La carne de los ejemplares cruzados con la rubia gallega es mucho mejor, sobre todo en las zonas nobles
La carne de los ejemplares cruzados con la rubia gallega es mucho mejor, sobre todo en las zonas nobles - ABC
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Del campo gallego a la mesa indonesia

El semen de raza rubia gallega arrasa en el mercado extranjero. Países del sudeste asiático lo importan por su alta calidad

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De unos años a esta parte, la población indonesia ha descubierto los beneficios y el sabor de la carne de ternera. Un manjar hasta ahora reducido a grandes celebraciones —como las bodas— que ha dado el salto a la dieta diaria de los habitantes de este país. Sin embargo, el ganado del que disponen en este punto del sudeste asiático es insuficiente para cubrir las necesidades básicas de consumo, lo que obligó a sus autoridades a tirar de creatividad y buscar respuestas en el exterior. La solución la encontraron en los campos de Galicia, donde a diario pastan miles de ejemplares de rubia gallega.

«La carne de nuestras vacas es más sana por sus ácidos grasos y mucho más sabrosa», explica la veterinaria de la Asociación de Criadores de Raza Rubia Gallega (Acruga), María Traba, que se reunió la pasada semana con una delegación indonesia que visitó las granjas de la Comunidad para cerrar la exportación de 15.000 dosis de semen de rubia gallega. «Hasta ahora Indonesia exportaba ganado vivo a Australia, pero eso es muy caro y los ejemplares les llegaban castrados», aclara Traba. De ahí que hayan optado por inseminar a las vacas en su país de origen, lo que además respeta la política ganadera que obliga a proteger la raza propia.

El resultado de este cruce industrial pensado para abastecer un nuevo mercado ansioso de buena ternera son ejemplares que se pueden sacrificar en nueve o diez meses (la mitad de tiempo que las vacas indonesias) y cuya calidad es irreprochable. «De entrada, se ahorran el pienso de los meses que se adelanta el sacrificio. Además, la cantidad de carne de los ejemplares cruzados es mucho mejor, sobre todo en zonas nobles como el solomillo», revelan desde Acruga. «Se realizaron cruces con otras razas y los mejores resultados fueron los de la rubia gallega», resumen.

Después de recorrer varias explotaciones ganaderas gallegas y de verificar de cerca su alimentación, la delegación que visitó Galicia participó en una monta natural. «Fue una experiencia en la que vieron toros de 1.700 kilos, algo totalmente novedoso para ellos», indica Traba para adelantar que el cambio de hábitos de los indonesios podría derivar en peticiones de un millón de cabezas de ganado, «una muy buena noticia para la Comunidad».

La iniciativa puesta en marcha en Indonesia no es nueva. Otros países como Brasil llevan años aprovechando el semen de raza rubia gallega para mejorar sus especies autóctonas y nutrir su mercado de buena carne, a buen precio. A ellos se suman México, Uruguay o Paraguay, donde hace años que se exporta a genética gallega. Además, en Acruga han recibido en los últimos meses llamadas de otros lugares interesados en exportar el semen como Turquía o Marruecos. Algunos, como Libia, Mali o Marruecos han optado directamente por la compra de animales vivos.

Hasta 17 partos por vaca

Los primeros pasos para amplificar la genética gallega fuera de las fronteras españolas se empezaron a dar en 2007 y, desde entonces, los resultados solo han extendido el éxito de los cruces con la rubia gallega. Entre las virtudes de esta raza, los productores destacan su alta capacidad de crecimiento, el hecho de que el número de cinco terneros por vaca supere la media de otras especies cárnicas, y la calidad de su carne, explica César Dorado, presidente de Acruga. Desde esta asociación remarcan otras ventajas de estos cruces industriales, como que la genética gallega garantiza la longevidad del ejemplar y su productividad. Los datos no dejan lugar a dudas. Hay vacas que tienen su primer parto a los 25 meses y que, a lo largo de 22 años de vida, llegan a dar a luz hasta en 17 ocasiones. A ello, añade Dorado, hay que sumar su facilidad para el parto. «Un 95 por ciento de las vacas pare sin problemas y la mayoría de ellas lo hacen solas en el campo y sin necesidad de ningún tipo de supervisión», remarcan para dar cuenta de un fenómeno cárnico que ya ha conquistado Asia.