Galicia

Un policía señaló al ladrón del «Códice» tres días después de la denuncia del robo

Se cumplen cinco años del hallazgo del valioso manuscrito. ABC accede al escrito de un agente que destapó al electricista un año antes de su detención, y dio las claves del caso

Manuel Castiñeiras, a su entrada a los juzgados de Santiago durante la vista por el robo
Manuel Castiñeiras, a su entrada a los juzgados de Santiago durante la vista por el robo - EFE

Hace cinco años, el 4 de julio de 2012, las miradas de media España se concentraron en un polvoriento garaje de una localidad próxima a Santiago de Compostela donde, entre bolsas y cachivaches, apareció el «Códice Calixtino». Ese día se puso punto y final a una investigación que se había iniciado un año antes, cuando el deán de la Catedral compostelana alertó de que esta joya literaria del siglo XII, primera guía del Camino, faltaba de la caja fuerte que lo custodiaba. La denuncia del robo se interpuso un 5 de julio en la comisaría de la Policía Nacional de la capital gallega y enseguida activó todos los dispositivos de alerta. No había certeza de cuánto tiempo llevaba el manuscrito en paradero desconocido, aunque sí se sabía que dos meses antes de que el archivero lo echase en falta había sido mostrado a personal del Ministerio de Cultura.

Informe del agente
Informe del agente- ABC

En la estancia donde este valioso documento se guardaba no se encontraron cerraduras forzadas ni rastro de un robo que trajo de cabeza a los investigadores durante doce largos meses. La habitación fue escrutada al milímetro, al igual que el resto de la basílica. Se tomaron decenas de testimonios, se comprobaron las imágenes de las cámaras de seguridad y se pincharon los teléfonos de las personas que a diario frecuentaban los pasillos del templo. De la investigación, que no tardó en ocupar los titulares de todos los medios, se hizo cargo la Brigada de Patrimonio Histórico. Sus agentes se desplazaron a la capital gallega y trabajaron in situ y mano a mano con efectivos de la comisaría de Santiago. Entre ellos, un veterano agente —«bregado en las calles», como lo definen sus compañeros— que solo un día después de que el robo del «Códice» saltase a la luz pública redactó un revelador informe en el que aportaba todas las claves para la resolución del mediático caso.

Ese escrito, al que ha tenido acceso ABC, fue fechado el 8 de julio de 2011 y está dirigido al comisario jefe. En él, este agente de la UPR (Unidades de Prevención y Reacción) pone en conocimiento de la investigación la existencia de «un tal Manuel Fernández Castiñeiras» que, en opinión del policía, pudiera ser la mano negra que sustrajo el valioso manuscrito. Negro sobre el blanco, el agente detalla que este hombre «estuvo de electricista en la Catedral hasta hace dos años, siendo despedido al ser sospechoso de varias sustracciones». También reseña el agente «el amplio conocimiento que manifiesta tener de la Catedral, así como que se jacta de tener diversas antigüedades pertenecientes a la Iglesia».

Yendo un paso más allá en su redacción, el curtido agente incorpora que «no parece que existan ingresos en la unidad familiar, teniendo un alto poder adquisitivo, con numerosas propiedades inmobiliarias». Y finalmente, subraya que «este sujeto está sin motivo aparente y de forma asidua en la Catedral, así como al parecer, desde su despido, no tiene mucha simpatía hacia la Iglesia, manifestando en ocasiones que se vengaría». El sucinto documento remata con un «lo que se comunica por si pudiera ser de utilidad y a los efectos oportunos».

Su particular vendetta

Quince personas formaron parte de la primera selección de sospechosos con la que los investigadores empezaron a tirar del hilo. Entre ellos estaba Castiñeiras, este sexagenario taciturno y callado ligado a la basílica desde hacía tres décadas. Pero no fue hasta un año más tarde cuando las pesquisas de la Brigada derivaron en la detención del, a la postre, bautizado como «ladrón del Códice».

Durante el juicio por el robo se supo que la investigación llevaba tiempo detrás de sus pasos, y que evitaron precipitarse por el miedo a que el electricista se deshiciese del manuscrito. Quisieron atarlo todo para proteger el libro, que finalmente apareció oculto en un garaje próximo a la casa del acusado. Esa maratoniana jornada la comisión judicial también descubrió un millón doscientos mil euros, un valioso «Libro de Horas» medieval, correspondencia de los canónigos de la Catedral y llaves de acceso a diferentes estancias eclesiásticas.

El juicio por el sonado robo arrancó en enero de 2015 y dejó al descubierto todos los secretos de un templo que había padecido durante años los desfalcos del electricista. A este hombre, pío y reservado, le pudieron las ansias de revancha contra una curia que acabó por desconfiar de él. Y ésa fue su condena. «Manifestó que se vengaría de la Iglesia por su despido», había apuntado el avezado policía nada más saltar el caso. Manuel Castiñeiras fue condenado a nueve años de cárcel por el robo del «Códice» y a 190 (que se limitarán a 3) en un juicio paralelo por llevarse durante años la correspondencia de sus vecinos. El primer agente en señalarlo disfruta, cinco años después de la resolución del caso, de su jubilación.

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