Luis Ojea - LA SEMANA

Azul y blanco hasta que me muera

Han pasado 19 años desde el último ascenso del Breogán. Pero el león ha vuelto a rugir

Luis Ojea
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El león ha vuelto a rugir. Algunos querían ver muerto al Breogán, pero «aquí seguimos en pie», como reza el canto de guerra. Siempre. «Azul y blanco hasta que me muera», como gritan miles de gargantas al unísono en el Pazo. Sí, el equipo de Galicia, el club de baloncesto más laureado de esta comunidad, regresa al lugar que le corresponde, que siempre le ha correspondido, al haber certificado matemáticamente este pasado viernes el ascenso a la ACB.

Han pasado 19 años, media vida, desde el último ascenso. Aquellos tiros libres de David Gil en aquel partido del play off contra Melilla el 23 de mayo de 1999. Esta vez sufrimos menos. No mucho menos, el sufrimiento es marca de la casa. Pero como entonces, como siempre, el Pazo vibró esta semana. Es difícil traducirlo a palabras. Los sentimientos son eso, sentimientos. Y el breoganismo es de esos sentimientos que solo eres capaz de explicar si lo profesas. Un sentimiento que no traicionas, que pasa de padres a hijos, que va gestándose desde la infancia bajando al Pazo para sufrir y disfrutar al mismo tiempo en cada jugada. Saltando de euforia en cada canasta. Cada triple, cada tapón, cada rebote.

Desde que se consumó el descenso en aquel infausto partido contra Valladolid en 2006 se han sucedido épicas victorias y dolorosas derrotas. Ha habido muchas frustraciones, es cierto. Pero merece la pena. Es así como se ha forjado la leyenda. Una inquebrantable pasión, una esperanza infinita. Ahora, en la victoria, y siempre. Por eso miles de benditos locos se dejan y se dejarán, nos dejaremos, la garganta gritando «Forza Breo».

El viernes, todo el año, esta plantilla se ha ganado un hueco en la excelsa pléyade de los grandes del Pazo. El mayúsculo Stainbrook, el mítico Úriz, el maestro Arco o el mágico Quintela. Todos, leñadores, constructores, arquitectos y galácticos. Al lado de aquellos que en 1999 habían conseguido la anterior gesta, los Kenny Green, Mason, Urreizti, Borja Pérez o James Jurasic Donaldson. ¡Qué elegancia tenía con más de 40! Como la que exhibía el imprescindible Lisardo Gómez, uno de los nuestros, cuando dirigía al equipo desde el banquillo. O la de los históricos que hicieron grande esta camiseta. Desde Velimir Perasovic a Claude Riley o Charlie Bell y Manel Sánchez. Y muchos otros, muchísimos, que quedan en el tintero.

Esto es el Breogán. Un sentimiento. Un cóctel de emociones. La crónica de una pasión. El equipo que sirvió de trasfondo a la película de Camus «La vieja música». El que llevó el nombre de Lugo a Europa en la antigua Korac. El que, pese a quien le pese, sigue siendo el club de baloncesto gallego que atesora más trofeos en sus vitrinas.

Una y mil veces. Ahora en la victoria. Y también cuando lleguen las derrotas. El breoganismo no es negociable. Porque el Breo es un sentimiento. El león ha vuelto a rugir. ¡Forza Breo! Azul y blanco hasta que me muera.

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