La noble Leonor González de Saz, arrodillada ante la Virgen en un relieve que ella misma ordenó elaborar
La noble Leonor González de Saz, arrodillada ante la Virgen en un relieve que ella misma ordenó elaborar - CEDIDA

El «poder» femenino en la Galicia medieval

Aunque lejos de experimentar una igualdad real, investigadores gallegos logran documentar el papel «sumamente activo» que durante la Edad Media ejercieron las mujeres gallegas como propietarias, mecenas o incluso como políticas

SantiagoActualizado:

Ni sumisas ni encerradas en casa relegadas al trabajo doméstico. Las mujeres gallegas ejercieron durante la Edad Media un papel «sumamente activo» en la sociedad de la época como propietarias, mecenas o incluso como políticas. Es al menos el retrato que un grupo de investigadores de la Comunidad reflejan en el libro «Mujeres con poder en la Galicia medieval (siglos XIII-XV)», una publicación editada por el CSIC que documenta cómo la presencia femenina en determinadas esferas de la sociedad de la época destierra muchos de los tópicos que conservamos en la actualidad. «Aunque en el periodo medieval no cabe esperar una igualdad real, lo cierto es que el papel familiar y social de las mujeres y el alcance mismo de sus actuaciones van mucho más allá de los tópicos que gustan recluirlas en el espacio doméstico», apunta en declaraciones a ABC Eduardo Pardo de Guevara y Valdés, coordinador de la publicación y delegado del CSIC en Galicia.

Según Pardo de Guevara, la extensa documentación manejada refleja cómo el rol femenino «iba más allá de la triple dimensión convencional de madres, hijas y esposas», sino que disfrutaban de «amplios márgenes de libertad» para intervenir, por ejemplo, en la gestión del patrimonio familiar, en los actos jurídicos o en la «afirmación social del linaje» y la perpetuación de su memoria. «La sociedad gallega de la época era eminentemente rural y ahí la mujer tenía un papel fundamental: estaban a cargo del ganado, gestionaban las propiedades de la familia e incluso, una de las grandes particularidades del caso gallego, es que a la hora de conceder los fueros lo habitual era que se hiciesen todos los documentos tanto para el hombre como la mujer, es decir, ellas tenían plena responsabilidad jurídica», relata Miguel García-Fernández, otro de los investigadores gallegos que ha participado en esta publicación.

Miguel García-Fernández, investigador
Miguel García-Fernández, investigador - CEDIDA

Además, la presencia femenina alcanzó también el ámbito político. Algunas de ellas ejercían el poder sobre determinados territorios por delegación expresa del rey en su papel de «tenientes». «Estaban al frente de castillos, tierras, cobraban impuestos, ejercían poderes judiciales, organizaban toda la intendencia para el monarca...», recalca García-Fernández. No solo eso. Su influencia se adentraba también en el campo religioso, llegando incluso a fundar instituciones o a ejercer como mecenas de grandes obras. «No solo lo hacían por religiosidad, también porque eran conscientes del papel que tenían ellas mismas en la sociedad y querían guardar su memoria. Tenemos documentadas obras de patrocinio femenino en donde ellas reivindican su poder, no ocultan su nombre ni el nombre de su familia», concreta el investigador, al tiempo que apunta que las mujeres de la época tampoco renunciaban al ocio. «Muchas también salen a las fiestas, a divertirse. Tengo documentada una mujer de la nobleza que prácticamente era ludópata: le encantaba jugar a las cartas, se iba a La Coruña, aSantiago y jugaba con todos», señala.

«No todo avance es progreso»

Pese a desterrar el «falso tópico del matriarcado gallego», los investigadores sí inciden en el peso de las mujeres —tanto nobles como del resto de clases sociales—en la Galicia de la época, en parte por su carácter fundamentalmente rural y «tradicional». Con el paso del tiempo y la llegada de la industrialización, aseguran, su papel fue perdiendo relevancia. «Cuando se avanza hacia la industrialización hay un cierto empeoramiento de la situación de las mujeres, ellas van a estar más ligadas a la casa, se va a considerar su salario como una pieza secundaria que contribuye simplemente al núcleo familiar, pero lo importante es el trabajo del hombre. Cabe destacar que no todo avance en el tiempo es progreso; en la Edad Media había unos márgenes de libertad que tenían las mujeres que se han ido perdiendo incluso en épocas posteriores», incide el historiador Miguel García-Fernández. «Cuanto más se formaliza el poder y cuanto más se asienta la industria, más se resiente su papel».