José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

Feijóo 1; Montoro 0

Si hubiera un mínimo de vergüenza torera en nuestra desleal oposición en Galicia, reconocerían la mano del presidente de la Xunta detrás de la reculada del ministro de Hacienda

José Luis Jiménez
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Hagan memoria. Feijóo, ese lacayo de Rajoy, esa marioneta de Génova, ese pusilánime gobernante que tiene abandonada a su tierra, estaba siendo ninguneado miserablemente en el debate de la financiación autonómica. Recuerden bien el resto de lindezas que la oposición en Galicia regaló al presidente de la Xunta: la inacción de Feijóo llevaba a la Comunidad al ninguneo, a la pérdida de peso institucional, a la segunda velocidad, al marasmo, a la inanición. Poco menos que habría que vender las joyas de la abuela para poder seguir sosteniendo la sanidad y educación púbicas, porque a Galicia la estaban subastando en almoneda a precio de ganga, y todo porque Feijóo no quería ponerse a malas con el Gobierno de España. Ya saben, a pesar de que lleva tres mayorías absolutas y nueve años de gobiernos, él en realidad quiere dar el salto a Madrid.

Feijóo primero mandó un mensaje el pasado jueves desde la sala de prensa tras la reunión del Consello: una quita de la deuda a las comunidades incumplidores no sería ni moral ni políticamente aceptable. Premiar a quien se salta las normas es un mensaje pernicioso de cara no ya a la clase gobernante, sino a la propia sociedad. Lo dijo de modo pausado y sin levantar la voz, pero su discurso llegó a Madrid por la vía rápida. Porque no solo se dirigía a la opinión pública gallega: su destinatario era un ministro.

Este lunes, Feijóo pidió la vez en Génova y preguntó directamente a Montoro que de qué iba eso de las quitas de deuda, y el ministro de Hacienda, realizando uno de sus habituales ejercicios de contorsionismo —él no había querido decir lo que todos los medios interpretamos que dijo, ya es mala suerte—, negó como San Pedro las veces que hizo falta. Que no, que eso de las quitas no estaba sobre la mesa y que la solución al sobreendeudamiento autonómico no pasará por privilegios sino por soluciones equitativas para todos los agentes implicados. Debate zanjado.

Si hubiera un mínimo de vergüenza torera en nuestra desleal oposición en Galicia se reconocería que detrás de la reculada de Montoro está, sin duda, la mano de Núñez Feijóo. Pero eso sería reconocer que todos los ataques de las últimas semanas contra la figura del presidente gallego no eran sino artillería de baratillo para desgastar al presidente de la Xunta a sabiendas de que se hacía sobre premisas falsas. El peso político de Feijóo dentro del PP y hacia el Gobierno de España es indudable en los asuntos de verdadera importancia para Galicia, y eso evidentemente excluye la AP-9, fuegos de artificio para una izquierda en busca de discurso.

Cuestión diferente es que nuestra izquierda —desde la pintoresca hasta la nacionalista, pasando por el PSOE— anhele las bondades de las quitas de deuda, como si fuese un mecanismo que redujera los números rojos por arte de magia. Pasar de deber 12.000 a 5.000 millones de euros por un golpe de varita, y esos 7.000 millones se los lleva el viento. Y que eso, evidentemente, no lo pague nadie. Solo desde la ingenuidad cabe pensar que cuando el acreedor es el Estado, una deuda perdonada no la paga nadie: más bien la pagamos todos.

Feijóo gana este primer envite con Montoro de manera clara. No se premiará a quien se comportó mal. Pero queda pendiente la segunda vuelta del pulso: cómo se configurará el nuevo modelo de financiación autonómica y de qué manera Galicia, una región leal con los intereses generales de España, se ve justamente recompensada. En eso, no les quepa duda, está implicado el presidente de la Xunta. Pero ya les anticipo que la oposición, sea cual sea el resultado, le acusará de alfombrarse ante Rajoy y de preparar su salto a Madrid para mayor gloria personal. Empieza a ser obsceno el grado de deseo con el que formulan estas aparentes denuncias.

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