Los motivos por los que una hipotética Cataluña independiente no formaría parte de la UE

El organismo surgió para superar los enfrentamientos nacionalistas que se habían vivido en Europa

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No es poco frecuente que, al recorrerse Cataluña por carretera, se encuentren banderas independentistas colocadas a las entradas de los municipios, algo que se repite en algunos balcones ya dejando las afueras. Algunas de ellas, además, no van solas, sino que quienes las cuelgan se encargan de colocar también otra de la Unión Europea. Este es uno de los muchos intentos que parte de los secesionistas llevan a cabo para lanzar el mensaje de que una hipotética Cataluña independiente pasaría a formar parte del organismo. Sin embargo, hay argumentos suficientes para desmontar esta tesis.

Más allá de cualquier argumento jurídico, hay uno esencial que desmonta cualquier empeño independentista por dar a entender que una Cataluña independiente formaría parte de la UE: su origen. Tal como explica Manuel Mostaza Barrios, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Ciencias Políticas y Sociología, la esencia del organismo es completamente contraria a lo que pretenden llevar a cabo los secesionistas: «Desde su origen, la Unión Europea, la antigua Comunidad Económica Europea, se creó como un club de estados para superar los enfrentamientos nacionalistas que habían desgarrado Europa entre 1900 y 1945; es decir, es un grupo de estados que se crea entre otras cosas para luchar contra el nacionalismo, para luchar contra la idea de que a cada nación le corresponde un estado y para demostrar que puede haber un demos, o sea, un pueblo, que puede estar más allá del Estado nación, que es el demos europeo». Por tanto, este tipo de movimientos no se ven con buenos ojos, ya que van «contra su razón de ser».

Tampoco España es el único país que tiene que enfrentarse a este tipo de problemas. En la Unión Europea no hay estados homogéneos, expone este politólogo, sino que lugares como Francia, Italia o Bélgica, entre otros, también cuentan con minorías y movimientos nacionalistas. Aceptar en el organismo a una hipotética Cataluña independiente podría suponer «abrir la caja de pandora» para el resto de corrientes secesionistas europeas.

Pero además se cuenta con un argumento jurídico sobre el que no cabe discusión alguna. La Unión Europea, asegura Mostaza Barrios, sigue la doctrina Prodi, denominada así comúnmente por ser Romano Prodi —presidente de la Comisión Europea entre 1999 y 2004— el que la instauró. Este principio dice que cualquier parte de un Estado que se segregue se convierte automáticamente en un tercer país: «La Comisión se remite ahí y dice que no hay más que hablar. Es decir, cuando una parte de un estado sale, se considera que es ya un tercer territorio. Esta es la razón jurídica y es suficientemente sólida y potente. Es un posicionamiento oficial de la Comisión Europea».

Posibilidad de veto

Si una Cataluña independiente quisiera formar parte de la UE debería iniciar un proceso de solicitud que tendrían que aceptar el resto de miembros. «La UE es un club de estados y se necesita la unanimidad de ellos para entrar. Esto significa que en un hipotético proceso, España siempre tendría la posibilidad de vetar la entrada».

Esta posición la ha recordado recientemente el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, que avisó de que actuar en contra de la Constitución de un Estado miembro supone ir «en contra del marco legal de la Unión Europea». También el portavoz comunitario de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, ha repetido a Cataluña que la doctrina Prodi «es todavía de aplicación». Además, lanzó un aviso: «Cuando una parte del territorio de un Estado miembro dejara de pertenecer al estado en cuestión, por ejemplo porque se convirtiera en un país independiente, los Tratados cesarían de aplicarse en ese territorio». Y este es, precisamente, uno de los grandes problemas a los que se enfrentaría Cataluña.

Tal como recalca Mostaza Barrios, «los inconvenientes son casi incontables», pues una Cataluña fuera de la Unión Europea dejaría a sus ciudadanos sin muchos servicios con los que ahora cuentan. Los agricultores ya no podrían acceder a la política agraria común, los estudiantes a los programas Erasmus o los investigadores de las universidades catalanas a los proyectos del Horizonte 2020, programa de financiación para la investigación. «Tampoco podrían acceder a Europol, porque ahora acceden a través de España, y al no tener acceso Schengen, los ciudadanos de Cataluña tendrían que volver a usar el pasaporte para salir de las fronteras de ese hipotético país», explica este politólogo: «Es un disparate completo porque el nacionalismo, tal como lo plantean los secesionistas catalanes, se plantea como algo del siglo XIX. Lo que están haciendo es algo que se hacía en Europa es 1860, no hoy, donde toda esa lógica está superada».