Juan Zumalde - VERLAS VENIR

La huerta

«En Alcàsser, que es donde yo vivo, no paran de desaparecer campos cultivados año tras año»

Juan Zumalde
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Amaneció de repente una mañana con la ciudad plagada de esculturas hortalizas y productos de la huerta gigantes. Muy chulos. Un pimiento por aquí, un tomate por allá y una berenjena pro acullá. Todo muy bonito y pintoresco para los turistas y viandantes. Está fenomenal. Pero no son comestibles.

Dicen los responsables de la iniciativa que es una forma de celebrar el título de Valencia como Capital Mundial de la Alimentación durante 2017. Y la verdad es que el galardón mola y es fantástico. Se supone que gracias a él se va a potenciar el consumo de agricultura de proximidad y todo eso.

Pero los que vivimos en pueblos de l´Horta, como un servidor, asistimos atónitos al pimiento gigante y nos preguntamos: ¿De dónde lo habrán sacado? La respuesta es en negativo: De mi pueblo no.

En Alcàsser, que es donde yo vivo, no paran de desaparecer campos cultivados año tras año. Donde antes había naranjos, ahora hay eriales con hierba seca de un metro de altura esperando a arder de forma descontrolada. Y las pocas nuevas explotaciones que aparecen, por lo que yo veo, están más centradas en grandes y lejanos mercados que en los próximos.

Que está muy bien todo eso de decir que queremos consumir pimientos producidos en las huertas de los alrededores de la ciudad, pero que estaría todavía mejor tomar las medidas necesarias para que eso sea así.

Igual es un problema de rentabilidad o de costes de producción. Pero lo bueno de la política es que facilita que las cosas cambien, si realmente hay una voluntad de cambio. Si nuestros gobernantes quieren productos producidos al lado de nuestras casas -yo si que los quiero- que se encarguen de que los haya. Lo del tomate inmenso está chulo, pero no es comestible.

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