Un año sin Diana Quer

La investigación de Diana Quer vuelve sobre sus pasos y mira de nuevo a los feriantes

Los agentes retoman el último «contacto humano» que la joven madrileña mantuvo en A Pobra. La aparición de su teléfono móvil abrió una vía de investigación que, por el momento, no ha contribuido a aportar luz al caso

Los padres de Diana Quer, a las pocas horas de su desaparición
Los padres de Diana Quer, a las pocas horas de su desaparición - MIGUEL MUÑIZ

Las calles de la localidad coruñesa de A Pobra do Caramiñal vuelven a engalanarse, un año más, para rendir homenaje a su patrona. Pero esta noche, los tradicionales pasacalles y los desfiles darán paso a una verbena sobre la que, irremediablemente, sobrevolará la desaparición de la joven madrileña Diana Quer. Fue el pasado 22 de agosto cuando todas las alarmas saltaron en este pequeño municipio de la costa gallega, de apenas nueve mil habitantes. Pese a que las fugas entre los jóvenes son habituales, esta desaparición fue considerada de alto riesgo desde el primer momento por las especiales características que la envolvían.

En pocas horas todos los servicios de emergencias se activaron, la búsqueda policial se puso en marcha y las batidas ciudadanas recorrieron la zona con el apoyo de perros y conocedores del lugar. Fueron jornadas intensas en las que los agentes de la Policía Judicial no dejaron nada al azar. Se revisaron las cámaras de seguridad de locales y carreteras, se apuró la toma de testimonios y no tardó en descartarse la fuga voluntaria. Sin embargo, la magnitud del trabajo no derivó en ninguna pista fiable. El único hilo del que los investigadores tiraron en los primeros compases del caso fue el mensaje de Whatsapp que Diana Quer envió a un amigo pocos minutos antes de que se perdiese su pista, advirtiendo de que un hombre la estaba increpando. «Morena, ven aquí», rezaba ese texto que durante semanas centró las pesquisas y que, según fuentes cercanas a la investigación, vuelve a ocupar a los agentes un año después.

Nuevas tomas de testimonios

Esta nueva toma de testimonios entre los feriantes que aquella noche trabajaban en las fiestas responde a un protocolo que, llegados a este punto, obliga a la investigación a volver sobre sus pasos «hasta el último contacto humano conocido» que la joven mantuvo antes de desvanecerse. Y ese momento coincide con la llamada que un hombre realizó a la joven a la salida del pueblo, lo que confirma que Diana —según manifestó a su madre unas horas antes— tenía en mente regresar a su casa de veraneo caminando, como ya había hecho en otras ocasiones.

La localización del teléfono móvil de la muchacha constató que la madrileña llegó al último tramo urbano del trayecto de vuelta. Unos testigos, que la vieron desde la terraza de una pizzería en este mismo lugar e igual hora, permitieron marcar con una chincheta roja el punto crítico de este enigmático caso. Además, el análisis de los movimientos del móvil de Diana no tardó en dejar al descubierto una inquietante realidad, la de que la joven había abandonado A Pobra en dirección contraria a su casa y montada en algún vehículo. Todas las cámaras fueron rastreadas sin que por el momento exista una sola imagen que ayude a aportar datos sobre esta marcha, pese a que los investigadores están convencidos de que en ese vehículo viajaban, al menos, tres personas. Esta sospecha sobre lo que pudo acontecer aquella madrugada se constató a finales del mes de octubre —dos meses después de la desaparición— cuando un mariscador localizó el dispositivo bajo un puente ubicado a unos 15 kilómetros de A Pobra. El teléfono, cuya imagen ofreció ABC en exclusiva, fue presumiblemente lanzado en marcha desde la carretera, un movimiento imposible para el conductor por la trayectoria del objeto. El inesperado hallazgo del móvil abrió una nueva puerta a la investigación, la del análisis de los datos que Diana Quer guardaba en su teléfono, que no tardó en desinflarse y que por el momento no ha ayudado nada al caso. Ni entre los contenidos almacenados en su nube ni en el propio Iphone ha aparecido nada relevante.

Identificados, no sospechosos

Al margen de la pista del móvil, este año de búsqueda ha estado plagado de callejones sin salida —falsos emails al margen— que han convertido la investigación en un auténtico rompecabezas. Uno de los que más tiempo ocuparon a los agentes lo protagonizaron dos presuntos testigos que dijeron haber visto a un hombre «con mala pinta» esperando a Diana en el muelle de Taragoña, justo donde semanas después de estas declaraciones apareció el móvil. Los tiempos y el escenario coincidían. Incluso llegó a estar sobre la mesa la descripción de un vehículo y al menos una persona fue identificada. Pero, tal y como el juez del caso puso de relieve en el escrito de archivo provisional caso, no hubo indicios suficientes como para señalar a sospechosos. «En el momento actual no existen indicios de criminalidad frente a persona alguna», sentenció el instructor el pasado mes de abril coincidiendo con el carpetazo temporal a la mediática investigación.

Pese al parón judicial decretado ante la falta de avances, lo cierto es que a nivel policial el caso sigue igual de vivo. Fuentes consultadas por este medio confirman que la colaboración de UCO y Policía Judicial de La Coruña sigue siendo «total» ante una investigación en la que están poniendo «todo el empeño». Por el momento, el trabajo de campo se mantiene y también el análisis y cotejo de los miles de datos que se aportaron al caso, la mayoría de ellos de cariz tecnológico. Aunque en un principio no estaba previsto utilizar esta nueva edición del Carme dos Pincheiros para reconstruir los últimos pasos conocidos de Diana Quer, un grupo de agentes llegados de Madrid sí va a realizar una nueva inspección del escenario aprovechando la repetición del ambiente en el que el pasado 22 de agosto se perdió el rastro de la joven.

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