José García Domínguez - Punto de fuga

Otro charnego agradecido José García Domínguez

Con todo su triste y al tiempo enternecedor patetismo psicológico, Pisarello encarna la variante contemporánea de un clásico local ya secular: el charnego agradecido

Leo que el concejal Pisarello encabeza la oposición a que El Born pierda un solo ápice de su condición de parque temático de la mitología sentimental separatista. Se trata del mismo Pisarello que había conseguido sus cinco minutos de gloria mediática tras forcejear al tabernario modo con Alberto Fernández para tratar de arrancar de sus manos la bandera de nuestro país. Un encendido furor militante, ese de Pisarello y su devoción por la causa del secesionismo identitario catalán, que sin duda hubiera despertado la curiosidad profesional del doctor Freud de Viena. Pues, como nadie ignora, nuestro ilustre conciudadano de origen italo-argentino obtuvo la nacionalidad española hace apenas un cuarto de hora tras solicitarla y serle concedida por los cauces administrativos reglamentarios.

Con todo su triste y al tiempo enternecedor patetismo psicológico, Pisarello encarna la variante contemporánea de un clásico local ya secular: el charnego agradecido. Así, como todos los charnegos agradecidos que aquí han sido, Pisarello también sublima por la vía de adherirse al nacionalismo más intransigente algo que interpreta como una imperdonable tara personal, lo que él cree un déficit de catalanidad genuina. Pocas figuras más íntimamente atormentadas y dignas de humana compasión como la del charnego agradecido. Al modo paradigmático de ese Pisarello, el charnego agradecido siempre destaca por mostrarse el más extremista entre los extremistas. El odio contra el idioma castellano del charnego agradecido, por ejemplo, resulta ser mucho más virulento por norma que el de sus correligionarios ideológicos. Y lo es porque el charnego agradecido, en el fondo, se odia a sí mismo. Lo que más ansiaría en este mundo el charnego agradecido sería dejar de ser quien es. Pero ese, ¡ay!, resulta un imposible metafísico. De ahí su atrabiliario desasosiego. Cuando Pisarello trata de arrancar una bandera española de manos ajenas lo que simbólicamente hace es tratar de arrancar esa parte de sí mismo que considera impura y vergonzante. Y cuando pugna por mantener la comedia de El Born, hace lo mismo. Pobre hombre. Compadecedlo.

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