La Transición Española

Democristianos: la opción política que se quedó sin espacio en España

Joaquín Ruiz-Giménez dejó la política tras la derrota electoral de 1977. En 1982 fue nombrado Defensor del Pueblo

El democristiano Jooaquín Ruiz-Giménez, en una fotografía de 1978
El democristiano Jooaquín Ruiz-Giménez, en una fotografía de 1978 - Archivo ABC
Roberto Pérez Madrid - Actualizado: Guardado en:

La democracia cristiana se quedó sin espacio, sin hueco en la España de la Transición, al contrario de lo que ocurrió en otros países europeos e iberoamericanos. Incapaz de despuntar de entre la competitiva «sopa de siglas» -enorme lista de partidos que compitieron en las primeras elecciones generales tras el franquismo-, los democristianos plegaron velas y dirigieron sus pasos en direcciones múltiples y variadas: unos pasaron a la UCD, otros a Alianza Popular (AP), los hubo que se sintieron más identificados por el PSOE y, por supuesto, no faltaron los que optaron por dejar la política activa.

Uno de los protagonistas de ese intento de la democracia cristiana por ser nombre propio y contar en la política nacional fue Joaquín Ruiz-Giménez. Desde el ala izquierdista de los democristianos españoles, resumía sus postulados políticos con la definición de «humanismo no marxista».

Tras haber crecido políticamente en el seno del franquismo, acabó convirtiéndose en un crítico de la Dictadura, en un díscolo cuyo activismo le situó como enemigo del núcleo más duro del régimen.

Ruiz-Giménez había sido embajador ante la Santa Sede antes de que, en 1951, fuera nombrado por Franco ministro de Educación. Asentado ideológicamente en la influencia democristiana, empezó a aplicar esos postulados al proceso de reformas que trató de impulsar desde el Ministerio de Educación y que no llegaron al término que él pretendía. Su final al frente del Ministerio fue accidentado y había empezado a ser visto de reojo por los más fieles al franquismo.

A partir de ahí empezó un activismo crítico desde el propio régimen, del que se apartó de forma cada vez más notoria. En 1963 fundó Cuadernos para el Diálogo, aventura editorial de la que participó también, entre otros, Gregorio Peces-Barba, uno de los «Padres de la Constitución» de 1978. Peces-Barba también bebió de esas fuentes democristianas de izquierdas, desde las que pasó a integrarse en el PSOE en los primeros años 70. Ruiz-Giménez, sin embargo, optó por seguir su propios pasos en la política.

Izquierda Democrática había surgido como grupo ideológico en la recta final del franquismo y participó de la Plataforma de Convergencia Democrática creada en 1975 y de la que formaron parte también socialistas, socialdemócratas e incluso comunistas. A la muerte del dictador, Izquierda Democrática se convirtió en partido político. Su cabeza visible fue Joaquín Ruiz-Giménez.

Junto a otra formación democristiana de corte más conservador, la liderada por José María Gil-Robles, conformaron la Federación Demócrata Cristiana.

Los intentos por agrupar las distintas corrientes democristianas fracasaron por partida doble. Fundamentalmente, por el inmediato fracaso en las urnas; y, a la vez, por las profundas diferencias entre las distintas corrientes de los grupos de la democracia cristiana española.

La Federación Demócrata Cristiana acabó disgregándose. Se quedó, en la práctica, sin hueco. La corriente izquierdista de los democristianos no fue capaz de encontrar un mínimo sitio por la izquierda electoral; los postulados moderados de centro se toparon con la exitosa fórmula de la UCD de Suárez; y las corrientes más conservadoras de los democristianos acabaron a la sombra de Alianza Popular.

Tras la derrota electoral de junio de 1977, Izquierda Democrática abandonó la Federación Demócrata Cristiana, y el 14 de enero de 1979 acabó disolviéndose como partido político. Joaquín Ruiz-Giménez, por su parte, abandonó la política tras esa derrota de las urnas de junio de 1977. Un lustro más tarde saltó de nuevo a la primera línea de la actualidad política el nombre de este catedrático, doctor en Derecho y licenciado en Filosofía y Letras: a iniciativa del PSOE, Joaquín Ruiz-Giménez fue elegido primer Defensor del Pueblo. Estuvo en el cargo de diciembre de 1982 a diciembre de 1987. Entre 1989 y 2001 fue el presidente de Unicef en España. Murió el 27 de agosto de 2009, a los 96 años.

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