Eduardo Quintás, ante la pancarta de rechazo a la mina en Arinteiro, Touro
Eduardo Quintás, ante la pancarta de rechazo a la mina en Arinteiro, Touro - MIGUEL MUÑIZ
Proyecto para extraer cobre

La mina que divide a O Pino y Touro

Colectivos vecinales de los municipios y también de Arousa denuncian el fuerte impacto para la ganadería y la pesca. La administración local y gallega la defiende siempre que cumpla con la legalidad vigente y sea segura

TouroActualizado:

En la aldea de Arinteiro, en el municipio coruñés de Touro, una gran pancarta anuncia el rechazo de los vecinos a la reapertura de la antigua mina de cobre. A unos doscientos metros de las casas se instalarían los depósitos que albergarán los residuos del proceso y el lugar podría acabar prácticamente cercado por las instalaciones. Pero la preocupación ante un posible accidente sigue el cauce del Ulla hasta llegar a la ría de Arousa, uno de los principales bancos marisqueros de Galicia. Los ayuntamientos de la zona han empezado a aprobar mociones rechazando la mina, que el alcalde de Touro y otros vecinos defienden apelando a la creación de puestos de trabajo.

Situada en el límite entre los municipios de O Pino y Touro, de la mina se extrajo cobre hasta el año 1986. Ante la caída del precio de este metal, la empresa Cobre San Rafael decidió cambiar su actividad y usarla para la extracción de áridos. Pero la demanda del material, estratégico para la industria, sobre todo la tecnológica, se ha disparado, y la compañía ha solicitado a la Xunta permiso para retomar su extracción. El pasado 25 de agosto se publicaba en el DOG un proyecto que ha recibido unas 1.500 alegaciones de colectivos vecinales, ecologistas, sociedades científicas, ayuntamientos y también de cofradías o del Consello Regulador do Mexilón de Galicia. La contestación a la mina crece y se aglutina en un movimiento similar al que frenó la explotación de oro en Corcoesto.

Eduardo Quintás vive en Arinteiro, el «kilómetro cero» de la mina, como él lo denomina. Hace cuatro años decidió ponerse al frente de la explotación ganadera familiar con 34 vacas para leche y carne y ahora teme por su futuro. «Para mí significaría el cierre, se llevan todo el terreno que tengo. Me quedaría una hectárea que apenas me da para alimentar una vaca», afirma. En la aldea otras siete explotaciones se verían afectadas por la expropiación de sus tierras. La mina, que actualmente ocupa 500 hectáreas, pasaría a extenderse por 700. Cobre San Rafael defiende, sin embargo, que «no hay una gran afección de terrenos actualmente dedicados a otros usos». La empresa prevé una inversión de 200 millones de euros y asegura que se crearán en la zona 400 puestos de trabajo directos durante los 15 años que se mantendría la explotación.

Impacto de las voladuras

Pero los vecinos están preocupados por la destrucción de empleo más allá de Arinteiro. Prácticamente toda la zona vive de la ganadería. «Calculamos que entre Touro y O Pino podría afectar a un total de 150 puestos de trabajo», relata Quintás, integrante de la Plataforma Vecinal Mina Touro-O Pino Non. Además de las expropiaciones, la plataforma teme por las voladuras. «Se prevén seis al día y entre 9.000 y 16.000 kilos de explosivos de varios tipos, uno altamente cancerígeno y el resto muy difícil de biodegradar para la fauna acuífera», explica Quintás. La empresa rebaja las voladuras a, «como mucho, una al día» y asegura que gracias a las nuevas técnicas esta operación será casi imperceptible». La plataforma contra la mina advierte, sin embargo, de que el polvo contamina el aire con un fuerte impacto para la fauna y la flora.

La afección a los acuíferos es otro de los grandes temores. «La Defensora del Pueblo ha llamado ya la atención por el estado en el que bajan los regatos hacia el Ulla ya afectados por la antigua mina», explica Rubén Souto, portavoz de la plataforma. La nueva explotación, afirma, podría contaminar a gran escala las aguas de superficie y subterráneas con sustancias tóxicas, como el arsénico, el plomo, el cadmio, el cromo, el cianuro y el mercurio. Además, tanto el Ayuntamiento de Touro, que también ha presentado alegaciones, como los vecinos denuncian que la mina necesitará gran cantidad de agua para funcionar. Prevé captarla de diferentes manantiales de la zona poniendo en riesgo el abastecimiento a la población.

«El proyecto que presentaron está mal hecho, tiene que corregirse», asevera el alcalde de la localidad Ignacio Codesido, del PP. Pero el regidor cree que las deficiencias se pueden solucionar y reclama la reapertura de la mina para crear puestos de trabajo en el municipio. «¡Ojalá que venga! Traería riqueza al pueblo. Cuando funcionaba había mucha más vida en la zona. Si no, aquí vamos a quedar cuatro vecinos», subraya Codesido.

Miedo a otro Aznalcóllar

La posibilidad de que se produzca un accidente como el de Aznalcóllar flota también en el ambiente. La empresa asegura que «no se va a construir una balsa, sino un depósito completamente estanco en el que se almacenarán las arenas estériles del proceso minero, que tienen una consistencia sólida». Añade que cuando la explotación de la mina acabe su vida útil, «esta estructura se sella y restaura hasta reintegrarse en el paisaje natural». La Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN) ha entregado uno de los 15 informes externos que solicita la Xunta de Galicia para decidir si aprueba la instalación. En él indica que el «denominado depósito de estériles temporal» es en realidad una balsa de lodos permanente que quedará situada a 250 metros de algunas de las casas de Arinteiro. El miedo a que se rompa o a que se filtre su contenido al subsuelo es la principal causa de la alarma también a 50 kilómetros de distancia.

El presidente de la Plataforma en Defensa de la Ría de Arousa, Xocas Rubido, recuerda, que esta ría «es la principal despensa» de Galicia. «Las balsas llevan una cubierta geotextil por debajo, que con el tiempo tienen fallos. En los despachos los documentos parecen perfectos, pero en la realidad hay accidentes», afirma Rubido para recordar la catástrofe ecológica que vivió Finlandia en la mina de Talvivaara en 2012. La Plataforma en Defensa de la Ría de Arousa, en la que se integran todas las cofradías de pescadores y también el Consello Regulador do Mexilón de Galicia, está promoviendo mociones en los ayuntamientos de la comarca. De momento, todos los grupos políticos de A Illa, Cambados y Rianxo han mostrado su rechazo y en las próximas semanas la cuestión se debatirá en el resto.

Entretanto, el proyecto sigue su tramitación administrativa. En la Consellería de Industria aún no han decidido si lo autorizarán. Afirman que «la administración apuesta por una minería moderna, del siglo XXI, basada en tecnologías y herramientas efectivas para evitar impactos en el medio y que suponga una oportunidad para dinamizar el rural». Actualmente, explican, se están estudiando tanto las alegaciones como los informes requeridos para adoptar una resolución. «El proyecto sólo será autorizado si cumple la legalidad vigente», concluyen.