Tenzing Ngeyung y Tenzing Palmo, las dos monjas budistas gallegas, posan para ABC
Tenzing Ngeyung y Tenzing Palmo, las dos monjas budistas gallegas, posan para ABC - MIGUEL MUÑIZ

«La mitad de las monjas gallegas son tías mías»

«Mi gente estaba preparada; desde muy pequeña yo siempre había sido ‘la que busca’», dice Tenzing Palmo

San Amaro (Orense)Actualizado:

«La mitad de las monjas budistas gallegas son tías mías», afirma el sobrino más pequeño de Tenzing Ngeyung, y no miente. Tenzing Ngeyung y Tenzing Palmo, o Berta y Maripaz (antes de tomar los nombres dados por su maestro al acogerse al budismo), se ordenaron monjas hace dos años en una ceremonia en Los Ángeles. Ambas crecieron en familias de tradición católica —«yo estudié en las Carmelitas», apunta Tenzing Ngeyung— y llegaron al budismo tras una trayectoria de búsqueda de respuestas. «Desde pequeñita me rondaban cuestiones que no me resolvía la religión de mis padres, esa búsqueda siempre estuvo ahí, y la inclinación por lo espiritual también porque yo incluso barajaba lo de monja católica... Cuando en 2004 encontré el budismo una amiga del colegio me dijo «por fin, lo has encontrado»; parece ser que hasta me había cambiado la cara... La conexión fue en ese año, pero la decisión de hacerme monja tardó más. Tenía pareja, trabajo, vivía en La Coruña... hizo falta un tiempo para que las circunstancias fuesen más propicias y para decidirme a dejar toda la vida anterior y venirme aquí. Mi gente estaba preparada; yo siempre había sido ‘la que busca’», cuenta Tenzing Palmo.

«En mi caso chocó un poquito más. Mi madre tenía una vida espiritual muy grande, me dijo que le hubiese gustado más que fuese una monja ‘de las suyas’, pero aun así comprendió absolutamente todo. No llegó a verme ordenada pero entendió que viniese a vivir aquí, entendió mi búsqueda y me dijo ‘si es así, que no te importe lo que diga nadie’», expone Tenzing Ngeyung. «Y la segunda generación está muy orgullosa. Somos siete hermanos, estamos muy conectados con un grupo de Whatsapp. Hace un par de años, por el 8 de marzo, mi sobrino Mateo tenía que hacer una ficha sobre alguna mujer referente. Mi hermano me mandó la foto. La ficha decía algo así como ‘¿a qué mujer resaltas y por qué’?, y él, con cinco años, sobre una foto que se había hecho aquí conmigo en el monasterio, escribió: ‘A mi tía, porque es la primera monja budista de Orense y es muy valiente’», relata.

En su caso, indica, encontrar el budismo fue «como llegar a casa». «Siempre tuve cierta búsqueda espiritual, aunque no muy exhibicionista. Quienes me conocieron me definirían quizá por otro tipo de posicionamientos, en la solidaridad, o en la reivindicación social, que es donde me moví siempre, en el campo de la cooperación internacional y el comercio justo, pero que yo buscase canalizar mis inquietudes a través de la cooperación estaba muy relacionado con no entender la realidad del sufrimiento. Un día encontré la figura de geshe Tenzing Tamding y, sin haber visto lucecitas ni nada parecido —soy bastante práctica y de tierra—, dije ‘uy, aquí hay algo’. Empecé a profundizar un poquito y a partir de ahí fue muy rápido, muy automático. Muy rápidamente tomé la decisión de dejarlo absolutamente todo y solicitar permiso para este cambio», explica Tenzing Ngeyung.