Alberto Varela - Crónicas Atlánticas

Pesadillas pasadas

Ojalá la comisión que se cree en el Parlamento para hablar sobre incendios sea productiva

Alberto Varela
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Hay quien piensa que en la discusión y en el reproche al prójimo está la salsa de la vida, pero ese gusto por la inestabilidad suele ser fruto de rencores pasados y frustraciones presentes, porque qué puede haber más reconfortante que el acuerdo y la confraternidad. Una vida tranquila es una vida feliz, no hay duda, y lo que sirve para lo cotidiano vale también para la política, porque aunque el consenso dé menos titulares que la bronca mejor nos iría si nuestros representantes se pusiesen más de acuerdo entre ellos y dejasen el drama y la acción para el cine.

Ojalá la comisión que se cree en el Parlamento para hablar sobre incendios sea productiva y sirva para algo más que para que se arrojen unos a otros los trapos sucios. A riesgo de ser tachado de cenizo auguro diálogos de besugos y sesiones en las que en vez de buscar salidas sus señorías se empeñarán en disparar para derribar el castillo enemigo.

Las aspiraciones políticas son legítimas, y la crítica constructiva no tiene por qué dolerle a nadie, pero a la hora de tratar un asunto tan complejo como el de los incendios el «y tú más» no lleva a ningún sitio, como tampoco lo hacen los posicionamientos maximalistas sin el mínimo parecido con la realidad. A todos nos gustaría una Galicia a rebosar de carballos y castiñeiros, pero el monte es el que es. Con su minifundismo, sus propietarios que quieren rentabilidad y su frondosidad casi ecuatoriana. Si a eso le sumamos un puñado de imprudencias y otro de locos del mechero el jaleo está armado y no hay dispositivo por grande que sea que lo pare.

Este es un asunto serio, de los que merecen posturas de país. Los que gobiernan tienen que escuchar a la oposición y ésta a su vez debería tragarse sus prejuicios y fobias e intentar ser constructiva. Ya habrá tiempo para sacar la navaja, ahora es momento de aportar soluciones, aunque sea por simple egoísmo. Algún día gobernarán y mejor sería si para entonces los fuegos son una pesadilla del pasado.

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