un lugar en Navas del Rey, del cual no quieren revelar el nombre, para trasladar a las especies prohibidas, pero hay un inconveniente: Adif tendría que asumir el coste de la construcción de un recinto para estos animales. Aún no se lo han planteado. Están a la espera de una última reunión con la empresa de Fomento para dibujar el incierto futuro de las tortugas de Atocha.

Mientras, curiosos y viajeros seguirán asomándose al estanque para matar el tiempo hasta que llegue la hora de salida de su tren.

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