Gómez-Ulla, en la sede del Club Financiero Atlántico
Gómez-Ulla, en la sede del Club Financiero Atlántico - IAGO LÓPEZ
ENTREVISTA AL PRESIDENTE DEL CLUB FINANCIERO ATLÁNTICO

Mariano Gómez-Ulla: «La Coruña lleva muchos años perdiéndolo todo»

Plantea la reflexión de qué ha pasado en la ciudad en las últimas décadas para que se hayan marchado las grandes empresas históricas

La CoruñaActualizado:

Son la voz del pequeño empresario. Los clubes financieros crecen en Galicia como lugar de encuentro, negocio y acuerdos. El de La Coruña abre sus puertas a ABC. Su presidente responde sobre la crisis y la ciudad.

—¿Cómo analiza el empresariado el momento que estamos viviendo?

—No todos los empresarios lo han pasado igual. El pequeño empresario atraviesa enormes dificultades, planteándose problemas de costes, de adaptación al entorno digital y nuevas tecnologías. No tiene ni estructura ni asesoramiento. Este último es uno de los apartados que el Club Financiero aspira a cubrir. El gran empresario ve la situación con mucho optimismo, impulsado por la globalización y los recursos propios. Supo aguantar el tirón y además ha visto desaparecer a la competencia.

—¿El crecimiento llegó para quedarse o es un espejismo por el petróleo barato y los tipos de interés bajos?

—Esos dos elementos son clave para entender el crecimiento. Afecta a todo, desde el transporte hasta el consumo. El crecimiento de los últimos años era obligado tras la caída tan brutal que sufrimos. Ocurre que ahora los ciclos económicos se van a alternar con más rapidez que en el pasado.

—¿Vuelve a fluir el crédito?

—Yo creo que todavía no. Créditos nuevos hay cada día menos, y la pequeña empresa tiene muchísimos problemas para acceder a él. No le ocurre así a las grandes.

—¿El empleo que creamos no es demasiado precario?

—Cerca del 80% de las nuevas contrataciones son de menos de quince días. Y casi el 65% de una semana. Es verdad que es mejor trabajar una semana que nada, pero con este sistema no hay desarrollo empresarial posible.

—En eso, algo de culpa tendrá el empresariado…

—El empresariado lo ha pasado muy mal. Venimos de una situación de crisis, antes hubo años de demasiada alegría, los empresarios se dejaron ir porque el acceso al crédito era casi gratis… Y la gestión no fue la adecuada, obviamente. Seguramente faltó formación para llevar, entre otras cosas, un control de gestión en las empresas.

—¿Cómo valora la posibilidad del contrato único?

—Desde un punto de vista personal yo defiendo el modelo anglosajón: trabajador y empresario se ponen de acuerdo, se pactan unas condiciones, y cuando uno de ellos no esté de acuerdo, se liquida el contrato. Ha dado mucho miedo hablar del despido libre, aunque hoy lo tenemos camuflado. ¿Qué más da que sea un contrato indefinido o de una semana si el despido cuesta dos duros? Yo defiendo la contratación libre. Lo que necesitamos es generar el entorno en el que un trabajador que deja una empresa tenga la seguridad de que el mercado volverá a demandarlo a corto plazo. Creemos esas condiciones de mercado.

—¿El contrato libre permitiría subir más los salarios?

—Yo creo que sí. El salario mínimo tiene que garantizar unas condiciones básicas de vida, pero el grueso del salario deberían ser las variables. El trabajador tiene que acostumbrarse a ganarse el dinero, y el empresario a pagarle a sus empleados por lo que vale su trabajo. Es de sentido común.

—¿Es tan atractivo el norte de Portugal para las empresas gallegas?

—Portugal lo está haciendo muy bien. Están ofreciendo condiciones muy buenas en suelo, condiciones, trámites burocráticos, facilidades… Hay un efecto llamada. Y el empresario está obligado a buscar las mejores condiciones económicas para su desarrollo, donde genere mejor ingreso porque tiene menos costes. Eso crea más oportunidades de negocio porque puede reinvertir en su empresa, pagar mejor a los empleados, etc.

—¿Cómo han visto la desaparición del Banco Pastor tras la compra del Popular por el Santander?

—Me parece sorprendente que una entidad que en julio del año pasado superó los test de estrés, que según Europa estaba preparado para lo que fuera, acabara como acabó. Algo no se hizo bien. Se ha querido proteger a los depositantes mediante una operación brutal, pero probablemente no había otra.

—Dentro de los perdedores en la operación, ¿está La Coruña?

—La Coruña lleva muchos años perdiéndolo todo, con instituciones y grandes empresas yéndose para otro sitio: Caixa Galicia, Fenosa, Capitanía… Quedaban muy pocas cosas. El Pastor era el último vestigio. No es bueno para la ciudad que empresas con tantos años de antigüedad desaparezcan, porque demuestra que algo pasa. ¿Hoy un banco de La Coruña daría más facilidades de crédito a un vecino de la ciudad que un banco americano? Porque si no es así, nos da igual la marca. Si el Pastor desaparece, sobre todo desaparecen sus oficinas, sus empleados y las empresas proveedoras. Al parecer Santander está pensando conservar la marca.

—Ese proceso de pérdida de empresas de La Coruña, ¿por qué se produjo? ¿La ciudad dejó de ser atractiva?

—Ahora parece que va al revés, pero venimos de un proceso de centralización salvaje durante el franquismo. Y yo no sé si la ciudad ha defendido cada pérdida que sufría.

—¿La patronal gallega ha recuperado la normalidad?

—Eso tendrá que contestarlo la patronal. Creo que hay empresarios en la patronal que siguen viviendo en otra época, defendiendo desarrollos localistas y no de Galicia como territorio. No ha habido los suficientes acuerdos entre las confederaciones provinciales y derivó en el actual desapego. La crisis llevó posteriormente a una menor participación de las empresas. Y desembocó en los problemas de ingresos actuales.

—¿Dónde se encardina el Club Financiero Atlántico en el tejido económico de la ciudad?

—Vaya por delante: no pretendemos competir ni sustituir a la patronal. No tenemos nada que ver con ellos ni queremos ocupar su lugar. Tenemos nuestro campo de actuación. El Club es un lugar de encuentro, de intercambio de ideas y experiencias, de negocio. Esto obviamente está enfocado al pequeño empresariado. Poca ayuda podemos darle al gran empresario, salvo brindarle nuestras instalaciones.