Jesús Alonso Iglesias* - Historia Militar de la Comunidad Valenciana

La otra artillería

«La honda podría considerarse como precursora de máquinas de mayor tamaño»

Jesús Alonso Iglesias*
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Si consultamos el diccionario de la Real Academia Española, encontraremos la definición de “artillería” como “el arte de construir, conservar y usar todas las máquinas y municiones de guerra”. En otro diccionario encontramos una segunda acepción para la palabra artillería definiéndola como “el conjunto de armas de guerra pensadas para disparar proyectiles de gran tamaño a largas distancias empleando una carga explosiva como elemento impulsor.”

No obstante la definición podríamos ampliarla considerando a la artillería como “el conjunto de armas capaces de disparar un proyectil a cierta distancia contra un objetivo determinado”, de esta forma la definición adquiere aspectos de generalidad permitiendo englobar las subdivisiones de: artillería pirobalística: (cañones, obuses, morteros etc.) que es aquella que aprovecha la deflagración de la pólvora para impulsar el proyectil y artillería neurobalística (catapulta, onagro, etc. ) que utiliza la energía acumulada por la torsión de cuerdas y nervios de animales cuando recuperan su forma natural. Por extensión, y comprendidas en la acción básica de lanzar un proyectil, podríamos considerar como artillería otras muchas máquinas que no empleando ni la función pirobalística ni la neurobalística también cumplen el objetivo de lanzamiento de proyectiles. Entre ellas podemos citar: la honda (lanzamiento de piedras mediante la acción de la fuerza centrífuga) y la ballesta (lanzamiento de flechas mediante el impulso que proporciona la flexión de un arco de madera o hierro).

La honda estaba fabricada de esparto trenzado, lino, crines o tripas de animales, pudiendo lanzar piedras hasta una distancia de 100 metros. El hondero hacia girar la honda por encima de su cabeza describiendo círculos y en un momento determinado soltaba uno de los extremos con lo que la piedra salía despedida por impulso de la fuerza centrífuga. Para llevar a cabo su misión el hondero portaba 3 hondas de diferentes tamaños, dependiendo de la distancia a la que era necesario lanzar; una, la más pequeña, la llevaba enrollada en la cabeza y la más grande alrededor de la cintura, portando la tercera en la mano. El arma adquirió una gran difusión en los pueblos de la costa de levante y en especial en las islas Baleares debido a la sencillez en su confección, a la simplicidad de su manejo y a la facilidad para conseguir proyectiles y arraigó de tal forma que el guerrero mallorquín recibió el sobrenombre de hondero balear. Desde muy pequeños, los niños mallorquines recibían un duro entrenamiento con esta arma como lo demuestra el párrafo de Licofron de Calcis al decir: “ …..Y las madres señalaron a sus hijos más pequeños, en ayuno, el arte de tirar; ya que ninguno de ellos probará el pan con la boca si antes, con piedra precisa, no acierta un pedazo puesto sobre un palo como blanco…”. El guerrero portador de esta arma destacó acompañando a Anibal en la batalla de Trevia y también a Cesar en las Galias con resultados espectaculares. Vegecio apunta que ya en el S. IV la legión romana combatía con dos primeras filas de “príncipes”, la 3ª y 4ª fila eran los “astados” armados con dardos, flechas y hondas, siendo la 5ª fila la de los “fundibulatores” armados con palos de mas de 1 metro de largo que llevan en su extremo una honda que lanzaban piedras de mayor tamaño y que ya podríamos considerarla como una primigenia artillería.

A principios del S. XVI la afición por las competiciones y concursos con honda se traslada también a las ballestas, arma en la que tanto baleares como levantinos destacan especialmente. Esta pericia, de los mallorquines, en el manejo de la ballesta está acrecentada por los concursos de tiro que se realizaban periódicamente; de tal forma que a finales del S. XIV Pedro IV instituye un premio, consistente en una jarra de plata, para el ganador del concurso de tiro que se celebraba en Pascua.

En análoga situación encontramos en Valencia verdaderos expertos en el manejo de la ballesta. Conocida es la legendaria compañía de ballesteros, -Centenar de la Ploma-, que estando formada por 100 hombres tenía, como misión, defender a la ciudad de Valencia y custodiar la Senyera o bandera real de la ciudad. Esta compañía, adoptó como arma la ballesta debido a que presentaba una gran eficacia y precisión en su manejo y en ella, los individuos del Centenar alcanzaron un alto grado de pericia y habilidad en su uso. Mas tarde, al generalizarse las armas pirobalísticas, la ballesta convivió con el arcabuz lo que exigió el aumento del número de componentes de la Compañía llegando a ser de 200 hombres además de pajes, lacayos etc.

Para conseguir el deseado dominio de la ballesta, el Centenar tenía asignado un patio donde efectuar sus ejercicios de tiro, (patio que se encontraba próximo a la calle Ballesteros en lo que hoy es la parte delantera del teatro Principal), disponiendo además de otros lugares para realizar sus prácticas y adiestramiento de tiro como el recinto a espaldas del convento de Santa Ursula. Pero además del cotidiano entrenamiento, se celebraban competiciones la mayor parte de los domingos recibiendo el ganador o bien dinero o bien algún articulo de plata. Los ejercicios con ballesta, que se reglamentaron ya en el S. XV perduraron hasta el S. XVIII en que al abolirse los fueros de Valencia desapareció con ellos la Compañía.

La honda podría considerarse como precursora de máquinas de mayor tamaño en las que su funcionamiento se basaba en el mismo principio que la honda, es decir, usaban la fuerza centrifuga para el lanzamiento del proyectil; sin embargo, sus grandes dimensiones exigían un brazo de palanca de mayor tamaño y un gran contrapeso. Entre ellas podemos citar: el Fundibalo, el Trebuchet y el manganell. Por su parte la ballesta podría ser el tamaño reducido de armas que también usan la fuerza obtenida por la flexión de una madera o barra de hierro para el lanzamiento de proyectiles, como por ejemplo la balista. Aunque conviene apuntar que fue la balista la que sirvió de modelo a la ballesta, al surgir la necesidad de disponer de un arma individual para el combatiente que a la vez fuera ligera y manejable. Ambas máquinas hondas y ballestas convivieron durante siglos con las armas Neurobalísticas y posteriormente con las Pirobalísticas, pero mientras aquellas eran armas individuales y de corto alcance las segundas generalmente requerían el concurso de varios hombres para su manejo.

Las máquinas como la honda, la ballesta, el fundibalo, el manganell, el trebuchet, la balista, la bricola, el Joclide, etc. forman ese grupo de armas que no perteneciendo al grupo de máquinas neurobalísticas ni pirobalísticas hemos considerado como merecedoras de formar parte del grupo de la otra Artillería.

*Jesús Alonso Iglesias es miembro del Grupo de Historia Militar de la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).

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