Dos jóvenes muestran sus manos teñidas de violeta en repulsa de la violencia machista
Dos jóvenes muestran sus manos teñidas de violeta en repulsa de la violencia machista - EFE
Día Internacional por la Erradicación de la Violencia Machista

«Debemos sumar a los hombres a la lucha feminista y por la igualdad»

Abogan por construir nuevas masculinidades abiertas a las tareas de cuidado y a la emoción

SantiagoActualizado:

En un contexto de proliferación de discursos enfocados a asentar la idea de que la igualdad de género es una batalla ya superada, Santiago Boira Sarto, doctor en Psicología y profesor de la Universidad de Zaragoza, aboga por incorporar a los hombres a una lucha en la que, afirma, también tienen mucho que ganar y a facilitar el debate sobre un sistema binario con mandatos de género «que afectan tanto a hombres como a mujeres».

En el marco de la IXJornada Estatal de Psicología contra la Violencia de Género que organiza el Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia en Santiago, Boira Sarto impartirá hoy una ponencia sobre la construcción de nuevas masculinidades, proponiendo una reflexión compartida sobre el impacto y sufrimiento que los estrictos roles de género social e históricamente construidos generan en el conjunto social, deconstruyendo estereotipos y arquetipos y explorando modelos alternativos. «El día que descubramos que aquellas transformaciones que harían posible el cambio nos van a hacer más felices; el día que descubramos que acercarnos a las tareas de cuidado o asumir las emociones no nos hace ser menos hombres, sino hombres más felices, el cambio se producirá», dice el doctor en Psicología.

«La figura del varón patriarcal, el macho, conlleva también unos costes importantes, sobre todo para aquellos hombres que no llegan a amoldarse a esas expectativas del sistema. Encajar en las conocidas como «tres P»: protector, proveedor y preñador, conlleva muchas exigencias, y hay un grupo muy numeroso de hombres que no encajan, que no se sienten cómodos en ese papel... también varones de otras orientaciones sexuales, distintos perfiles que acaban por convertirse en masculinidades subordinadas. Y esta presión incluso puede actuar a veces como un generador de violencia, la violencia como una forma de compensación para de alguna forma asimilarse al estereotipo, al auténtico macho», expone el profesor.

Sistemas de creencias

La educación, una vez más, aparece como pieza clave en este reto, no sólo a través de la enseñanza formal, sino también desde la familia, las instituciones, las religiones o los grupos. «No se trata sólo de transmitir información, que también, sino de que todos, y en este caso los varones, cambien sus sistemas de creencias y sus formas de actuar frente a otros hombres y frente a las mujeres», señala Santiago Boira Sarto.

El coste de los estereotipos de género, evidentes en la discriminación de la mujer y la violencia machista, afirma, se traduce también en penalizaciones para los hombres, reflejadas, por ejemplo, en su mayor probabilidad de muerte violenta o por accidente, y en su menor esperanza de vida. «Desde los propios ritos de transición de niños a jóvenes muchos adolescentes varones asumen riesgos como conducir a altas velocidades, consumir drogas y alcohol... por el hecho de decirle a su grupo que son los más hombres de todos. En ese proceso de construcción de identidad, que además de dejar de ser niño implica decirle al mundo que no es homosexual y que no es mujer, hay muchos costes: los hombres tenemos mayor accidentalidad vial, nos morimos antes o vamos menos al médico por todo eso de que los hombres no lloramos», repasa.