Alfonso Osorio (i) junto a Manuel Gutiérrez Mellado (c) y Adolfo Suárez tras aprobarse en 1976 la Ley para la Reforma Política
Alfonso Osorio (i) junto a Manuel Gutiérrez Mellado (c) y Adolfo Suárez tras aprobarse en 1976 la Ley para la Reforma Política - ABC
Entrevista

Alfonso Osorio: «El sistema democrático es imperfecto por la Ley Electoral»

El que fuera vicepresidente con Adolfo Suárez mantiene intacta, a sus 93 años, una memoria en la que está guardada en su totalidad la etapa de la Transición

MadridActualizado:

Monárquico de convicción y hombre de confianza de Adolfo Suárez. Alfonso Osorio se erige como uno de los protagonistas de la Transición española primero desde el Gobierno y luego desde el Senado. Suyos son buena parte de los nombres que conformaron el primer Gobierno de Suárez e, incluso, más adelante este le ofreció presidir el Senado.

Tras el primer Gobierno de Suárez, fue nombrado senador por designación real, una figura ya extinta, pero que él se empeña en tratar de recuperar. Ahora, 40 años después de las primeras elecciones democráticas de España tras la dictura, continúa recordando, a sus 93 años, todos los detalles de aquella época de consenso en la que se fraguó la actual democracia.

Usted estuvo presente con Suárez en su primer Gobierno como vicepresidente y luego fue senador. ¿Cómo definiría la Transición?

Creo que es uno de los momentos más importantes de la historia de España. Se tomó la decisión de olvidar los enfrentamientos entre todos los españoles, establecer un sistema democrático, imperfecto, y permitir que todos los españoles de todos los grupos y tendencias pudieran participar en las elecciones del 15 de junio de 1977.

¿Considera que la Transición era un momento demasiado convulso y complicado como para dedicarse a la política?

Era un momento difícil porque tanto los españoles del régimen de Franco como los españoles que estaban en el exilio tenían el interrogante de qué régimen político iba a existir en España en ese momento. La inmensa mayoría de los españoles decidimos que España tenía que ser un país democrático, de convivencia, en el que todos los españoles pudiésemos convivir en libertad.

¿Dudó en algún momento de que triunfara el proceso democrático que se estaba abriendo?

Hubo grupos procedentes del régimen de Franco que querían continuar el régimen autoritario. Había también gente de la oposición tipo Grapo o Frap que querían establecer un régimen comunista. Ni el propio PCE les siguió. No contaban para nada.

Decir como se está diciendo por algunos historiadores y políticos jóvenes que no se contó con ellos, hay que decirles que, si tienen buena memoria, no se podía contar con ellos porque no habían nacido.

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Ciertos grupos políticos critican fervientemente esa etapa de España. ¿Cree que hacen justicia a la historia?

No hacen justicia. Tienen todo el derecho a participar en los procesos democráticos. Lo cierto es que representan una posición neocomunista. No es ni comunista a la antigua usanza de la URSS, sino un neocomunismo mezcla de lo que han hecho los Castro en Cuba y Maduro en Venezuela. No hay más que ir a esos país para darse cuenta de que no es deseable esa situación para España. Con el paso del tiempo veremos que sus ilusiones se desharán por la propia fuerza de las cosas.

Ha hablado de que el sistema político que se instauró era imperfecto. ¿En qué sentido?

Imperfecto en una sola cosa: se hicieron en la ley electoral listas cerradas y bloqueadas. Maurice Faure, presidente de la comision del Parlamento Europeo que seguía la Transición, me dijo reiteradísimas veces que eso era crear una partitocracia. Y lo que se ha creado no es una democracia representativa como la francesa o inglesa, sino una partitocracia como fue la italiana. Ese problema está ahí, hay que resolverlo. Los partidos son correas de transmisión entre la opinión pública y el Gobierno o el Parlamento. Hay que resolverlo si se quiere que España sea una democracia absolutamente occidental.

¿Ganaría España en valores democráticos solucionando ese problema?

Un sistema representativo no rompe el contacto del elector con su elegido. Cuando uno vota, no sabe a quién vota, solo conoce a su líder. En Inglaterra el elector sabe a quién vota y tiene contacto con él en toda la legislatura. Es triste decir que los procuradores de Franco tenían más contacto con los ciudadanos que un diputado de ahora. El electorado es el jefe del partido, y eso no es bueno. Y hasta que las ejecutivas de los partidos no se convenzan de ello, no habrá un sistema democrático verdaderamente limpio.

Usted, junto a Suárez, le ayudó a conformar su primer Gobierno eligiendo a los ministros

Entre los nombres que propuse a Suárez, había mucha gente de la Asociación de Propagandistas. Estaban desde Landelino Lavilla hasta Marcelino Oreja, Enrique de la Mata... y Adolfo incorporó a su gran amigo Fernando Abril.

¿Se arrepiente de algún nombramiento?

No me arrepiento de ningún nombramiento. Ese Gobierno dio una palabra, y un año más tarde la cumplió. Se celebraron las elecciones democráticas y se estableció un sistema parlamentario. Cumplimos en todo.

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¿Su marcha de UCD estuvo motivada por el viraje al centro-izquierda?

No había pactado con Suárez ser vicepresidente como se dice, no es cierto. Pactamos que yo aportaba al Gobierno lo que pudiésemos denominar como un grupo anclado en el humanismo, y Adolfo Suárez lo que podemos llamar los jóvenes reconvertidos a la democracia. Adolfo, una vez terminadas las elecciones, me dijo que iba a gobernar el centro-izquierda. Él era socialdemócrata, y le dije que para esa actividad no contara conmigo porque yo nunca lo he sido ni voy a serlo jamás.

