Lugar donde estaban atados los perros en el momento de la agresión - MIGUEL MUÑIZ
AGRESIÓN DE PERROS EN COVELO

«Esto no fue normal, ni los lobos atacaban antes así a las personas»

La octogenaria a la que hubo que amputarle las piernas sigue grave en el Álvaro Cunqueiro

SantiagoActualizado:

En la casa en la que vivían los dos perros que el sábado herían gravemente a María Dolores Álvarez, Lola como le llamaban todos en Covelo (Pontevedra), no estaba ayer el propietario de los animales. Sólo quedaba Julio su suegro, un hombre de campo que a sus 70 años se sigue haciendo cargo de la huerta y de las ovejas. Julio se encontraba en una finca cercana el día que Lola, de 82 años, regresaba a casa tras asistir a la misa. El sol se había escondido y Yaco, un dogo de burdeos de cuatro años y el joven Caramelo un cruce de la misma especie con boxer se cruzaron en su camino. El ataque fue brutal y la octogenaria continuaba ayer sedada en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo intentando recuperarse de las heridas y las posibles infecciones. A Lola, a la que sus vecinos y familiares recuerdan como una mujer autónoma que no aparentaba más de 70 años, han tenido que amputarle las piernas para intentar salvar su vida.

Julio afirma que los animales, considerados raza potencialmente peligrosa, se soltaron y que no se enteró de nada hasta que regresó a casa. «Si lo llego a ver los mato», indica. Aunque no se siente responsable, «eso tendrá que decirlo el dueño de los perros», indica, sí lamenta lo ocurrido. Además de su vecina, Lola era para él una amiga a la que acompañaba por el camino, a la que le llevaba estiércol mientras ella le permitía recoger hierba seca en sus fincas y con la que pasaba el rato contándose cuentos a la puerta de casa. «¿Con quién hablo yo ahora, con las piedras?», lamenta.

En la parroquia de Santa Mariña todavía no se han repuesto del terrible ataque. En el bar Loureiro un grupo de vecinos y familiares de Lola relatan los acontecimientos. Una de sus hijas se la encontró en medio de la pista que accede a su casa con los dos perros encima. «No salgas del coche, que te van a comer a ti», le advirtió su madre. Ella pidió ayuda a otra hermana que sólo encontró un palo de escoba para salir hacia la casa en la que vivía sola Lola y hacerle frente a los perros. Finalmente llegó también un cuñado y entre los tres ahuyentaron a Yaco y Caramelo, que volvieron para su finca. «Esto tiene que contarse porque hay que tomar consciencia de lo peligrosos que son estos perros», afirma Bibiana. «No es normal, ni en la época de los lobos pasaba, yo recuerdo cuando venían cerca de las casas a comer gallinas y ovejas y nunca atacaron a nadie», dice Hortensia Couceiro.

En la aldea los vecinos no tenían mucha relación con la familia propietaria de los perros. Compraron la casa hace unos diez años, pero iban y venían al trabajo y casi no hacían vida en Santa Mariña. Los animales no tenían microchip, no estaban anotados en el registro de perros potencialmente peligrosos ni tenían seguro. La Guardia Civil ya ha abierto una investigación por la vía penal contra su propietari y la familia también denunciará. Varios vecinos le habían pedido que tuviese cuidado, pero a veces los perros andaban sueltos, sobre todo el pequeño. Julio reconoce que a veces se escapaban y atacaban a las ovejas. «Yo sé que son malos esos perros, no conocen a nadie más que el que les da de comer», asegura. Él, que también se crió con lobos, dice que nunca les tuvo miedo, aunque alguna vez jugando con sus nietos les habían echado la boca.

Los dos perros, ahora aislados en una protectora de la Diputación de Pontevedra, están considerados según la legislación gallega como una raza potencialmente peligrosa. Sin embargo, en el decreto estatal de año 2002 no figura recogido ni el dogo de burdeos ni su cruce con el boxer. La ley gallega exige que lleven bozal y además establece que el amo debe pasar un examen como el que se realiza para obtener el carné de caza.