Un chapero, en la Puerta del Sol
Un chapero, en la Puerta del Sol - DE SAN BERNARDO

El 30% de la prostitución masculina está sometida por mafias extranjeras

La mayoría de los chaperos proceden de Marruecos, Ecuador y Venezuela, y los capos les obligan a robar a clientes para pagar las deudas

MADRIDActualizado:

La prostitución masculina está llena de tópicos, y uno de los más extendidos es falso; nos referimos a aquel que asegura que, a diferencia de las mujeres, los «trabajadores del sexo» ejercen de manera voluntaria. Nada más lejos de la realidad. Aunque no hay un cómputo real hecho, los expertos en la lucha contra esta lacra calculan que algo menos de la mitad de los hombres que se prostituyen con otros varones están sometidos a mafias. «Estaríamos hablando de alrededor de tres de cada diez de los que se encuentran en Madrid, un 30%», resume una de las fuentes policiales consultadas por ABC.

La cifra no es tan escandalosa como en el caso de las meretrices, en el que nueve de cada diez están subyugadas por proxenetas y redes de tratas de personas. Pero a los propios investigadores les llama la atención que haya tantos hombres que estén a las órdenes de estas mafias.

En su mayoría, se trata de jóvenes procedentes de Marruecos, Ecuador, Venezuela y también hay españoles. Aunque estos últimos no se encuentran dentro del 30% referido. «El modus operandi de estos grupos es muy similar al de los que trafican con mujeres. Los chavales llegan a España con la vana promesa de que les espera una vida mejor aquí», añaden nuestros informantes. No hay que engañarse: hay casos en los que estos muchachos, algunos menores de edad, no saben donde se están metiendo cuando se suben en el avión con destino a Barajas; pero existe una casuística bastante amplia de quienes son conscientes de que vienen a vender su cuerpo, pero no en las condiciones de semiesclavitud que les esperan.

Bodas de conveniencia

«A muchos les convencen porque les prometen que en nuestro país estarán más cómodos viviendo su sexualidad; que no se les marginará y que, además, tienen incluso la oportunidad de casarse», explica un experto a este periódico. Porque muchos llegan con ese ardid en la cabeza: «cazar» a un español, contraer matrimonio con él y así conseguir regularizar su situación en nuestro país.

En este sentido, una de las nacionalidades que está recalando en nuestro país es la venezolana, con el telón de fondo de un ambiente cada vez más irrespirable por el régimen de Nicolás Maduro. Son comunes las bodas de conveniencia o en las que el cónyuge español es engañado por el extranjero, insisten nuestras fuentes.

La rueda de la prostitución masculina se mueve siempre en el mismo sentido. Los «esclavos sexuales» contraen una deuda de entre 4.000 y 5.000 euros con los grupos organizados. Unos 1.200 o 1.300 son de los gastos del viaje en sí;el resto, por «otros conceptos». Porque, aparte, está lo que cuesta su estancia, generalmente en pisos repartidos por Madrid, indican nuestras fuentes.

Pero, ¿cómo es posible que los capos ejerzan este poder sobre hombres que físicamente pueden ser mucho más fuertes que ellos? «Porque los prostitutos son psicológicamente débiles. Se sienten en una situación de inferioridad, porque no tienen papeles, les hacen creer que son menos por su orientación sexual, les dicen que ya han quedado marcados de por vida...». Así, resulta extremadamente complicado que denuncien a sus «chulos». Por eso existen tan pocas operaciones policiales realizadas al respecto.

Compinchados con las saunas

Los chavales son obligados a ejercer, sobre todo, en las calles y en saunas masculinas. Los que regentan estas últimas son conscientes de lo que se traen entre manos e incluso se llevan un porcentaje; también trabajan, en menor medida, en pisos y en locales de ambiente. Pueden llevarse unos cien euros por servicio completo, aunque ellos realmente se quedan muy poco o casi nada. El dinero va para las mafias.

Y, en caso de que no consigan lo suficiente, «los proxenetas les obligan a robar». Son casos en los que pueden actuar con bastante violencia, llegando incluso a utilizar la técnica del «mataleón» o estrangulamiento. Se han dado bastantes casos en portales de viviendas del barrio de Chueca, para hacerse con la cartera, un reloj de lujo o el teléfono móvil de última generación del cliente.

«Pero también es verdad que los chaperos reciben palizas en algunas ocasiones por parte de quienes les contratan, que incluso se niegan a pagarles», coinciden tres fuentes distintas consultadas por ABC.

Al final, nadie denuncia a nadie: «El mundo del ambiente es muy cerrado, en muchos sentidos. Un cliente al que le han robado no suele contárselo a la Policía, al igual que un hombre que vende su cuerpo tampoco lo hace. También nos resulta muy difícil realizar un censo de este tipo de prostitución; es incluso más fácil trabajar el ámbito de los transexuales».