Imagen de Zaplana tomada el pasado 16 de abril, en su última aparición pública en Valencia - EFE | Vídeo: Zaplana, detenido por presunto blanqueo de capitales ATLAS
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Eduardo Zaplana, la ambición hecha política

El exministro había sorteado hasta ahora el cerco de la corrupción que ha asolado al PP valenciano la última década

VALENCIAActualizado:

En su última aparición pública, el pasado 16 de abril, Eduardo Zaplana Hernández-Soro (Cartagena, 1956) reivindicaba su «legado». Pese a estar retirado desde hace una década de la política activa, el que fuera ministro de Trabajo y portavoz a las órdenes de José María Aznar seguía manteniendo su capacidad de convocatoria en la Comunidad Valenciana, que gobernó entre 1995 y 2002. Pese a las críticas a la gestión de los actuales dirigentes del partido en la región, conservaba el carnet de militante desde 1990. Antes, con apenas veintiún años, un jovencísimo Zaplana ya había apuntado sus inquietudes y ambiciones políticas cuando en 1977 se enroló en las filas de UCD.

Aquel día de abril hace poco más de un mes el salón de actos del Ateneo Mercantil de la capital del Turia se quedó pequeño. La conferencia versaba sobre la «España de las autonomías», pero Zaplana -aquejado de una enfermedad y poco dado en las últimas épocas a los actos públicos- generó gran expectación. Todavía tiene sus fieles en el que fue su feudo desde el que dio el salto a la política nacional.

Allí estaban cargos de su época y otros dirigentes actuales. Entre ellos, diputados nacionales, autonómicos y concejales del PP. También parlamentarios de Ciudadanos, empresarios y periodistas.

De Benidorm al Palau de la Generalitat

Un mes más tarde, Zaplana ha sido detenido en la misma ciudad en la que estableció su residencia, a escasos metros del camino que lleva al Palau de la Generalitat, al que accedió en 1995 gracias a un pacto (conocido como el del «pollo») con la extinta Unión Valenciana.

A Zaplana -que terminó por fagocitar a los regionalistas de Vicente González Lizondo- se le había quedado pequeño Benidorm, cuya Alcaldía había alcanzado cuatro años antes gracias a una moción de censura que apoyó la tránsfuga Maruja Sánchez.

En aquella época el nombre de Zaplana apareció vinculado al llamado caso Naseiro. La nulidad de las escuchas de una comprometedora conversación en la que hablaba de sus objetivos en política y el archivo de hasta doce querellas le permitieron salvar la primera bola de partido.

La llamada de Aznar y su relación con Camps

Al igual que sucedió con Benidorm, a Zaplana, un político ambicioso capaz de controlar todos los resortes de la Administración autonómica, el Palau de la Generalitat no le cubría todas sus expectativas y acudió a la llamada de Aznar, que le nombró ministro en el verano de 2002. Zaplana formó parte del Gobierno hasta 2004. Con Aznar había compartido torneos de pádel en los veraneos en la provincia de Castellón, donde otra de las citas ineludibles eran las cenas de cumpleaños del entonces presidente de la Diputación provincial, Carlos Fabra.

Imagen de Zaplana y Fabra tomada en el año 2001
Imagen de Zaplana y Fabra tomada en el año 2001- ABC

En el camino de la Generalitat al Ejecutivo dejó la presidencia del Partido Popuular valenciano en manos de Francisco Camps, quien no aceptó la tutela impuesta desde la distancia por Zaplana, lo que provocó un enfrentamiento irreconciliable -al que se sumó la fallecida Rita Barberá, principal aliada del que fuera su concejal en Valencia-.

Pese a aquella lucha fraticida, los populares lograron amasar sucesivas mayorías absolutas con Camps al frente del partido, indemnes al goteo de causas judiciales -desde el caso Gürtel al caso Cooperación- que afectaron a la formación y que han acabado con antiguos dirigentes (Rafael Blasco, Carlos Fabra y Milagrosa Martínez) en la cárcel.

En la actualidad apenas quedan rescoldos del zaplanismo en activo: la concejal de Valencia María Ángels Ramón-Llin -imputada en el caso Taula- o la diputada nacional Susana Camarero. El campsismo también anda en retirada.

Con todo, la detención de Zaplana, a la que se suma la del empresario Vicente Cotino, sobrino del exconseller Juan Cotino, y la del que fuera jefe de Gabinete de Zaplana, Juan Francisco García, supone un nuevo varapalo para las aspiraciones del actual PP valenciano, presidido por Isabel Bonig. En su última conferencia, Zaplana criticó la ausencia de «relato» de la actual líder de la formación.

Imagen de Zaplana y Camps tomada en junio de 2003
Imagen de Zaplana y Camps tomada en junio de 2003 - ABC

De los cuatro últimos presidentes de la Generalitat Valencianas por las filas populares, Zaplana ha sido detenido; José Luis Olivas -su sucesor interino- está imputado por su etapa al frente de Bancaja y el Banco de Valencia-; y Francisco Camps está siendo investigado por la gestión de la Fórmulo Uno en la capital del Turia.

De la política a la actividad privada

Zaplana había contemplado todos los acontecimientos desde la barrera y con un perfil discreto. Apenas se dejaba ver en ocasiones contadas, como el acto institucional que se celebra cada 9 de octubre en el Palau de la Generalitat con motivo de la festividad de la Comunidad Valenciana. En 2015, tuvo que ser ingresado en el hospital La Fe de Valencia para someterse a un trasplante de médula a causa de una extraña variedad de leucemia.

Zaplana está casado con Rosa Barceló, con quien tiene dos hijas y un hijo que falleció en 2011.

Imagen de la Guardia Civil frente a la casa de Zaplana en Benidorm
Imagen de la Guardia Civil frente a la casa de Zaplana en Benidorm - JUAN CARLOS SOLER

Un 29 de abril de 2008, hace ahora diez años, cuando era portavoz del grupo parlamentario popular en el Congreso y tras una dura legislatura marcada por la derrota electoral del PP después del 11-M, dejó la política y pasó el ámbito privado con una consultoría.

Telefónica ha suspendido este martes «con carácter inmediato» la relación laboral del exministro con la entidad. En un despacho de esa empresa, Zaplana alardeaba en una entrevista con ABC mantenida en 2014 que no había tenido «jamás» un problema judicial.

Eduardo Zaplana, que había sorteado el cerco de la corrupción que ha asolado en la última década al PP valenciano, ha escrito su epílogo un martes de mayo con su detención en el marco de una operación por presunto blanqueo de capitales y delito fiscal relacionada con la época en la que alcanzó la cima del poder en la Generalitat Valenciana.