Vídeo: Los herederos de Franco ponen a la venta el Pazo de Meirás / Uno de los salones del Pazo, fotografiado durante la única ocasión en que los Franco permitieron la entrada de reporteros, en el año 2011 - EFE / ATLAS
GALICIA

Así es Meirás por dentro

Con motivo de la apertura forzosa del Pazo tras su declaración como BIC, una redactora de ABC realizó la primera visita guiada. Este fue su relato de cómo era la residencia veraniega de Franco

MEIRÁS (SADA)/SANTIAGOActualizado:

Poco después de las 11 de la mañana del 27 de marzo de 2011, las puertas del Pazo de Meirás —propiedad de la familia Franco y ubicado en la localidad coruñesa de Sada— se abrieron para recibir al primer grupo de visitantes que, todos los viernes del mes, iban a poder recorrer el jardín y parte de los espacios interiores de la residencia de verano del dictador. Fueron un puñado de afortunados, porque los Franco, reacios siempre a enseñar su residencia de verano, interrumpieron las visitas a finales del año pasado sin previo aviso, lo que les ocasionó una sanción de la Xunta.

El programa de visitas impuesto por la declaración del inmueble como BIC obligaba a aceptar visitantes cuatro veces al mes, que los Franco en un principio gestionaron en cuatro turnos divididos en dos tandas de mañana y dos de tarde, permitiendo adentrarse en la zona ajardinada del pazo y visitar su capilla, el hall de la edificación, la biblioteca, la sala de fiestas y el despacho del general, quedando excluidos del recorrido los dormitorios y algunas otras dependencias, como las cocinas.

El Pazo, edificado sobre unas ruinas del siglo XVI y considerado como Bien de Interés Cultural, pasó a manos de los Franco en 1938, después de que los descendientes de Emilia Pardo Bazán decidiesen venderlo a una Junta pro Pazo, un grupo de notables coruñeses que lo adquirieron gracias a supuestas donaciones de la sociedad civil para, posteriormente, regalarlo al dictador. Este es uno de los puntos más turbios sobre el pasado del inmueble, ya que distintas voces del ámbito político —la izquierda y los nacionalistas, esencialmente— denuncian que esas donaciones no fueron voluntarias sino fruto de la coacción y el miedo en un momento en el que España tenía abierta una Guerra Civil. Una comisión de expertos investiga estos hechos.

Sin embargo, en Meirás se mantiene todavía la huella del paso de la Pardo Bazán, que hizo grabar los nombres de tres de sus obras en la fachada de la torre principal, conocida como la Torre Quimera. La escritora también fue la encargada de bautizar al ahora Pazo como «Castillo de Meirás», en un intento por dotar a esta construcción de un aire más cosmopolita, próximo a las modas europeas del siglo XIX y a su propia visión arquitectónica.

Los primeros visitantes al Pazo, en marzo de 2011
Los primeros visitantes al Pazo, en marzo de 2011 - M. MUÑIZ

Los interiores y la decoración del monumento, una de las cuestiones que más expectación levantaron entre el público asistente, se caracterizan por su sobriedad y austeridad. Así, dos de las paredes del hall de acceso a la vivienda están repletas de trofeos de caza obtenidos por los nietos de Francisco Franco mientras que al fondo, un enorme busto representa su figura. Asimismo, llama la atención el gran número de piezas de cacería y retratos de familia que decoran las distintas partes de la casa abiertas al público. Así por ejemplo, en el salón de fiestas pueden contemplarse dos grandes lienzos que representan al caudillo y a su esposa, mientras que frente a la escalinata principal se alzan otros tres cuadros en los que aparece el matrimonio junto a su hija.

En la escalinata del vestíbulo se hizo sus fotos de boda la hija de Emilia Pardo Bazán en 1910, y fue portada de ABC
En la escalinata del vestíbulo se hizo sus fotos de boda la hija de Emilia Pardo Bazán en 1910, y fue portada de ABC- ARCHIVO ABC

Uno de los espacios más imponentes es el vestíbulo de acceso, del que parte una majestuosa escalera de granito, coronada por una vidriera, con pasamanos de madera, que conecta con las plantas superiores a distinta altura. En esta planta baja, antaño, se encontraba la biblioteca personal de Emilia Pardo Bazán —formada por cientos de volúmenes de incalculado valor, ya que nadie los ha podido catalogar hasta el momento—, que quedó en manos de los Franco cuando adquirieron la propiedad del Pazo.

La huella de los Franco

Los tintes personales del paso de los Franco por Meirás quedan reflejados también en algunas de las vajillas de porcelana que aún se conservan en las vitrinas del salón o en las piezas de tapicería que amueblan la parte baja de la residencia. Como curiosidad, en una de las paredes de un antiguo despacho es posible contemplar un jarrón floral pintado por el propio Franco en 1946. Pese a todo, uno de los destinos más interesantes de la visita es el despacho del caudillo, que cuenta con las vistas más privilegiadas de toda la residencia.

