Aznar recibe a Pujol en La Moncloa, en 1996
Aznar recibe a Pujol en La Moncloa, en 1996 - EFE

Nostalgia de la vieja CiU

El exdiputado convergente Josep López de Lerma presenta su breviario crítico «Cuando pintábamos algo en Madrid»

BARCELONAActualizado:

El «no es no» de Pedro Sánchez ha contado con epígonos, si no ilustres, al menos con algún lustre. Jordi Pujol i Soley, año 2000. Mayoría absoluta del PP después de los cuatro años del pacto del Majestic con CiU que dio prosperidad a España e impulsó la financiación y las obras públicas en Cataluña. Aznar reitera su propuesta para que los nacionalistas catalanes entren el gobierno, aunque no necesita sus votos. Pujol no responde «no es no», pero balbucea un «no sé, no sé». Luego pondrá a Mas a calentar el sillón presidencial para dar tiempo a que su delfín Oriol se foguease –más que foguearse se quemó– y lanzará aquella bravata mitinera del «Tites, tites, tites. Pero, ¿quién se han creído que somos?». Del «tites tites» hemos pasado al «¿qué coño es la UDEF?»

En las anécdotas y recuerdos de «Cuando pintábamos algo en Madrid» (ED Libros) López de Lerma da un buen repaso a ese permanente «no» a España con el que el pujolismo conjugaba su táctica del «peix al cove». La propuesta de Aznar, apunta, «nunca tuvo interés partidario, como los columnistas de Pujol y algunos de sus colaboradores más próximos dijeron, dándole perdigonadas… Era una invitación a cogobernar España».

Ramon Trias Fargas le dijo desde el primer momento a Pujol que se debía estar allí donde se toman las decisiones, pero Pujol prefería salvar a su manera a Cataluña y «condicionar» el gobierno con sus votos para que no le sacaran los dosieres sobre sus tejemanejes familiares. «Pudimos estar la cocina del gobierno, pero preferimos servir los cafés», lamenta López de Lerma.

Ya en la primera legislatura de la democracia, Suárez ofreció a Minoría Catalana dos ministerios en las personas de Trias Fargas y Roca, explica: «Fue la primera de una serie de ofertas recibidas para incorporar el catalanismo moderado, reformista y renovador al gobierno de España». Pujol siempre dijo que no y López de Lerma (diputado entre febrero de 1980 y abril de 2004) cree que quien fue Honorable debe una explicación a los catalanes sobre su tacticismo siempre en negativo: «Hasta en seis ocasiones, como mínimo, Jordi Pujol le dio con la puerta en las narices al inquilino de turno de la Moncloa, el que fuere, cuando este le ofreció entrar en el gobierno».

«Entre ERC y CDC, el electorado independentista siempre preferirá el original a la copia»

López de Lerma desgranaba esta semana su memoria crítica ante un auditorio sin convergentes –sólo se vio a Pere Macias– y con un predominio de Unió –Duran Lleida, Espadaler, Farreras, Sánchez Llibre– y socialistas –Iceta, Requena, Navarro, Montilla– y con la presencia del presidente de la patronal Gay de Montellà. Su editor, Félix Riera, afirmó que el sello de Economía Digital «abordará temas al margen del ‘mainstream’ político y que el libro del exdiputado es ideal para leerlo en el AVE de Barcelona a Madrid». El presentador de la obra, Xavier Vidal Folch, se refería a Pujol sin nombrarlo como el «mandatario catalán de la época»: el que se inventó lo de «tranquil Jordi tranquil» del 23-F, el que no firmaba las cartas, el que promovió a Pasqual Estivill para el CGPJ… «Era el Mesías y no necesitó nunca de un partido político: estaba él y los operarios… A los convergentes nos educaron en la obediencia y el silencio» ironizaba López de Lerma.

Pero hubo un momento en que el catalanismo se sentía parte del Estado y patrocinaba las leyes que ahora desafía. De la buena educación y la moderación se ha pasado al exabrupto y el desplante: «Ahora predomina un catalanismo cerrado que se mira el ombligo. Hay un millón de personas que se creen que el mundo está pendiente de nosotros…» comentó, sardónico, López de Lerma. Con Mas, añadió, «se instaló un grupo de jovencitos inexpertos que pasaron de golpe a ser directores generales y que cuando han de abandonar el Palau de la Generalitat no saben ni pedir un taxi. El actual PDEcat –que cuando lo leo con mi astigmatismo leo PET–, está en el gallinero del Congreso cazando moscas».

Amarradito a la CUP

De la Convergència que pintaba algo en Madrid a las gracietas de un Homs subalterno de la pintoresca pareja del «arrauxat» Tardà y el perdonavidas Rufián… con Puigdemont amarradito a los caprichos de las CUP. En cada legislatura, menos votos del primero en favor de los segundos. Lo advirtió López de Lerma, pero no le hicieron caso, como a todos los diputados identificados a la etapa civilizada de Miquel Roca: «Entre ERC y CDC, el electorado independentista siempre preferirá el original a la copia». Y así les va.