Juan Soto - EL GARABATO DEL TORREÓN

Rimski-Korsakov y los tontisordos

Entre la caterva nacionalista hay de todo, como en botica, pero abundan los sordos y los tontos. Sordos musicales y tontos generalistas

Juan Soto
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En esta oscura capital de provincia existe, además de un conservatorio profesional, una escuela de música, de tutela municipal y, por lo visto, con bastante éxito de público, o sea de matrícula, concepto que, como es bien sabido, suele tasarse en cantidad más que en calidad. La dirección del centro afronta ahora una cuestión peliaguda: o declara persona non grata a Rimski-Korsakov o una concejala del BNG, enemiga personal de la musa Euterpe, exigirá el cese inmediato del claustro profesoral. Así, fulminantemente y sin anestesia.

¿Cuál es la razón para arrebato tan furibundo? Pues que la prójima considera que Sherezade, de cuya existencia tuvo conocimiento el otro día con motivo del concierto de fin de curso, incita a la violencia machista, deducción que sin duda llenaría de perplejidad no sólo al propio compositor sino al sapientísimo Gerald Seaman, su infatigable exégeta, tantas veces manoseado por los korsakovistas de medio mundo.

Entre la caterva nacionalista hay de todo, como en botica, pero abundan los sordos y los tontos. Sordos musicales y tontos generalistas. La cosa tendría gracia si los tontisordos no se pasaran de la raya. Porque esto de arrojar a la hoguera todo lo que desconocen (que es mucho) o les resulta sospechoso (que es más) ya se sabe cómo puede acabar. Hacer pira con compositores «desafectos» viene de atrás. La intolerancia musical del estalinismo vetó a Beethoven y a Listz por «ajenos al proletariado». Y a Bach («hombre de la Iglesia»). Y a Tchaikovski y a Stravinski y a Schonberg y a muchos más. Y en la Alemania nazi, Goebbels, guía y maestro de cualquier tropa de obtusos, acuñó el famoso marbete de «música degenerada» y lo aplicó a toda la que iba de Mendelssohn a Mahler. De los músicos que el franquismo condenó al exilio o al ostracismo, ya se ha dicho casi todo: nuestro paisano Jesús Bal y Gay supo algo de eso.

En resumidas cuentas, para los nacionalistas tontisordos no hay más música que la de Veiga. Porque suya es la partitura del himno gallego, por supuesto. Pero si llegan a enterarse de que fue organista de iglesia y, además, compuso motetes, panxoliñas y marchas procesionales por docenas, también nos lo mandan al fuego purificador. Como a Rimski-Korsakov. Pobriños.

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