Guillem Bertomeu - LLETRAFERIT

A contrapié

«El liderazgo de Isabel Bonig se mueve como si estuviera dentro de una caja de cristal»

Guillem Bertomeu
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Desde hace tiempo se viene analizando a quién podría beneficiar o perjudicar un posible adelanto electoral autonómico y más en una situación donde el actual “Govern del Botànic” podría empezar a mostrar fisuras de cara a las cercanía con las citas electorales y donde muchas veces pelean por el mismo target de voto. Un ejemplo evidente sería el no poder sacar adelante unos presupuestos de la Generalitat que evidenciaría más si cabe una debilidad del actual Ejecutivo.

Un adelanto electoral, donde al margen de coger a contrapié al principal partido de la oposición, intentaría visibilizar a nivel nacional una agenda de intenciones políticas valencianas, que por otra parte es una de las reclamaciones de Ximo Puig esta legislatura.

Otro de los factores a analizar sería tanto el papel de Ciudadanos como el de Podemos. La formación naranja vive tiempos de euforia estadística, que no se corresponden con su implantación ni municipal ni en estructura propia. Es una marca que vive bien de un liderazgo nacional y de haberse alzado como la alternativa no nacionalista en Catalunya, pero poca más relevancia territorial puede tener ni un discurso propio para cada territorio. Otro de los temas a analizar de Ciudadanos es que no ha querido entrar dentro de los gobiernos autonómicos tras las elecciones de 2015, como negativo implica no haber rascado “poder”, ni presupuestos, pero como positivo es no haberse “quemado” tras la gestión.

Imagen de archivo de Ximo Puig e Isabel Bonig tomada en el Palau de la Generalitat
Imagen de archivo de Ximo Puig e Isabel Bonig tomada en el Palau de la Generalitat-MIKEL PONCE

La formación morada, por su parte, está viviendo una legislatura extraña en nuestra Comunitat. Al relevo de la portavocía en el propio Cap i Casal, tras la dimisión de Jordi Peris en julio de 2017, con raje incluido por las luchas, ataques, intrigas y presiones internas, habría que sumar el de su anterior síndic en les Corts Antonio Montiel, también víctima del propio partido. En les Corts además sufren el ser el partido que mantiene a flote el “Botànic” sin rascar bola presupuestaria y ello les hace cómplices de los posibles desmanes y decisiones de Oltra, Marzá, Montón y demás. A todo ello hay que añadir los repetidos resultados decepcionantes que lleva sumando la formación de Pablo Iglesias, como fue en la propia Catalunya, o broncas internas en federaciones como la andaluza o la vasca. Todo ello no hace presagiar que un posible adelanto electoral en nuestra Comunitat les pudiera beneficiar, al contar con un liderazgo endeble y desconocido.

Los populares, por su parte, viven una situación de movimientos maniatados. Sin un líder en la propia ciudad de Valencia, una situación dantesca a nivel municipal y una parálisis estructural impuesta desde algún cerebro iluminado de Génova 13 hace que el liderazgo de Isabel Bonig se mueva como si estuviera dentro de una caja de cristal. Los últimos congresos de los populares valencianos fueron en verano de 2012, van a pasar seis años sin poder renovar sus estructuras internas, que unido a la pérdida de poder institucional, hace que la desazón y la falta de implicación predomine sobre el músculo orgánico. La formación que reside en la Plaza de América vive una realidad de parálisis compleja.

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