Juan Soto - El garabato del torrreón

Memoria de algunos clérigos

A mi diócesis de nación y bautismo pertenecieron, por cuna o por ejercicio, curas de muy diversas hechuras

Juan Soto
Actualizado:

Don Gregorio, el famoso cura de Cubillas de Rueda, en la provincia de León, ya cuenta con biografía impresa. Bien ganada la tenía desde hace tiempo, y no solo por su gran corazón y su pulquérrima retórica, sino por otras particularidades que hicieron de él clérigo irrepetible, y entre las cuales no fue la menor aquella de bautizar con el santo del día, así fuese san Barsanufio o santa Flodoberta, que hacen ambos fiesta en abril.

Cela, el del Nobel, dejó apenas esbozada su nómina de amistades episcopales. Lástima. El arriba firmante también empezó a confeccionar, hace mil años, registro de eclesiásticos merecedores de memoria, muchos de ellos conocidos directamente y sabedor de otros por transmisión oral. A pocos admiró tanto como al abad Gómez Pereira, que abolió Lourenzá pero reavivó Samos, donde tuvo refugiado (vísperas del 18 de julio) a Jesús Suevos, que estuvo a un paso de vestir la cogulla benedictina.

Al cura Bertolaza no tuve el gusto. Contaba de él cosas no demasiado edificantes Ánxel Fole, lo mismo que de don Antonio Rey Soto, el capellán de doña Angelita de Temes, algo pariente del autor de «Terra brava». Rey Soto, vanidoso y mundano, era sapientísimo en libros góticos. Su biblioteca quedó en el monasterio mercedario de O Poio. En Madrid había coincidido con Basilio Álvarez, el incendiario abad de Beiro, agrarista, mitinero y siempre dispuesto, como don Antonio Machado, a amar «cuanto ellas puedan tener de hospitalario». Todo se disculpa en gracia a su triste final en Estados Unidos, otra muestra de la ingratitud de Galicia para con los suyos.

A mi diócesis de nación y bautismo pertenecieron, por cuna o por ejercicio, curas de muy diversas hechuras. En nuestra memoria ocupan lugar preferente don Paco Fanego, latinista y corresponsal de «El Ideal Gallego»; don Enrique López Galuá, creyente a pie juntillas en las sombrías predicciones de la famosa madre Ràfols, y, ya en los días presentes, el tal cura Silvaje, miembro de la Sagrada y Militar Orden Constantiniana de San Jorge y coleccionista de antigüedades por cuenta ajena (a ver lo que dice el juez).

La última incorporación (por ahora: el censo siempre está abierto) al catálogo de curas pintorescos y/o atrabiliarios ejercientes en Galicia es el clérigo Rodríguez Patiño, que rige varias parroquias luguesas y coruñesas. Descontento con la marcha de los acontecimientos y bastante harto (no sin razón, la verdad sea dicha) de la política y los políticos con mando en plaza ha lanzado (no consta si desde el púlpito o a medio de circular) la propuesta de que en los más de ocho mil municipios españoles sea declarado «persona non grata» don Mariano Rajoy Brey. Bastante indulgente es el bueno de Patiño, porque a fin de cuentas lo que pide para don Mariano se queda tejas abajo. Poca cosa si se compara con la sanción que reclamó en su día para el presidente de la Xunta, señor Núñez Feijóo: directamente, la excomunión. Así, directamente, al fuego eterno. No consta que tal petición haya llegado a Roma. Al Vaticano, queremos decir. O sea, al dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que es como se llama ahora el negociado. No llegó, pero todavía puede llegar.

Juan SotoJuan Soto