Cataluña - Barcelona

Los disturbios de Gràcia sacuden el fantasma de Can Vies

El desalojo del «banco expropiado» llega justo dos años después de que Barcelona viviera su peor crisis con los «okupas» en el barrio de Sants

Los altercados en Sants duraron una semana
Los altercados en Sants duraron una semana - INÉS BAUCELLS

El azar ha querido situar el último episodio de violencia callejera en Barcelona, a raíz del desalojo del «Banco Expropiado», justo dos años después de los peores disturbios vividos en la última década en la ciudad. Si entonces el conflicto le estalló en las manos al alcalde convergente Xavier Trias, esta vez ha sido la alcaldesa Colau la que se ha encontrado con el conflicto con el colectivo okupa.

Mañana se cumplirán dos años del desalojo del centro social «okupado» de Can Vies en Barcelona, que puso contra las cuerdas a Trias. En ese caso, a diferencia del de esta semana en Gràcia, el desalojo de Can Vies se efectuó por cuestiones de seguridad, ya que la estructura del inmueble peligraba. Además, el edificio de Sants, que llevaba más de diez años okupado, era de propiedad municipal, en concreto de TMB.

Los disturbios de entonces se prolongaron durante casi una semana, en la que noche tras noche se convocaron actos de repulsa al desalojo y se terminaron produciendo serios altercados, con centenares de contenedores quemados, decenas de detenidos y centenares de contusionados. Las protestas además se fueron extendiendo a otros barrios, en donde también se trasladaban los episodios violentos. Una de las imágenes de la rebelión callejera fue, sin duda, el incendio de la máquina excavadora que tenía que ejecutar el derribo, que terminó inutilizada frente al inmueble. Los miembros del colectivo okupa llenaron de flores la excavadora, en señal de repulsa por el desalojo.

Can Vies llevaba unos veinte años «okupado» y se había convertido en un espacio social más para buena parte del barrio. La poca contundencia del entonces gobierno municipal de CiU no consiguió parar los disturbios hasta que cuatro días después del proceso de desalojo, y a medio derribo, decició paralizar el derrumbe del edificio para «favorecer un clima de diálogo» con el colectivo.

Tras esto, muchos vecinos se organizaron para reconstruir el centro, con cadenas humanas para transportar material de obra necesario e incluso comidas populares para todos los voluntarios. Ahora, dos años después, el centro social vuelve a estar en marcha, casi como si hace dos años no hubiera sucedido nada.

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