Jessyca Ocampo muestra algunas de las historias recogidas en el «Mapa del miedo»
Jessyca Ocampo muestra algunas de las historias recogidas en el «Mapa del miedo» - ADRIÁN CARBALLO

Cartografía del acoso a las mujeres

Una estudiante de fotografía de Pontevedra pone en marcha una iniciativa para recoger y geolocalizar testimonios de agresiones machistas. El proyecto reúne ya más de 180 historias en las cuatro provincias gallegas y otros puntos de España

SantiagoActualizado:

«No eran ni siquiera las diez de la noche. Iba caminando para casa cuando escuché a alguien correr detrás de mí.Me giro y veo a un hombre con unas gafas grandes, de unos 50 años que me agarró fuerte de los brazos. Aterrada, me doy cuenta de cómo trata de llevarme a su coche, un sin carné granate, aparcado cerca y con la puerta abierta. No sé cómo, pero grito y grito lo más fuerte que puedo. Él se asusta, me suelta y se escapa. Nadie se asomó a mirar. Yo corrí a mi casa y nunca llegué a decir nada». «Volvía a mi casa cuando sentí que me estaban siguiendo. Empecé a caminar más rápido y un hombre que estaba detrás de mí empezó a reírse y me dijo que no podía correr más que él. Me puse a templar y corrí hacia mi casa. Me agarró de un brazo y conseguí escapar dándole un golpe. Al día siguiente fui a denunciar con mi padre, ya que aún era menor de edad, y no aceptaron mi declaración. Me dijeron que no había nada que denunciar».

Estos testimonios de dos agresiones machistas registradas en Galicia son una muestra de las más de 180 historias que la pontevedresa Jessyca Ocampo ha logrado recopilar en su proyecto Mapa del Miedo, una plataforma online que geolocaliza y reúne algunos de los casos de acoso que las mujeres sufren a diario. La iniciativa surge a raíz de un trabajo de clase en el que esta estudiante de fotografía tenía la intención de plasmar «el machismo que las mujeres vivimos a diario en la calle» tomando como ejemplo cuatro historias vividas por ella y su grupo de amigas en Santiago de Compostela. Fue una de sus profesoras la que la animó a ir más allá situando estos y otros testimonios de mujeres en la plataforma Google Maps, tomando como referencia el exitoso proyecto brasileño «Ya basta de ‘fiu fiu’».

«Empecé publicándolo por Instagram por si a alguien le apetecía participar en el proyecto y tener más testimonios y más puntos en el mapa. Pero al final se extendió más allá de Santiago, empezaron a llegarme historias de otra parte de Galicia y ahora mismo también estamos en otras ciudades de España», explica Ocampo en conversación con ABC. Sorprendida por la repercusión que ha alcanzado este proyecto, la pontevedresa apunta que su intención a la hora de crear el Mapa del Miedo era señalar algunas de las conductas machistas que han sido «normalizadas» en la sociedad «como silbar a una mujer o intentar convencerla para que se vaya contigo».

No obstante, Jessyca Ocampo reconoce que los testimonios recabados en el e-mail mapadomedo@gmail.com han hecho que aprecie con mayor claridad la magnitud de esta problemática. «Pensé que los testimonios serían sobre todo de gente de mi edad, basándome en mi experiencia de salir con mis amigas, pero me quedé en shock al ver que muchas veces los hombres que tienen este tipo de conductas son hombres muy mayores. También pensé que habría zonas más localizadas, pero pasa en cualquier zona, a cualquier hora del día y no es que las calles sean peligrosas, los que son peligrosos son los hombres que se dedican a hacer este tipo de actos», explica la promotora de este proyecto. De hecho, ella misma vivió en primera persona una de las historias incluidas en la iniciativa. «Estaba con mis amigas en un parque cuando una de mis amigas se dio cuenta de que había un hombre que se estaba masturbando. Nos fuimos de allí pero vimos que el hombre nos perseguía hasta que nos escapamos. Además había unos niños jugando cerca de allí. Los cogimos de inmediato y avisamos a sus padres», relata Ocampo.

Anonimato

Esta estudiante de fotografía natural de Pontevedra cree que el anonimato que proporciona el Mapa del miedo ayuda a las mujeres a confesar las agresiones sexuales que han sufrido. «Muchas se sienten violentadas y no son capaces de contárselo a la gente», aclara. De momento, la iniciativa no deja de crecer y esta estudiante ya cuenta con dos colaboradoras en Madrid y Salamanca que la ayudan a introducir en la plataforma las historias que van llegando. Incluso ha recibido llamadas de organizaciones y partidos políticos interesándose por la idea, aunque Ocampo rechaza por el momento esos ofrecimientos. «Pienso que si me asociase con algún partido o alguna ONG la gente no estaría tan activa en este proyecto, no participaría tanto», concluye.