Sergi Doria - SPECTATOR IN BARCINO

Vamos a contar verdades

Las revoluciones acaban mal. Enorgullecerse de una revolución es tan absurdo como enorgullecerse de una apendicitis, ironizaba Camus

Sergi Doria
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Ironías del destino. Facebook -¿les suena el robo de datos personales de Cambridge Analityca?- alquila ocho plantas de la Torre Glòries para combatir las noticias falsas en la red. ¿Verdades en la ciudad donde se proclamó la República de mentira? Si se ponen a buscar “fake news” autóctonas, los de la Torre no darán abasto.

El espíritu de “Bienvenido Mr. Marshall” -en este caso, “Bienvenido Mr. Zuckerberg”- impregna ahora las declaraciones de quienes despreciaban todo lo que olía a globalización. Nuestro ayuntamiento agradece que esta “industria de la verdad” ocupe una parte de los miles de metros que había de ocupar la Agencia del Medicamento. Después de tanto fiasco, se congratulan de que Mr. Zuckerberg haya escogido una ciudad “abierta, tolerante y respetuosa con la verdad”.

En el Born, Zona Cero de la mistificación histórica, el Comisionado de Programas de Memoria -orwelliana denominación- conmemora los hechos de mayo del 68: “No es una reivindicación nostálgica de un periodo pasado, ni de un homenaje pacificador que oculte su realidad de violencia, éxitos y fracasos. El gobierno municipal pretende revisitar y repensar la radicalidad de aquellos gestos vinculándolos al tiempo actual”, anuncia el programa.

¿El tiempo actual? Van para cincuenta los muertos en Nicaragua tras las matanzas de Daniel Ortega, aquel apóstol del sandinismo reconvertido hoy -en compañía de su esposa y familia- en amo demoníaco de las vidas y haciendas de su pueblo. El revolucionario del FSLN que derrocó a Somoza ha instaurado otra dinastía criminal cuatro décadas después. A estas horas, que sepamos, no ha habido un solo acto para denunciar los muertos de Ortega: en su mayoría, menores de 25 años que cursaban estudios de secundaria o universitarios. A diferencia de las -¿900? ¿1000?- fake-víctimas sin parte médico del 1-O que algunos comparan con los mártires de la fe, las víctimas del dictador tienen cara, nombre y apellidos. Al periodista Ángel Eduardo Gahona, le dispararon mientras captaba imágenes de la masacre. La revuelta de los pobres deja en evidencia el frívolo victimismo de la Cataluña rica.

Las revoluciones acaban mal. Enorgullecerse de una revolución es tan absurdo como enorgullecerse de una apendicitis, ironizaba Camus. En el 68 hubo movida en Berkeley, en París y en Praga; las dos primeras molaron mucho al pijoprogresismo barcelonés... La tercera, no tanto. Cuestionar el comunismo equivalía a hacerle el caldo gordo al franquismo y así no se ligaba en la facultad.

Para calibrar hasta qué punto la mentira del “socialismo real” pudo más que la verdad que no tenía remedio, el hostil recibimiento que los hijos del 68 dieron a Solzhenitsin cuando llegó a España en 1976 con su “Archipiélago Gulag”. Sirva de homenaje a José María Iñigo recordar que fue el único que brindó al público español una entrevista con el escritor ruso en el “Directísimo” del 20 de marzo de 1976. El efecto de las opiniones de Solzhenitsin queda reflejado en este fragmento de Juan Benet en Cuadernos para el Diálogo: “Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexander Solzhenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexander Solzhenitsin no puedan salir de ellos... Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas -cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo- busquen la manera de librarse de semejante peste”.

Así pensaba la izquierda que negaba la verdad del Gulag. La estulticia del 68 alcanzó cotas siniestras: los botarates de la Sorbona -donde por cierto estudió el genocida Pol Pot- fardaban de leer el Libro Rojo de Mao mientras el Gran Timonel masacraba a las clases ilustradas de su país con la siniestra Revolución Cultural. Lean “Balzac y la joven costurera china” de Dai Sijie o “Pekín en coma” de Ma Jian. Calibrarán la inmoralidad de la “gauche caviar” que admiraba al Che y los ignaros Guardias Rojos.

En el Born se hablará de las propuestas educativas del 68 y su “capacidad transformadora”; de “revolucionar nuestra sociedad desde la desobediencia”, con Pisarello de estrella invitada; de la Universidad de Berkeley y, claro está, del 68 francés y sus consecuencias. Como el programa se ha de prolongar hasta el otoño, esperamos que se aborde la verdadera revolución del 68, la de Praga.... ¿Leerán a Vaclav Havel o el “Rock n'roll de Tom Stoppard? ¿Se hablará del hippismo pervertido de Manson, la banda Baader Meinhof, las Brigadas Rojas y la ETA que mató por primera vez en junio del 68? Esperemos que la ciudad de la “industria de la verdad” sea realmente abierta y su Comisionado de Programas de Memoria recuerde a -todos- los que sufrieron el castillo de Montjuïc y la Modelo en los años republicanos. Lo demás son esas “fake news” que dice combatir Mr. Zuckerberg en su Torre de la Verdad.

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