Escalinata de acceso a la primera planta
Escalinata de acceso a la primera planta- EFE

Ubicado en un segundo piso, este espacio —no muy amplio y amueblado con parquedad— guarda parte de la biblioteca personal del ferrolano. Entre los volúmenes que Franco coleccionó a lo largo de su vida se cuentan «libros sobre historia y regímenes», tal y como explicó el guía de la visita a los participantes en el recorrido, dado que al tratarse de obras personales el público tiene restringido el acceso a ellas. Por último, y presidiendo esta recámara amueblada con piezas pesadas y de madera oscura, una imagen del Franco durante el levantamiento militar de África.

En la capilla que se localiza en el ala oeste de la edificación, los curiosos que se acercaron a Sada se toparon con un gran retablo tallado que rememora la figura de Francisco de Asís. A su lado, un arco en homenaje a Santiago Apóstol y dos cuadros con motivos religiosos depositados allí hace décadas. El techo es abovedado, con tribuna a la que se accede desde la planta superior de una de las torres.

Los espacios interiores de Meirás se dividen entre los del uso de los propietarios y las zonas para el servicio. En el ala este se ubican dos salones y el comedor, así como el acceso a un office y la cocina, que conecta con las dependencias de la servidumbre. En las plantas superiores están los dormitorios y el despacho que ocupaba Franco.

Dispositivo de seguridad

A los participantes en aquel primer recorrido guiado, que se dividieron en grupos de 15 personas, se les advirtió en el arranque de la visita de la imposibilidad de sacar fotografías en el interior del pazo. Las que existen fueron las que se autorizaron a reporteros gráficos de medios de comunicación. Para controlar que este requisito se cumpla, un guardia de seguridad acompañó a los forasteros durante la escasa media hora que duró el tour, impidiendo que nadie se descolgara del grupo.

Durante la primera visita en marzo de 2011, un guardia de seguridad acompañó al grupo en todo momento para evitar la toma de fotografías

El recorrido, que comenzaba en la gran verja de acceso al Pazo, fue valorado por los asistentes que formaron parte de este primer día de puertas abiertas con «satisfacción» e «ilusión». Muchos de ellos coincidieron también en la necesidad de que se permitan la entrada a todas las estancias de la vivienda. «Tengo ganas de volver y si puedo lo haré, pero deberían abrir también al público las zonas residenciales del pazo para poder ver las camas en las que durmió la familia Franco», comentaba un vecino de la zona que entró con el segundo grupo de la mañana.

Otros resaltaban la emoción que les producía «pasear por un pazo que hace años que solemos ver cuando paseamos por delante» y destacaban la importancia de conocer el lugar en el que la autora de «Los Pazos de Ulloa» desarrolló sus mejores obras. Por su parte, representantes de la Comisión por la Memoria Histórica de La Coruña solicitaban a la entrada del recinto que el horario de visitas se ampliara hasta las 20 horas «y también a los fines de semana de todo el año».

Valores artísticos

A pesar de toda la mística que rodea al Pazo de Meirás por haber sido durante cuatro décadas la residencia veraniega del dictador, el edificio en sí no tiene un valor artístico de especial relevancia. Así lo ponían de manifiesto durante la incoación de la catalogación como BIC tanto el Consello da Cultura Galega como la Academia de Bellas Artes de La Coruña. Ambos «no consideraron tan decisivos sus valores arquitectónicos o artísticos, sino su destacada importancia como lugar de memoria, reflejo de un pasado burgués, cosmopolita, nobiliario y político», según consta en el decreto autonómico de 2008 que validó su declaración como Bien de Interés Cultural.

En la declaración como BIC, los expertos resaltaron de Meirás no tanto sus valores arquitectónicos o artísticos sino «su importancia como lugar de memoria»

«Aunque los diseños del Pazo se asocien con el arquitecto-historiador Vicente Lampérez o al artista y crítico de arte Rafael Balsa de la Vega, no debe dudarse que, en justicia, las Torres de Meirás constituyen una recreación personal de doña Emilia, son su novela o narración pétrea hecha arquitectura», recogía el decreto, «esto significa que las Torres de Meirás son una obra de la condesa de Pardo Bazán, quien además las convirtió en escenario creativo de muchos de sus escritos, algo de lo que muy pocas construcciones señoriales gallegas pueden presumir».

Dentro de los elementos decorativos del Pazo estaban, en aquel 2011, dos esculturas pétreas del Maestro Mateo que representaban los profetas Abraham e Isaac. En la actualidad se encuentran expuestas en Santiago de Compostela dentro de una muestra dedicada a este autor del s. XII, responsable del Pórtico de la Gloria. Los Franco tienen abierto un frente respecto a la propiedad de estas esculturas, ya que el Concello de Santiago asegura ser su legítimo propietario, exhibiendo incluso el título que así lo acredita. El consistorio compostelano ha acudido a los tribunales para recuperar las tallas, sin que hasta el momento la familia Franco se haya pronunciado. Para evitar una posible venta o expatriación de las figuras, la Xunta ha iniciado la declaración de BIC de las mismas.