El color verde del monte y los pastos en Pontevedra se ha transformado en negro ceniza
El color verde del monte y los pastos en Pontevedra se ha transformado en negro ceniza - MIGUEL MUÑIZ
EL RIESGO DEL LODO TÓXICO

La furia del fuego da paso a un paisaje desolador en Galicia

Un manto de ceniza amenaza ahora a agricultores, ganaderos y bancos mariscadores. El desastre continúa

SantiagoActualizado:

Pese a que las llamas se han apagado, la preocupación permanece una semana después. La ola incendiaria que arrasó el sur de Galicia el pasado fin de semana, cobrándose cuatro vidas y unas 35.000 hectáreas, aún tiene potencial para causar mucho más daño. Los montes y los pastos se han teñido de un manto negro de ceniza que ahora amenaza a agricultores, ganaderos y mariscadores. La lluvia, que ha sido necesaria para lograr apagar el fuego, podría ser su peor enemigo. Si cae con demasiada fuerza, provocará una riada de lodos que contaminará acuiferos, cauces fluviales y ahogará los bibalvos de las productivas rías gallegas.

En As Neves (Pontevedra), donde ha ardido un 90% de la superficie del municipio, el ganadero Jesús Vázquez encara con desolación el futuro. Las llamas han abrasado todos sus pastos y no sabe cómo va a hacer para alimentar a sus 45 vacas, 30 becerros y 200 ovejas. «Se quemó toda la reserva que tenía para el invierno», explica. De momento ha conseguido seguir a flote gracias a la solidaridad de sus compañeros del norte de Galicia. «Una asociación de ganaderos coruñeses me ha donado un camión de hierba seca», explica, mientras continúa a la espera de que las autoridades arbitren alguna línea de ayuda para paliar los efectos de los incendios.

Prohibido usar los pastos

Cuando el fuego quemó los montes y se acercó peligrosamente a su explotación, solo contó con las manos de sus vecinos para hacerle frente. «No tuvimos ayuda de ningún tipo, ni bomberos, ni Guardia Civil pasaron por aquí», recuerda. Aunque la hierba acabe creciendo en los campos, él se enfrentará a sanciones si lleva allí a su ganado. En Galicia tradicionalmente se ha usado el fuego para limpiar el monte y generar pastos. Para frenar esta práctica, la legislación prohíbe usarlos durante los dos años siguientes al incendio. «Aquí el fuego llegó de Portugal, ¿qué culpa tenemos nosotros? A mí ya no me importa nada, tan pronto pueda voy a echar el ganado para lo quemado», asegura. «Los que decidimos continuar en el rural estamos muy solos», lamenta.

El sindicato Unións Agrarias (UUAA) ha pedido ya utilizar la Ley de Montes «con proporcionalidad». Consideran que sería injusto impedir el pastoreo, a uno de los colectivos que más sufre las consecuencias del fuego. Las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), que concede la Unión Europea, también están en juego. Se otorgan en función de la superficie de cada explotación y la tierra quemada no computa.

El sindicato aún no dispone de una estimación de las pérdidas que podría acarrear al sector la ola de incendios, pero ha pedido a la Xunta que convoque una mesa de emergencia para el rural y establezca cuanto antes líneas de ayuda.

En la parroquia de Reboreda, en el municipio pontevedrés de Redondela, la bióloga Belén Fervenza decidió hace unos años apostar por la vida en el campo y emprender un negocio de huerta ecológica. El domingo pasado, temió por su vida además de por sus invernaderos. Las llamas no los quemaron, pero sí afectaron seriamente a las reservas de agua de la zona. «El agua de casa huele y sabe a quemado», relata. Fervenza está muy preocupada por como va afrontar los riegos, ya complicados durante todo el año por culpa de la sequía que afecta a la Comunidad gallega. «Si llueve fuerte, las cenizas se arrastrarán desde el monte hacia abajo contaminando el depósito comunal. Es fácil que también los manantiales acaben filtrando esos lodos, que son tóxicos», explica la también responsable del Sindicato Labrego Galego en la zona. No sería la primera vez. «Hace once años ardió la misma zona, ahora que empezaba a recuperarse se vuelve a perder», asegura impotente. Entonces, con ayuda de la asociación ecologista Amigos da Terra y el Colegio de Biólogos, los vecinos salieron al monte a intentar construir barreras vegetales en zonas de pendiente para intentar frenar el avance de la ceniza.

