Alberto Caparrós - CRÓNICAS SABÁTICAS

El PP valenciano de Isabel Bonig tras el temporal

«A la presidenta de los populares siempre le quedará la esperanza de que, dentro de un año, la tormenta haya amainado»

Alberto Caparrós
VALENCIAActualizado:

Gürtel, Taula-Imelsa, Brugal, Palau de les Arts, Emarsa, Cooperación... El calvario judicial del Partido Popular estaba cantado. Una realidad que, conforme apuntaba ABC en su editorial de este sábado, se está cumpliendo a rajatabla.

Este 20 de de enero de 2018, con «El Bigotes» y Francisco Camps en las portadas, Valencia amaneció con nubes bajas que dieron paso a un sol de justicia y a temperaturas primaverales. Hace exactamente un año, la noticia que abría periódicos e informativos de radio y televisión era otra. El peor temporal de nieve en un cuarto de siglo atrapó a 2.000 conductores en la A-3 al paso por Requena, la lluvia anegó y provocó destrozos en el Paseo Marítimo de Valencia y los copos llegaron a cuajar en las playas de Torrevieja.

Valga el recordatorio para introducir la metáfora. Y es que, al igual que aquel temporal del 20 de enero de 2017 amainó y hoy ya no tiene a nadie que le escriba, en el seno del Partido Popular -léase las direcciones nacional y regional- se ha alcanzado el convencimiento de que no les queda más opción que esperar a que llegue la calma tras la tempestad de Gürtel.

De la misma forma que este sábado en Valencia, con las terrazas llenas en una jornada más propia de las Fallas que del fin de semana de San Vicente, nadie hablaba de la nieve del 2017, los populares confían, al mas puro estilo de su presidente, Mariano Rajoy, en que dentro de un año se haya olvidado Gürtel, lo cual es mucho confiar. Sin embargo, no les queda otra alternativa.

Conforme recoraba el editorial de ABC, en la anterior legislatura el PP, con mayoría absoluta en el Congreso, aprobó una batería legislativa sin precedentes para combatir la corrupción.

Imagen de la presidenta del PPCV, Isabel Bonig
Imagen de la presidenta del PPCV, Isabel Bonig-MIKEL PONCE

A nivel autonómico, ninguno de los dirigentes implicados en casos que se juzgarán durante este año ocupan en la actualidad cargos de responsabilidad en el PP. En Valencia, por contra, nueve de los diez concejales en el Ayuntamiento de la ciudad están imputados en una de las piezas separadas del caso Taula.

Isabel Bonig les pidió el acta -sin éxito-, se enfrentó a ellos por su resistencia a abandonar sus cargos y creó una gestora. Hizo todo lo que estaba en su mano.

Pese a ello, son muchas las voces, tanto dentro como fuera de la formación, que reclaman a Isabel Bonig (elegida presidenta, cabe recordarlo, con el 94 por ciento de los votos) una mayor determinación. Renovación, nuevos relatos y discurso frente a la soga de la corrupción (por mucho que ésta corresponda a épocas pasadas en la mayoría de casos) y frente a la amenaza de la pujanza de Ciudadanos en las encuestas. En definitiva, y vuelvo a rescatar el editorial de este sábado en ABC, «en política no basta con tener razón, hay que ser creíble».

Isabel Bonig, presidenta del partido más votado en la Comunidad Valenciana, pidió «perdón» por los casos de corrupción pero ni puede borrar el pasado ni marcar un antes y un después. De hecho, aunque hubiera sacado adelante su objetivo de cambiar el nombre del partido, no lo habría conseguido. El PDCat (antigua CiU) es el ejemplo más palmario y próximo en el tiempo. El caso Palau y las cuitas judiciales de los Pujol van en su debe político, por mucho que hayan enterrado las siglas de Convergència i Unió.

Isabel Bonig pelea ahora por articular una agenda propia con el PSPV y Compromís en el punto de mira de su discurso político. Mientras los partidos que forman el Consell tratarán de aprovechar el filón que les brinda la vasta lista de causas judiciales que afectan al PP, la líder de los populares valencianos insistirá en su guión: ausencia de inversiones de la Generalitat frente a la apuesta del Gobierno por infraestructuras como el Corredor Mediterráneo; el derecho de las familias a decidir la educación que reciben sus hijos; el gasto público en una nueva televisión para mayor gloria de Mónica Oltra; o el riesgo de que se propaguen las tesis independentistas en la Comunidad Valenciana.

Imagen de la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra
Imagen de la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra-MIKEL PONCE

Habrá que ver si estos argumentos, con Ciudadanos al acecho de la tarta del centro-derecha valenciano, resultan suficientes frente al temporal que se avecina en forma de causas judiciales, para afrontar con garantías la precampaña electoral de las autonómicas y municipales en la que, tal día como hoy dentro de un año, estaremos inmersos.

Siempre le quedará la esperanza de que, para entonces, haya amainado.

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