Otro estallido de violencia «okupa» en Barcelona deja 11 heridos y cuestiona la gestión de Colau

El barrio de Gracia sufre una tercera noche consecutiva de disturbios mientras la alcaldesa se niega a hacer cambios y diputados de la CUP acuden a las protestas

BarcelonaActualizado:

De nuevo, por tercera noche consecutiva, los contenedores en llamas, la algarada callejera, la violencia injustificada... Como si de celebrar un aniversario se tratase, a los dos años de los gravísimos disturbios tras el desalojo de Can Vies, Barcelona vueve a vivir un rebrote de la violencia «okupa». Un estallido de rabia antisistema que paradójicamente se produce cuando quien gobierna en la ciudad, o se sienta en el pleno municipal, como es el caso de los ediles de la CUP, se han mostrado cómplices y cercanos, cuando no directamente integrantes, del colectivo «squatter» barcelonés.

Esta noche, una persona ha sido detenida y otras 11 han precisado la asistencia de los servicios sanitarios del Sistema de Emergencias Médicas (SEM), entre ellas seis agentes de los Mossos d'Esquadra, y varios periodistas, que han resultado heridos leves al recibir impactos de porra durante los disturbios en el barrio de Gràcia por tercera noche consecutiva tras el desalojo el lunes del 'Banc Expropiat'.

Según ha informado la policía catalana este jueves a Europa Press, se han quemado y volcado varios contenedores para usarlos como barricadas, tres cajeros han quedado calcinados, se han roto los escaparates de una tienda de deporte y una de telefonía y se ha saqueado una entidad bancaria de la plaza del Diamant

Pese a la indignación vecinal y mientras en el barrio aún humeaban la docena de contenedores quemados tras una segunda noche de altercados, la alcaldesa Ada Colau, a cuyo gobierno se integró ayer el PSC, se felicitaba por cómo el Consistorio está gestionando el área de seguridad -directamente bajo su responsabilidad- y no consideraba necesario nombrar a un responsable o concejal específico para el sector. Mientras, arreciaban las críticas en todos los ámbitos, desde partidos políticos a colectivos vecinales, por lo que se considera una actitud históricamente condescendiente con el colectivo «okupa».

Las manifestaciones de Colau se producían tras una segunda noche de disturbios, menos virulentos que los del lunes -cuando se llegó a volcar un coche y se quemó un camión de la limpieza-, pero que volvieron a demostrar que la llama violenta sigue prendida. Los «okupas» se muestran crecidos y ayer anunciaron que no renuncian a volver al llamado «banco expropiado», la oficina bancaria de donde fueron desalojados. El martes, y antes de una nueva intervención de los Mossos d’Esquadra, «reokuparon» momentáneamente el espacio.

Dos agentes heridos

Anoche se convocaron nuevas manifestaciones en la misma zona, en las que participaron dos diputadas de la CUP en el Parlament, Eulàlia Reguant y Mireia Vehí. Esta vez, el operativo policial impidió a los manifestantes alcanzar la antigua sucursal. Sin embargo, tras finalizar la movilización principal grupos de antisistema incendiaron contenedores y cajeros automáticos. Además provocaron daños en marquesinas, vehículos y escaparates. Los Mossos cargaron contra los manifestantes a partir de las 22.30 h., al formarse las primeras barricadas en la calle Gran de Gracia. Al cierre de esta edición continuaban los disturbios protagonizados por medio millar de individuos, algunos encapuchados y con mochilas cargadas con piedras. Dos mossos resultaron heridos, al igual que cuatro manifestantes. Los agentes detuvieron a una persona.

Esta vez localizados en el barrio de Gracia, durante años foco de disturbios durante sus fiestas de verano, el episodio de violencia «okupa» es el primer incendio importante en seguridad al que debe hacer frente Colau . No obstante, y en lo que es una peculiaridad de la política catalana, la capacidad de influencia de la CUP -estos sí directamente jaleadores de la algarada callejera- permiten a la alcaldesa, y por extensión a la «nueva izquierda», presentarse, hasta cierto punto, desde una posición de centralidad, más ahora tras el acuerdo para gobernar junto al PSC.

Al mismo argumento contribuye el hecho de que Colau hasta puede alegar que fue ella quien les cortó el grifo a los «okupas» de Gracia, no en vano fue el anterior ayuntamiento presidido por Xavier Trias (CiU) el que, asustado y para evitar un nuevo episiodio como el Can Vies, estuvo pagando el alquiler del local «okupado».

La intervención de los Mossos d’Esquadra en Gracia, solo cuestionada por la CUP, centró el grueso de la comparecencia del director de la Policía autonómica en la comisión de Seguridad del Parlament. Albert Batlle, un experimentado político vinculado al PSC y ahora alto cargo en el ejecutivo de JpS, defendió la actuación policial y anunció que los Mossos no permitirán la «reokupación» del local desalojado. Con vehemencia, y después de que la diputada de la CUP, Mireia Vehí, definiese la actuación de los Mossos como «violenta, brutal y descontrolada», Batlle le replicó: «Lo único violento, brutal y descontrolado es la actuación de la gente a la que usted está amparando con sus palabras».

Las reacciones llegaron desde todos los ámbitos políticos. Mientras los grupos de CiU y del PP en el Consistorio exigen que Colau designe ya a un responsable de seguridad, el ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández, avisaba de que «gobernar apoyado en extremistas y radicales» lleva a situaciones como las de Gracia. Una lección dijo, que sirve para Barcelona, Cataluña y el conjunto de España. «Que un gobierno como la Generalitat, que tiene competencias tan importantes y gestiona el autogobierno de Cataluña y un presupuesto tan importante dependa de un partido como la CUP es insostenible».