Raúl Ferreira
Raúl Ferreira - CEDIDA

Bailando de Lugo a San Petersburgo

El lucense Raúl Ferreira ha logrado ser el primer español fichado por el prestigioso ballet ruso del Teatro Mariinsky, tras años de intenso trabajo en su ciudad natal y en Rusia

SantiagoActualizado:

Lugo vio nacer en sus calles a una estrella. Se llama Raúl Ferreira, tiene 19 años y responde «de vacaciones» con una voz tranquila, tal vez un tanto tímida y en la que se notan ya ciertos dejes de los dos años que lleva viviendo en Rusia. Tal vez no le paren por las calles cuando recorra el centro histórico o cuando esté en una terraza de los conocidos «vinos» de la ciudad, pero es el primer español y el tercer extranjero en entrar en uno de los ballets más importantes del mundo, el del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Rusia es un país mucho más devoto de esta disciplina, que goza en el país de un reconocimiento incontestable.

Pero antes de esa aventura es necesario seguir recorriendo las calles de Lugo para entender sus comienzos. En la ciudad de las murallas le dedicaba entre cuatro y seis horas diarias a la danza en el Conservatorio Profesional de Danza de Lugo, donde recibía un grado de Danza Clásica. Afirma que lamentablemente en la Comunidad no hay «una alta cantidad de escuelas de gran nivel, ya que, en general, en Galicia y España no es tradición, así que es lógico». Tras dos años de intenso trabajo y aprendizaje en Rusia, con jornadas maratonianas que podían superar las ocho horas en la Academia Vaganova de ballet ruso, llegaron los exámenes de fin de curso. Allí, cuenta Ferreira, hubo una audición (privada)para seleccionar a cuerpo de ballet, el rango más bajo y desde el que hay que ascender poco a poco. Un total de 3.000 personas se presentan a unas audiciones que solo consiguen superar los sesenta mejores bailarines.

Es un logro muy importante, piensa, ya que cree que es difícil siendo de fuera entrar en algo así, pero no considera que sea más duro en Rusia que en otros lugares, ya que el objetivo siempre es el mismo: los miembros del ballet buscan a las personas de más calidad. «Me parece lógico que tiren de sus propios alumnos, y sí, he encontrado dificultades por el hecho de ser extranjero». Además, a ello se une el gran impacto cultural cuando se llega a un país tan distinto. El lucense no lo niega: «Hay que adaptarse a la idiosincrasia del país, y para mí como español es más complicada. Pero cuando te adaptas y entiendes los motivos por los que son o se comportan así no hay ningún problema», apunta. Por eso, afirma, ese posible recelo inicial o esas mayores dificultades al no ser nativo se van solventando poco a poco, ganándose la confianza del pueblo ruso, aunque reconoce «un rechazo» inicial. Al final no es lo mismo acudir a vivir a un país vecino que a un tan lejano y diferente, concede.

¿Futuro en España?

Es obligatorio preguntarle si esta experiencia adquirida y este puesto en el Teatro Mariinsky serán el paso previo para volver a donde todo comenzó. Pero Raúl lo duda. Antes ya comentó que ser cuerpo de ballet era el rango más bajo en esta compañía. Además, la situación de este arte en territorio nacional no puede ser comparada con la de Rusia: «Ahora mismo no tengo pensado volver, en España es complicado, ya que no hay una compañía estable, quién sabe si en el futuro regreso, pero por ahora no lo tengo pensado, aunque me encantaría», dice.

Aún así, durante los últimos días de agosto ha retornado a su Lugo natal y allí ha sido recibido con todos los honores. Tanto es así, que el propio Concello de Lugo le ha hecho un homenaje para celebrar sus éxitos y su papel como «embajador de la ciudad» en el extranjero. Con la llegada de septiembre, Raúl ya ha comenzado una nueva vida, nueva etapa y mucho trabajo y sacrificio por delante para el deleite de todo aquel que se deje pasar por sus espectáculos en San Petersburgo, que tendrán un trozo de Lugo gracias a este joven, que ya no es una promesa, sino el presente de la danza.