En términos generales, ¿qué balance hace del Gobierno de Suárez en el que usted participó?

Hago un balance magnífico del Gobierno de Suárez. Creo sinceramente que pocas veces ha habido en España un Gobierno tan coherente, con sentido de la realidad, con tal cantidad de respeto entre todos, porque lo que nos importaba era el objetivo, no ambiciones de poder. Queríamos servir al bien común, a los españoles.

Suárez era un hombre de país, muy moderado en sus intervenciones. ¿Cree que se ha perdido ahora ese respeto y la coherencia política?

Se ha perdido bastante. Han sustituido a los pensadores que hubo por los sociólogos. Y los sociólogos, salvo alguno de gran calidad, son poco de fiar.

El consenso fue un aspecto capital en la Transición. ¿Se ha dejado atrás el espíritu de consenso?

En cierta medida, sí se ha perdido. Lo que se resiste mal es que un partido gobierne demasiado tiempo. La derecha aguantaba con reticencias el largo y buen Gobierno de González. La izquierda aguantaba mal a Aznar, a Rajoy. Hay hombres que aspiran a servir el bien común, y otros para ejercer el poder.

Cambiando de tema, usted fue nombrado también senador por el Rey. ¿Cómo recibió la noticia?

Estaba almorzando en un restaurante. Me llamó el camarero diciendo que me llamaba el Rey. Le dije que si era una broma, y efectivamente era el Rey.

¿Cómo se afronta un cargo como el de senador tras tantos años sin esta cámara?

Se afronta bien, como cualquier otro cargo. Lo que hice es una cosa: no me incorporé al grupo de UCD, sino al de senadores reales. Habiendo sido designado por el Rey, creía que no debía estar en ningún partido político. Yo era senador de una sola persona, del Rey, y tenía que ser leal al Rey, no a ningún partido.

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¿No resultaba contradictorio con los valores democráticos que 41 senadores fueran elegidos por el Rey y no por los ciudadanos?

Al redactar la Constitución, se equivocaron al suprimir los senadores reales. Hay muchas personas del mundo de la empresa, la cultura, que nunca se les ocurriría presentarse a diputado, pero que sí pueden estar en el Senado exponiendo una voz independiente respetada por todos los ciudadanos. ¿Quién no respeta a un académico de la RAE o un gran artista de teatro? Habría sido bueno mantenerlo, con la única condición de que no hubiera entre ellos ni un solo político.

Entre los senadores había grandes personalidades. ¿Cree que acertó el Rey con los nombramientos?

La elección de aquellos senadores fue plenamente acertada. Estaban Cela, Marías, Luca de Tena... Eran todos personas de gran prestigio nacional.

¿El Rey deseaba que usted fuera presidente del Sendo?

No lo sé. Adolfo me ofreció que yo fuese presidente del Senado. No sé si por decisión suya o del Rey. Entonces le dije que categóricamente no porque yo era un senador real, designado por el Rey. Todos los partidos políticos cuyos senadores habían sido elegidos por el pueblo iban a protestar, teniendo consecuencias para el Rey. Iban a decir que el Rey se reserva la presidencia del Senado nombrando un senador real. Y los senadores reales debían estar para representar grandes hitos de la cultura o el pensamiento. No quería contribuir a perjudicar al Rey con esa designación.

¿Le sorprendió que el Rey confiara en usted para ser senador?

No. Siempre he sido monárquico de convicción. La Monarquía es el mejor régimen para España. A este país tan diverso y complicado, la Monarquía le viene muy bien.

¿Cómo calificaría el papel del Rey Juan Carlos?

El Rey Juan Carlos fue el motor de la Transición. Sin él, hubiese sido imposible. Hay gente que se atribuye gran importancia, pero el que tuvo gran importancia fue el Rey.

En clave constitucional, ¿ha envejecido bien nuestra Carta Magna?

La Constitución no ha envejecido mal. No es técnicamente una buena Constitución porque una Constitución de consenso no puede ser necesariamente perfecta desde el punto de vista jurídico-formal. Tiene sus defectos. El Título VIII fue una improvisación. No se estudió suficiente, había urgencia, y se podía haber redactado de otra manera.

Debería haberse dejado clarísimo la separación de poderes, es decir, que sean los diputados los que elijan a los jueces para el CGPJ hace que los jueces dependan del poder legislativo, y del ejecutivo. Pero todo eso son cuestiones facilísimas de resolver. Invitaría a los políticos a que se pongan a ello y hagan una reforma de la Constitución. No de toda, sino de aquellos puntos que se han manifestado como débiles.

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En relación a Cataluña y País Vasco, ¿fue erróneo reconocer en la Constitución que en España había nacionalidades?

El problema autonómico que había en España era con País Vasco y Cataluña. El País Vasco se unió a la Corona de Castilla voluntariamente. En el caso de Cataluña, su afán autonómico era más reciente y tenía mucha menos justificación. Con una autonomía inteligentemente redactada para una y otra región, y una descentralización generalizada para el resto bien hecha, hubiera sido mucho más eficaz. El café para todos ha tenido una consecuencia: cada vez que se hacía una concesión para una autonomía, las demás decían que ellas también. Estábamos en un circuito diabólico en el que todos querían tener lo más posible. Sería conveniente reconstruir la situación, como hacen los alemanes.

¿Qué consejo le daría a la nueva política actual como protagonista de aquella época de consenso que fue la Transición?

Les recomendaría, primero, calma, y segundo, buena educación. Al Congreso se va representando con dignidad a todos los españoles. No debe haber ni vestimentas absurdas dignas de un campo de fútbol ni palabras excesivamente altas unas más que otras, ni insultos. Tendrían que hacer un pacto de moderación, cautela y prudencia, es decir, comportarse como señores y no como otro tipo de personas.