PAZGUATO Y FINO

¿Y si al final Feijóo decide quedarse?

Si acaba optando a la sucesión, la máquina de picar carne que es la política madrileña le estará esperando


Actualizado:

Qué pregunta, dirán, ¡cómo va a decidir Feijóo quedarse en Galicia si tiene a medio PP y parte del otro suspirando porque dé el salto a Madrid para suceder a Rajoy! ¿En qué cabeza cabría que apartara de sí este suculento cáliz de ambrosía política cuando aparentemente no hay nadie dentro del partido que cuestione sus supuestas aspiraciones? Sería impensable, ¿verdad? Excluir esta posibilidad es jugar con las cartas marcadas, trampear el escenario hasta el punto de convertirlo en un calle de sentido único que desemboca en la planta séptima de Génova. Y por improbable que parezca, Feijóo tiene tantas o más razones para declinar el envite como para aceptarlo.

«Feijóo no puede negarse porque le debe todo al PP», repite el coro. Inviertan la afirmación. ¿Y cuánto le debe el PP a Feijóo? Enumeremos: recuperar Galicia tras la derrota de Fraga en la primera oportunidad que tuvo, en plena efervescencia del Gobierno Zapatero, salvando de paso la carrera política de Rajoy; consolidar dos mayorías absolutas inéditas en la España actual a pesar de un contexto político sacudido por la corrupción del PP y los recortes del Ejecutivo de Rajoy; y frenar la entrada de Ciudadanos en el Parlamento de Galicia, cortando de raíz su expansión territorial en la Comunidad. No hay deudas por pagar.

«Feijóo es el único que puede hacer que remonte el PP». Afirmación que incluso podría pasar por válida, ¿pero nadie tiene en cuenta que el PP no depende de sí mismo para regresar a un eventual Gobierno? ¿Y si la irrupción de Pedro Sánchez no es una mera interrupción de Ejecutivos del centro-derecha sino un cambio de ciclo político en toda regla, que puede extenderse más allá de la actual legislatura? ¿Está Feijóo, a sus 58 tacos, dispuesto a sacrificar los últimos años de su trayectoria profesional en un desafío de plazos inciertos? ¿No es legítimo que aspire a abandonar la política y se forje fuera de ella otra trayectoria de éxito? En política no hay mesías imprescindibles. Miren a Pedro Sánchez, de cadáver político a presidente del Gobierno en diez días. En el PP, el aspirante anónimo de hoy quién sabe dónde puede estar mañana.

«Feijóo tiene dentro una pulsión política y no puede frenarla». Sin duda, todo dirigente alberga legítimas ambiciones, desde el ciudadano anónimo que aspira a ser alcalde de su pueblo para mejorar la vida de sus vecinos al presidente autonómico que atiende la llamada para ser ministro o, en este caso, líderar un partido nacional. Estoy convencido de que Feijóo ha tenido esa pulsión en los últimos años. Pero hoy creo que hay prioridades personales que se anteponen a esa ambición. ¿Tiene derecho un político a primar a su familia por delante de la cosa pública? ¿Creen que los políticos realizan sacrificios sin importarles el coste familiar? Entonces es que han conocido a las personas equivocadas.

Vaya por delante que ignoro qué decidirá Alberto Núñez Feijóo. Y su decisión será el fruto de una honda reflexión en el que pondrá estos elementos (y muchos más) sobre la balanza. Lo que sí afirmo es que si el presidente de la Xunta tuviera clara su marcha, si estuviera poseído por una ambición ciega de poder, no llevaría semanas dándole vueltas al tema. Si finalmente juega sus cartas, esa máquina de picar carne que es la política madrileña le estará esperando. Acaban de darle una nueva mano de barniz a ciertas fotos náuticas. Que se ponga casco.