En los años setenta los niños y jóvenes tenían que ir a un salón de juegos recreativos y echar una moneda en la máquina para disfrutar de un juego virtual
En los años setenta los niños y jóvenes tenían que ir a un salón de juegos recreativos y echar una moneda en la máquina para disfrutar de un juego virtual - ABC
La Transición: Así era España

Las Navidades que estuvieron a punto de convertirse en las más tristes de la historia

En diciembre de 1977 las empresas no podían afrontar la paga extra, los presos comunes amenazaban con motines y se redujo el alumbrado navideño para ahorrar. Mientras, se debatía la abolición de la pena de muerte y la despenalización de los anticonceptivos

MadridActualizado:

Las Navidades de 1977 estuvieron a punto de convertirse en las más tristes de la historia reciente de España. El 70 por ciento de las empresas reconocieron que no podían abonar la paga extra de Navidad a sus empleados, y miles de familias obreras temían que esas fiestas fueran peores que las anteriores.

España acababa de estrenar la democracia, pero aquella alegría se vio atenuada por las duras medidas de austeridad. Si no se aplicaban, la severa crisis económica amenazaba con echar a perder el recién nacido sueño democrático. Hasta el alumbrado navideño se redujo para ahorrar energía. Pero quien seguía amargando de verdad a los españoles era la banda terrorista ETA, que ese año asesinó a once personas y en plenas fiestas robó 132 kilos de explosivos en el País Vasco.

Los políticos redactaban la Constitución y debatían sobre la abolición de la pena de muerte y la despenalización de los anticonceptivos y el adulterio. Y las autoridades temían un estallido general de violencia en las prisiones españolas si no había un indulto generoso. Tras la amnistía a los presos políticos, los presos comunes reclamaban también su libertad.

Al final, la sangre no llegó al río ni con la paga extra ni con los presos. Por un lado, la autoridad monetaria facilitó 50.000 millones de pesetas a la Banca para que socorriera a las empresas y éstas pudieran abonar la paga de Navidad. Y, por otro, se concedieron por primera vez a los presos permisos de Navidad, y la mayoría, casi todos, regresaron voluntariamente a las cárceles, aunque alguno aprovechó esas horas de libertad para volver a delinquir.

Aquella Navidad no hubo fútbol «por respeto tradicional, espiritual y religioso», según anunció la Federación. En aquellos años, diez de cada diez hogares no tenían televisión, y en esas casas se escuchaba por radio el Mensaje de Navidad del Rey. Ya entonces Don Juan Carlos dijo que «la prosperidad, la libertad y la paz no se consiguen sin estar unidos».

La televisión, que solo tenía dos canales, empezaba a emitir a las 13.15 horas y terminaba a las 22.45. En la pantalla -todavía en blanco y negro- se podía ver al periodista José María Íñigo presentando «Esta noche...fiesta», a Kiko Ledgard en el «Un, dos, tres» o series como «Starsky y Hutch». Casi todas las Navidades se emitía de nuevo la película «Mujércitas» en su versión original y en el Especial de Nochebuena de 1977 intervinieron Joan Báez, Jarcha, Violeta Parra, José Luis Perales y Raphael, entre otros.

Agobiados por la crisis económica, los españoles compraron ese año más lotería de Navidad que nunca antes (32.500 millones de pesetas), a pesar de que el décimo había doblado su precio respecto año anterior y pasó a costar 2.000 pesetas (unos 12 euros). Pero en tonces era muy frecuente comprar participaciones de un décimo. El Gordo estaba premiado con 20 millones de pesetas (algo más de 120.000 euros).

En aquella época, una de las canciones que más sonaba era «Un pueblo es», de María Ostiz, y Bibi Anderson se convertía en una estrella. En los cines de Madrid se estrenaba «Mac Arthur, el general rebelde» y se exhibían «Jesucristo Superstar» y «Rocky», y en los teatros triunfaba «El diluvio que viene». Pero los cines y teatros también ofrecían otras obras propias de esa época de «destape» tras décadas de censura, como «Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo pero temía preguntar» o «Mi marido no funciona».

Como regalo de Navidad, se anunciaban las cámaras de fotos Werlisa, «de fácil manejo», en las que se podían introducir rollos de 35 mm en color y blanco y negro para doce, veinte o treinta y seis fotos. Costaba 1.500 pesetas. El Corte Inglés ofrecía todo tipo de regalos, discos y casettes con villancicos (tres por 625 pesetas), adornos navideños, vestidos de fiesta, juguetes, menús y platos preparados.

Aquel año, el día de Navidad murió Charlot mientras dormía a los 88 años de edad, y con él, decía ABC, «murió la risa universal».