Juan Soto - EL GARABATO DEL TORREÓN

Galicia, resistente y excepcional

Los adictos al dicharachero Rivera y a la bella Arrimadas se multiplican por España . Menos en Galicia

Juan Soto
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Mientras en otras áreas territoriales (aquellas que un día fueron región y luego comunidad autónoma y después nacionalidad, ya histórica ya quimérica) se da por concluido el ciclo bipartidista, con sus connaturales periodos de turnismo y conllevanza, hétenos aquí que en Galicia se refuerza la opción de la mayoría inamovible, arraigada como cultivo autóctono desde las lejanas kalendas de diciembre de 1989, aquellas en que historiadores y politólogos fijan el comienzo de la era fraguiana.

Con los socialistas idiotizados, los comunistas evaporados, los nacionalistas atomizados y los mareantes suicidados, se vislumbraba la esperanza, allá en el horizonte, de que la amplísima mayoría conservadora de Galicia pusiese sus complacencias y sus votos en manos de la versión enxebre de Ciudadanos, una derecha en apariencia menos taciturna que la actualmente reinante. Pero resulta que Ciudadanos/Cidadáns no existe en Galicia. Ni está ni se le espera, como dijera en ocasión histórica el ilustre mílite Sabino Fernández Campo, conde de Latores. Sin organización, sin estructura, sin otro proyecto que el salto de mata, sin militancia y sin programa, la docena y media de cargos municipales que constituyen su munición orgánica bastante hacen con sobrevivir en medio de la indiferencia. Los sedicentes adictos al dicharachero Rivera y a la bella Arrimadas parecen multiplicarse como por esporas a lo largo de la España toda. Menos en Galicia. Aquí se mantiene el carballo como árbol totémico. El quercus duro y antiguo, de robusto tronco, hoja caduca y con las bellotas como fruto natural e identitario. En Galicia, la fidelidad al carballo y a la bellota es una obligación irrenunciable, a la que todo buen gallego se siente subordinado.

Eso explica el éxito de unos y el fracaso de otros. El invariable triunfo de una derecha leñosa y ancestral. Estas cosas son difíciles de entender. Pero son.

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