Sergio Caballero posa junto a una de las sesiones gráficas que hizo con Maradona
Sergio Caballero posa junto a una de las sesiones gráficas que hizo con Maradona - EFE
Festivales

Cuando una imagen vale más que mil redobles de tambor

La exposición «Ni flyers ni pósters» repasa los 25 años de imagen gráfica del festival barcelonés

BARCELONAActualizado:

En 2002, cuando el festival ya se había transformado en un auténtico coloso de la música electrónica, los responsables del Sónar pensaron que sería buena idea reclutar a Maradonapara que se convirtiese en imagen gráfica del festival. Era el año del Mundial, así que nadie mejor que el astro argentino, equivalente balompédico al rock and roll way of life, para ilustrar el crecimiento de una cita que acababa de rubricar con éxito la mudanza de su facción nocturna a L’Hospitalet.

«Una cosa que se podía haber resuelto en una mañana duró una semana», recuerda Sergio Caballero, codirector del festival responsable de la imagen gráfica y encargado de viajar a un spa de México para coordinar unas sesiones fotográficas que se eternizaron hasta lo indecible. «Empezábamos y de pronto venía un helicóptero y se lo llevaba para asistir a un programa de televisión. Sus horarios eran imposibles. Estábamos disparando, nos pedía permiso para ir al baño y ya no volvía», explica.

Reconstrucción de la imagen gráfica del año 2000
Reconstrucción de la imagen gráfica del año 2000 - EFE

Al final, y después de una semana conviviendo con el séquito del futbolista, Caballero encontró lo que andaba buscando y en junio de ese mismo año un sonriente Maradona saludaba desde los carteles promocionales enfundado en una camiseta del festival. «Nunca sabes a dónde te va a llevar la imagen del Sónar», sospesa el también artista plástico. A él, sin ir más lejos, le llevó México a conocer a Maradona, sí, pero también también a Televisión Española para participar en el concurso «Salvemos Eurovisión» -sí, el del Chikilicuatre- convertido en «La pajarraca», una suerte de ave disecada y travestida que daría imagen al festival en 2008.

Dos hitos especialmente simbólicos que no podían faltar en «Ni flyers ni pósters»,exposición que recorre en el centro de arte Tecla Sala de L’Hospitalet25 años de campañas gráficas llamativas, rompedores y casi siempre desconcertantes. Una muestra que, como la propia imagen del festival, esquiva cualquier categorización y huye de la organización temática y cronológica para proponer «un recorrido experiencial por distintas obras que evocan buena parte de la particular iconografía de Sónar». Así, la exposición hace honor a su nombre y, sin soportes previsibles a la vista, recrea a partir de 70 vídeos, esculturas, instalaciones y fotografías la memoria de un festival en constante proceso de reinvención.

Los dos fantasmas de la película «Finisterrae», imagen de 2010
Los dos fantasmas de la película «Finisterrae», imagen de 2010 - EFE

Ahí están, por ejemplo, las gemelas telequinéticas; las gogós brasileñas fotografiadas sobre fondos de los Pastorets; el perro disecado con ruedas incorporadas; los emoticonos gigantes deambulando por un paisaje nevado; los dos fantasmas salidos de la película «Finisterrae», el anuncio con el que el festival se puso a la venta en 2011 y, cómo no, El Dioni, uno de los protagonistas de la campaña dedicada en 2005 a los grandes estafadores de la historia e insólito guía que protagonizará una visita guiada el próximo sábado, 26 de mayo.

«Lo importante no es la idea, sino cómo acaba», destaca un Caballero para el que todo está anudado por temas recurrentes como «el humor, la familia, el frío y la taxidermia» y que aprovecha la exposición para recuperar algunos de sus trabajos al margen del festival como «El clamor de la humanidad me oprime… por su tumulto me veo privado del sueño», piezas que se presentó en 1993 en la Sala Montcada.

Sólo un año después, en 1994, el Sónar echó a rodar, aunque no sería hasta 1997 cuando se impuso como norma «huir de la tendencia» para buscar perspectivas diferentes y novedosas y los diseños sintéticos de ediciones anteriores dieron paso a fotografías de los padres de los directores del festival cargando con maletas de faena de célebres discjockeys.