Dan Jones, en una de las calles de la zona vieja compostelana
Dan Jones, en una de las calles de la zona vieja compostelana - MIGUEL MUÑIZ

«En Youtube doy trucos a otros Asperger para facilitarles la vida»

Dan Jones tiene 22.000 seguidores en su canal. ABC charla con él sobre su éxito y su día a día con este síndrome, al que ha sabido darle la vuelta para convertirlo en su medio de vida

SantiagoActualizado:

Daniel Jones tiene 31 años, una novia, un canal de Youtube con 22.000 suscriptores y Asperger. No se puede decir que Dan padezca o sufra este síndrome, porque no es así. Ha aprendido a vivir con el trastorno hasta convertirlo en una salida laboral. De niño, Daniel era el raro, «asocial», dice. No es capaz de recordar el momento exacto en el que notó que había en él algo diferente porque, sonríe, «yo nací así». Como a la mayoría de los Asperger, a Daniel le gusta bromear, aunque no es capaz de interpretar las ironías ni las frases con un doble sentido. También le cuesta realizar labores propias de la vida cotidiana, como hacerse cargo del mantenimiento de la casa o salir a la compra.

«Tengo cinco calendarios diferentes y muchas rutinas». Si rompe alguna de ellas se pone muy nervioso, se disgusta y puede llegar a hiperventilar. «Se me viene todo abajo», resume. Este británico de visita en la capital gallega como participante en un congreso sobre autismo confiesa que es muy complicado para él encargarse de gestiones del día a día como las finanzas de la casa o seguir las normas de una lista. Por eso tiene planificadas todas sus comidas y vive abrazado a una rutina que le proporciona la estabilidad que necesita «para no colapsar».

«Tuve un momento muy malo cuando fui a una tienda a comprarme un sandwich y no tenían el pan que como siempre. Me puse muy nervioso, no me cuadraba que no lo hubiese, todo el mundo hablaba alrededor y entonces lo pasé muy mal, realmente mal... », ejemplifica cubriéndose la cara con las manos en señal de alarma. Sobre este síndrome, Dan explica que él tiene un coeficiente intelectual más alto de lo normal, pero es incapaz de entender los chistes o de saber cuándo tiene que dejar de hablar. También le molestan sobre manera los estímulos sensoriales a su alrededor. Eso explica que esté manteniendo esta charla refugiado en unas gafas de sol oscuras, de las que no suele separarse. «Me las pongo incluso en casa, cuando hay muchas luces», aclara.

3 de cada 1.000

El Asperger es una condición neurológica, dentro del espectro autista, que dificulta la interacción con el resto de individuos. Su prevalencia es de de 3 a 5 personas por cada 1.000 nacimientos, pero sigue siendo un gran desconocido. Por eso canales como el que Dan creó en Youtube tienen tanto éxito entre un colectivo creciente aunque invisible, que encuentra en las palabras y consejos de gente como Daniel un bálsamo y una tabla de salvación para su día a día. Los vídeos en los que este inglés trabaja desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche están dirigidos a otras personas con su mismo síndrome y contienen trucos y enseñanzas a propósito de cómo manejarse en situaciones «complicadas».

Al pedirle un ejemplo sobre estas técnicas, Dan echa mano del último momento estresante al que ha tenido que sobreponerse, su viaje en avión desde Inglaterra a Galicia. «Hay un vídeo en el que explico que en estos casos lo mejor es viajar con ropa cómoda, holgada. También recuerdo a mis seguidores que existe un sistema de acompañantes en el avión que nos ayudan a acomodarnos y evitar situaciones de estrés, derivadas de los ruidos o del propio dolor de oído que puede ocasionar el vuelo. Hacer listas antes del viaje también nos ayuda mucho», resume el youtuber.

Licenciado en química y con una inteligencia superior a la media, Dan tiene una escritura «horrible» y no puede vivir solo. Hasta los 29 años vivió con sus padres y ahora comparte piso con su pareja, una especialista en autismo. «Ella entiende cómo ayudarme a resolver problemas cuando, por ejemplo, voy de compras», aclara. El relato de Daniel, desde dentro del Asperger, revela las incoherencias de un trastorno que no entiende de sarcasmos ni de dobles juegos, pero que también tiene ventajas. Y Daniel se encarga de recordárselo a miles de personas cada día. «Nos permite centrarnos mucho en las cosas. Lo que para los demás es muy difícil, como analizar varias ecuaciones a la vez, para nosotros es muy fácil, una tontería. Somos muy contradictorios», se ríe.