Aula vacía en una autoescuela
Aula vacía en una autoescuela - ISABEL B PERMUY

«Si los paros se alargan un poco más, nos vamos todos a la ruina»

Autoescuelas gallegas cifran en un 60% el descenso de alumnos a causa del conflicto

SantiagoActualizado:

Junio, julio, septiembre y ahora también octubre. La continuidad de la huelga de examinadores de tráfico para reclamar la mejora salarial comprometida por el Gobierno central en 2015 amenaza con poner contra las cuerdas a decenas de autoescuelas gallegas, que tras un verano en blanco a causa del conflicto, ven como el estancamiento de las negociaciones entre el comité de huelga y la Dirección General de Tráfico (DGT) amenaza con paralizar sus negocios también durante la campaña de invierno. «Con respecto al año pasado notamos un descenso del 60% en cuanto a número de matriculados. La huelga nos está haciendo mucho daño porque nuestra economía es muy justa. Somos pequeñas empresas y como los paros se alarguen un poco más, nos vamos todos a la ruina», explica José Manuel López, presidente de la Federación Gallega de Autoescuelas.

Como propietario de una academia, López sufre el conflicto en primera persona y destaca que, desde el inicio de los paros, cada vez son más los potenciales alumnos que evitan matricularse ante la incertidumbre que les supone no saber si podrán examinarse. «Entendemos que una huelga es lícita y que todo el mundo tiene derecho a reivindicar cuestiones de tipo salarial, pero en este caso los grandes perjudicados son los ciudadanos y empresas como las nuestras, que sin tener que ver en esta disputa nos sentimos rehenes de la situación», declara el presidente de la entidad, que recuerda que las conversaciones atañen únicamente a la DGT y al personal examinador, pese a tener una consecuencia directa sobre las academias.

Según las cifras que manejan los examinadores, los paros han provocado la suspensión de cerca de 300 pruebas al día en toda Galicia, un número «muy importante», según relata Vanesa Fernández, delegada de este colectivo en la Comunidad y miembro del comité de huelga, que apunta además que la anulación de estos exámenes se ha producido en plena temporada estival, el período en el que las academias «recuperan las pérdidas que tienen durante todo el año».

Ríos recuerda que la raíz del conflicto parte de la negativa de la DGT a aplicar la subida de 250 euros brutos comprometida después de que una directiva europea obligase a introducir cambios en el trabajo de los examinadores. «Somos uno de los pocos colectivos de la Administración general del Estado que tenemos que someternos a exámenes anuales y quinquenales para demostrar que tenemos las aptitudes y habilidades suficientes para desempeñar nuestro trabajo», critica Fernández, que añade este requisito a la «peligrosidad, penosidad» y la «responsabilidad» que implica su labor diaria.

La delegada de los examinadores gallegos admite ser consciente del prejuicio que el conflicto supone para los ciudadanos y las academias. Con todo, le reprocha a estas últimas que no hayan reclamado formalmente al director general de Tráfico «que ponga fin a esta situación». «Entendemos que lo están pasando mal, pero nosotros también lo estamos pasando mal y reivindicamos lo que nos pertenece».

Sustituidos por militares

Para poner fin a otra de las demandas de este colectivo, la escasez de plantilla, la DGT baraja la incorporación de militares al cuerpo de examinadores; una medida que celebra la representante gallega, aunque reclaman que esas posibles incorporaciones cumplan con todos los «requisitos legales». «Somos personal funcionario, por lo tanto los militares que entren tienen que ser también personal permanente de carrera y no personal laboral con contratos no indefinidos, como son muchos militares. Nuestra asesoría jurídica estará atenta», explica Vanesa Fernández.

Por parte de las autoescuelas, el presidente de la federación gallega, José Manuel López, ve factible cualquier tipo de medida que permita la celebración de los exámenes, e incluso pone encima de la mesa la posibilidad de «externalizar el servicio» como ya ocurre —señala— en países de nuestro entorno como Francia, Alemania o Luxemburgo.