La profesora de la Universidad de Santiago de Compostela y presidenta de la Federación Europea de Sistemas Agroforestales, Rosa Mosquera, explica que estas técnicas son importantes para tratar de frenar la contaminación.

También el esparcimiento de paja sobre las superficies quemadas, que ayuda a recuperar el suelo. «Hay que hacerlo bien, no en grandes cantidades para que el resto de vegetación pueda respirar. Da buen resultado además añadir cereales de la zona», indica. El año pasado, la Xunta probó estas prácticas en zonas como Porto do Son (A Coruña). Pero con 35.000 hectáreas quemadas, según las primeras estimaciones, va a ser imposible que se apliquen a todo el terreno. «Se procura, pero es muy difícil porque tiene un coste económico enorme, se seleccionarán aquellas zonas con mayor riesgo», afirma la experta.

Bancos marisqueros

Las cofradías de pescadores del sur de Galicia ya han empezado a hacerlo. La Consellería do Mar trabaja con el sector para identificar los puntos afectados por los incendios con mayor riesgo para los bancos marisqueros. Juntos tratarán de evitar la catástrofe ocurrida en 2006, el anterior año negro en el calendario del fuego, en el que ardieron unas 90.000 hectáreas en la Comunidad gallega. La mayor oleada se produjo entre el 3 y el 15 de agosto, pero la riada de ceniza y lodos no llegó a las rías hasta el mes de octubre. Como ocurrió con la marea negra del Prestige la gente del mar tuvo que salir a retirar con sus propias manos la sustancia pastosa que invadía los arenales.

«En 2006 hubo verdaderas catástrofes», recuerda José Antonio Gómez, patrón mayor de Portonovo y presidente de los pósitos pontevedreses. «El agua se embalsó en las bajadas naturales que tienen los montes, pero había tanto escombro, que de repente se rompió todo eso y vino de golpe a los bancos marisqueros», relata. El problema surgió cuando comenzaron las lluvias torrenciales. Clemente Bastos, patrón mayor en Redondela, lo recuerda perfectamente. Ahora vuelve a mirar al cielo con preocupación. «Si llueve suavecito, la tierra aguanta, si llueve torrencialmente las cenizas llegarán y asfixiarán a las almejas», explica. «Estamos en la peor zona, en la parte interior de la ría de Vigo. Aquí llegan los ríos Oitavén y Verdugo y todos los montes por los que pasan han ardido», relata. En Baiona, también están preocupados. «Estamos en contacto con la consellería, sabemos que están en ello», indica Isabel González, secretaria del órgano de gobierno de la Cofradía de Pescadores del municipio pontevedrés. Las cenizas y el escombro vegetal agravarían aún más la situación del banco de la playa de Foz, en el que actualmente no se puede mariscar por culpa de la contaminación por restos fecales.

Controles de aguas

Pero el marisco no es el único afectado. «Si llueve torrencialmente, los lodos llegan a los ríos alterando el ciclo de nutrientes y eso afecta a todos los organismos vivos», explica la doctora en ciencias biológicas Rosa Mosquera. «Si un mejillón filtra todos esos lodos tóxicos puede llegar a la cadena trófica», relata.

Mosquera tranquiliza a los consumidores y recuerda que en la Comunidad se realizan constantemente controles de las aguas para garantizar que la producción que llega a los mercados no está contaminada.