Isabel Fraga, gerente de Arroupa, en la tienda recién abierta en la calle Fernando Macía de La Coruña
Isabel Fraga, gerente de Arroupa, en la tienda recién abierta en la calle Fernando Macía de La Coruña - IAGO LÓPEZ
LAS MIL GALICIAS | LA TIERRA SOLIDARIA (Y V)

La tienda de las verdaderas segundas oportunidades

Cáritas acaba de abrir en La Coruña su primer establecimiento de ropa de segunda mano donde da empleo a personas en riesgo de exclusión. Ya hay trece contratados. Y aspira a muchos más

SantiagoActualizado:

Es mediodía en La Coruña cuando una señora se mira en el espejo una, dos y hasta tres veces. Se ve guapa. Ella misma se piropea y busca la aprobación de la dependienta, que —por supuesto— se la da. Ha encontrado la prenda que necesitaba: una americana en tonos vaqueros con un lazo en la espalda, a la altura de la cintura. Paga, perdona un céntimo de vuelta y abandona la tienda. Es una de las primeras clientes de Arroupa, el nuevo y «ambicioso» proyecto de Cáritas en la Archidiócesis de Santiago. Se trata de una empresa de inserción laboral creada el pasado noviembre que acaba de abrir su primer local en la calle Fernando Macía 1 de la capital herculina. Es la tienda de las verdaderas segundas oportunidades: no solo la ropa de segunda mano y el excedente de distintas marcas tiene aquí salida, sino que tras el mostrador o en el almacén central están personas en riesgo de exclusión social que ganarán experiencia y un anhelado sueldo.

Mientras el goteo de curiosos no se detiene, llega Isabel Fraga, gerente de Arroupa. «Abrimos el pasado 21 de julio por la tarde y estamos muy contentos con los primeros días —apunta—. A pesar de ser campaña de rebajas en el resto de tiendas, finales de mes y de que la gente está pensando más en la playa que en las compras, el funcionamiento en esta primera semana ha sido excelente». De las perchas cuelgan desde polos o chaquetas para caballero, pantalones o blusas para chicas hasta vestidos para quienes dan sus primeros pasos. Sobre las estanterías, complementos y calzado muy diversos con precios asequibles. Quien imagine un comercio lúgubre y sin gusto, se equivoca porque «Arroupa es como cualquier otra tienda», matiza Isabel.

«Somos dieciséis personas en plantilla, trece son trabajadores en inserción y tres ocupamos puestos de estructura», detalla. Junto a ella están Belén y Marco, que acompañan a los empleados en su proceso de formación. Pasarán por Arroupa durante dos años, un periodo que «en circunstancias excepcionales se pueden ampliar a tres». Su perfil es muy heterogéneo, pues proceden, entre otros, de programas de Cáritas destinados a personas sin hogar, víctimas de violencia de género o familias monoparentales sin recursos y con hijos a su cargo. Las tiendas son lugares de paso donde adquieren una serie de habilidades que «les ayudarán a encontrar un puesto de trabajo en el mercado ordinario». Con ese sistema de funcionamiento, las oportunidades se multiplican. El proceso está controlado por los servicios sociales tanto autonómicos como del municipio en cuestión. «No son trabajadores escogidos a dedo, sino que pasan por un proceso de selección muy rígido», advierte.

Hasta diez establecimientos

Pontevedra y Santiago inaugurarán su tienda Arroupa el próximo septiembre en la rúa Casas Reais y en Eduardo Pondal 22. La aspiración es poder abrir una decena. Es la segunda fase de un proyecto que comenzó hace más de medio año con un furgón y una nave en el polígono compostelano del Tambre, donde llegan las prendas desde roperos parroquiales, contenedores repartidos por distintos concellos y otras donaciones de firmas en liquidación. Todo tiene cabida: desde los uniformes de una empresa sin estrenar por algún defecto imperceptible hasta «ese regalo que no nos atrevemos a cambiar».

En el almacén se eligen aquellas piezas apodadas «crema» por ser las de mejor calidad: «Los criterios son muy exigentes, apenas tienen uso y adicionalmente pasan un proceso de ozonización que desinfecta, desinsecta y desodoriza. Entre los futuros compradores habrá un grupo «VIP». Quienes hasta ahora pasaban por los roperos de Cáritas, en adelante recibirán un vale con el que acercarse a Arroupa, escoger su prenda y pagar como uno más. «Así es cómo "arroupamos"», sonríe Isabel.