Fernando Llopis - El último liberal

«¡Cáspita, vaya tropa!»

«No sería de extrañar que en la votación del nuevo alcalde, muchos concejales muestren públicamente su voto, para evitar dudas si el resultado no es el previsto»

Fernando Llopis
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Es posible que el ya ex alcalde de Alicante, Gabriel Echavarri, citara al conde de Romanones cuando se le comunicó desde su propio partido que debía abandonar la alcaldía por los procesos judiciales que se habían abierto contra él. Una de sus primeras condiciones fue la de que se asegurasen los votos para garantizar que los socialistas iban a seguir ostentando la alcaldía. Aquello debió parecer muy fácil, ya que los concejales que habían formado parte del funesto tripartito que había ¿gobernado? Alicante aseguraron su apoyo a la nueva candidata socialista a la alcaldía, la concejal Eva Montesinos. Sólo faltaba que al menos uno de los dos tránsfugas se sumara con su voto positivo, y los primeros comentarios de estos eran básicamente que la señora Montesinos, a pesar de que se desconocía de su trabajo en las concejalías de Deporte y Turismo algún logro que destacar, era algo así como una mezcla de Margaret Thatcher y Golda Meier, pero envuelta en la bandera tricolor republicana.

Para facilitar todavía más las cosas, dentro de las luchas internas existentes en el Partido Popular de Alicante, parecía no existir demasiado interés de que su portavoz, el concejal Luis Barcala, fuese el alcalde en el caso de que la candidata socialista no consiguiera los quince votos necesarios. Así que Echavarri fue forzado a dimitir sin que sus compañeros de partido le hicieran caso en aquella petición de garantizar los votos ya que parecía algo sencillo.

Echávarri abraza a su sucesora, Montesinos, en su despedida de la primera línea de la política
Echávarri abraza a su sucesora, Montesinos, en su despedida de la primera línea de la política-ABC

El conde de Romanones pensaba que así de fácil sería conseguir formar parte de la Real Academia dadas sus influencias, tras haber sido diecisiete veces ministro e incluso tres veces presidente del consejo de ministros en tiempos de Alfonso XIII. Parece ser que obtuvo garantías de que todos los académicos con derecho a voto le iban a apoyar tras reunirse individualmente con cada uno de ellos. Tras la votación negativa el conde de Romanones preguntó al funcionario que le comunicó las malas noticias que cuantos votos favorables había obtenido. Al contestarle este que no había obtenido ningún voto favorable, el conde sin perder la compostura se limitó a decir “¡Cáspita, vaya tropa!”

Algo así parece ocurrir en Alicante, donde los tránsfugas, siempre tan poco fiables como su nombre indica, parece que ahora dudan con el voto. Dicen las malas lenguas que el cambio de intención de voto de Sepulcre se debe a un toque de atención de uno de los sectores del PP al otro indicando, que era poco entendible que el tránsfuga que recibe un sueldazo de la Diputación dirigida por el PP, fuera a apoyar al tripartito en algo tan serio. Así que el susodicho tránsfuga ha pasado de apoyar a Montesinos a decir que no hay mejor candidato a ser alcalde de Alicante que él mismo. La otra tránsfuga, tras sufrir durante más de dos años todo tipo de desplantes e insultos por los que ahora le ruegan su voto, pide tener un sueldo por lo que le resta de legislatura, algo que no parece demasiado sencillo con la aritmética de votos del pleno actual. Para complicar más las cosas, una de las concejalas de Guanyar, para apoyar a la candidata socialista, ha exigido la dimisión de un cargo socialista por insultar al ex presidente ecuatoriano Correa mientras recibía un homenaje en el ayuntamiento. Curiosa forma de actuar la de estos actuales o futuros podemitas, que mientras exigen dimisiones a los de imputados de aquí, homenajean a los de fuera de España.

Por todas estas cosas, en cierta forma, tras el dolor razonado de tener que abandonar la alcaldía, el ex alcalde Echavarri, uno de los mejores conocedores de la tropa de la que dependía la votación, puede decir “que conste, que yo os lo advertí”.

Es probable que haya tentaciones de compra de votos con lo que no sería de extrañar que el día de la votación del nuevo alcalde, muchos concejales muestren públicamente su voto antes de depositarlo, para evitar dudas en el caso que la votación no tenga el resultado previsto. Usted posiblemente se preguntará cuál es el resultado previsto, y yo le respondería que es posible que sea diferente para los diversos bandos en liza, y que, sin duda al menos uno de ellos dirá tras la votación aquello de “¡Cáspita, vaya tropa!

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