LA RICA ESPAÑA

Bisonte europeo: el gran herbívoro que España necesita para no arder

Distintos proyectos en Castilla y León, Asturias y Cataluña buscan la continuidad de la especie y el desarrollo rural fijando población y generando empleo a través del turismo

Bisontes europeos
Bisontes europeos - Jan Sochacki

«Cuando el bisonte está en algún sitio y la población se ve favorecida por la especie, por su gestión y por los recursos que produce, allí no se instalan otros aprovechamientos lesivos para el medio ambiente: industrias, minas, residuos.... Si las zonas no tienen recursos las iniciativas contaminantes son más fáciles de implantar», explica Fernando Morán, miembro del Grupo de Especialistas en Bisonte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La propia biología de este animal ayuda a gestionar el medio: el bisonte come madera, literalmente, por lo que su actividad deforestadora produce más pasto y hábitats en mosaico, permitiendo una mayor entrada de luz en los parajes más escondidos -donde se refugia cuando no se está alimentando- y un aumento de la vida en toda la cadena. «Cada bisonte es una desbrozadora gigante, como un hato de cabras, que actúa sobre el matorral y forestal ocupando un nicho muy necesario ahora que tantas hectáreas se están quedando vacías de ganado y gestión», comenta el veterinario. España, por su clima, necesita a los grandes herbívoros más que otros países europeos: «Si no hay pastoreo -siega a diente-, la mayor parte del territorio arde».

«El bisonte genera empleo sostenible de calidad y fija población rural», asegura Morán, en alusión a los territorios que desarrollan en la actualidad proyectos de conservación de la especie, dado que se vuelven «mediáticos» y «se colocan en el mapa». Se pueden citar, por ejemplo, la Reserva del Bisonte europeo de San Cebrián de Mudá (Palencia), el Museo de la Fauna Salvaje de Boñar (León), la Reserva de Valdeserrillas (Valencia), la Reserva de Bisontes de Campillito (Plasencia), Paleolítico Vivo (en las inmediaciones de Atapuerca) o el Parque de la Prehistoria de Teverga (Asturias).

«Cuando comenzamos en 2009 había unos 40 bisontes en España. Todos ellos, en zoológicos -donde llevan presentes tres décadas-. Algunos eran híbridos y no contaban para el cómputo de la población y para su conservación. Ahora, estamos en unos 80 ejemplares», se congratula el director del Centro de Conservación del Bisonte Europeo en España. Desde ese año han nacido seis bisontes en los proyectos más importantes que coordina la institución. Aunque también ha habido bajas. «Puesto que no ha vuelto a pasar, sospechamos que en ese proyecto -se refiere a aquel donde murieron en 2013 todas las reses que fueron trasladas hasta una finca del concejo asturiano de Villayón-, los animales sufrieron una intoxicación -en su momento no se pudo determinar el origen de la misma o si ésta fue natural o intencionada- llevándoles a su fin pese a los cuidados», se lamenta Morán.

A nivel mundial cada año nacen 150-200 bisontes. Muchos centros de cría y/o zoológicos no participan en los programas internacionales de recuperación, por lo que la UICN prioriza el envío de bisontes a aquellas iniciativas que reúnen mejores posibilidades para la especie. «España es un objetivo clave porque en la montaña cantábrica hay miles de hectáreas sin aprovechamiento ganadero, así como en su vertiente sur, en Pirineos, Galicia, sierra de la Demanda... No encuentras casos similares en Francia, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Dinamarca, Alemania, Italia, Austria o la República Checa», asevera Morán.

Menos efectivos que de rinoceronte negro

«Se pueden criar bisontes en cualquier superficie. En el zoo de Barcelona lo llevan haciendo en 500 metros cuadrados desde hace años. Y cualquier iniciativa de cría suma población y conocimiento sobre la especie. Pero es preferible un área de 3.000 hectáreas (ha) donde se pueda desarrollar una población de 300 ejemplares a un centro de cría con tres ha, donde sin alimentación suplementaria se podría mantener a lo sumo a una pareja», explica el verterinario.

En 2015 hay activos ocho proyectos de más de 200 hectáreas en Europa (sin incluir a Polonia, que considera a los bisontes patrimonio natural del estado y los cría en espacios abiertos). «Si la población de bisontes se incrementa y alcanza la capacidad del territorio que ocupan significa que se ha conseguido una población estable. Todo un logro, dado que existen menos de diez poblaciones en libertad o semilibertad», insiste Morán. Hay menos efectivos de Bisonte europeo (4.800 ejemplares, de los que solo 2.000 viven en libertad) que de rinoceronte negro en el mundo.

«En Polonia se gestionan las poblaciones de bisontes en libertad mediante la caza y el posterior aprovechamiento de su deliciosa carne en restaurantes, con lo que la generación de recursos es abundante. Si los propietarios de fincas y cotos de España decidieran mantener en ellas a un grupo de 20 bisontes la especie tendría camino llano para salir de la extinción (se necesitan más de 10.000 ejemplares). Y España sería el principal país de la Unión Europea en la conservación de la especie. No obstante, para eso falta un largo e incierto camino».

De momento, el reto a la vista guarda relación con el deseo expresado por el Gobierno de España, a través de su nueva Ley de Patrimonio Natural, para dar con una fórmula favorable para la recuperación del bisonte que «contemple todas las posibilidades de cría y aporovechamiento de forma no restrictiva». De este modo, España «participaría en la Directiva hábitats, que habla de designar zonas especiales de conservación para el bisonte, el cual merece una protección estricta», señala Morán. «Europa dice que hay que fomentar la especie, pero España no tiene una legislación clara al respecto. Los centros de cría están clasificados de forma dispar; en algunos casos los bisontes han venido como ganado, en otros como núcleo zoológico... No hay ningún proyecto en el que estén en libertad, en todos los casos tienen un dueño/responsable», continúa.

Colectivos rurales, organizaciones conservacionistas, ganaderos, administración y científicos celebran la vuelta de este emblemático animal que ha vivido en Iberia durante 1,2 millones de años y falta desde los últimos diez mil, concluye el director del Centro de Conservación del Bisonte Europeo en España.

Jan Sochacki

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